Infiltrado en una conferencia de prensa

24 Julio 2008 - 6:43pm

De frente a su grupo favorito, un fanático tiene la oportunidad de la vida para lucirse con la pregunta soñada. Segundos después, sus nuevos colegas de prensa estallan en risas.

La premisa y las reglas estaban claras. Me tocaba conseguir acreditaciones para el evento musical del lustro y hacer las de periodista consagrado en el mismo. Sin embargo, no podía utilizar pata alguna o recurrir a ninguna trampa. Primero, porque patas no tengo, segundo, porque en suave, la experiencia no vale nada.

Costa Rica tiene de cara al Festival Imperial 350 medios solicitando acreditaciones. De pronto medio país es comunicador, y todos ellos quieren estar ahí.

Mi batalla con la agencia Porter Novelli inició con tanta anticipación que mi frenesí encontró pared: Estimado Don Diego, no iniciaremos acreditaciones hasta inicios de Abril. Pero llegó inicios de Abril y seguía sin respuesta. A por el pase de nuevo, y el balde de agua fría: Te escribo para comunicarte que tienes acceso a un pase de prensa para cubrir el festival.

Nada de fotógrafo. Están limitados, y no es para menos, Costa Rica tiene de cara al Festival Imperial 350 medios solicitando acreditaciones. De pronto medio país es comunicador, y todos ellos quieren estar ahí. Sucede que en tiquicia el primer requisito para ser periodista, es ser bombeta. De entrada pierdo 2-0 por no ser ni lo uno ni lo otro.

Acepto derrotado, y en franca resignación parto por mis propios medios a Vía Lindora, desde Tibás. He recibido las indicaciones generales a menos de veinticuatro horas del evento. Mientras aguardo en la sala de espera me pregunto porqué harán esperar a los comunicadores de esa forma, y porqué todos lucen como motociclistas. Ya saben, uno reconoce a los suyos.

-¿Usted viene de SoHo?
- Sí, no me diga que usted es mensajero de La Nación?

Acto seguido aquel buen hombre despliega cartas de Vuelta en U, La Nación, Viva, Al día... ¡Perfil! El monstruo de siete cabezas tenía a su propio embajador, y solamente al noob se le ocurre venir en persona.

Adentro mi sorpresa es mayúscula. Cinco acreditaciones para Vuelta en U, Cinco para Siete Estrellas, 10 para La Nación. 350 medios puede haber, pero al final importan sólo dos. De pronto me siento afortunado de estar cobijado por uno de ellos, rompo las reglas y recurro a la trampa; ¿Perfil tiene fotógrafo y SoHo no? Ni hablar, lo compartimos.

Compartimos también el transporte. Queda implícito el grado de novatada de quien escribe, incapaz de solicitar un carro por sí mismo. De camino, entre el redactor de Perfil y el chofer me ponen al tanto del mundillo periodístico y de cómo funciona. El uno, con todos los años y más de transportar y escuchar a los comunicadores. El otro, con todo el colmillo del mundo, recién llegado del Unplugged de Julieta Venegas y de ser el único centroamericano en la entrega de Premios de MTV Latino.

Tiene un contacto en Porter, y una exclusiva con Café Tacvba, mi banda favorita de la historia. Yo no tengo nada. El viene de entrevistar a Andrea Echeverri y a Juanes, yo de hablarle al gato. Él tiene una cita con Heidi Klum en una semana, yo tengo que llevar al misingo a vacunar.

Llegamos a La Guácima.

Esto es simpático, entre verificaciones y acreditaciones pasamos por cuatro controles de prensa, más nunca nos pidieron ni la cédula para corroborar nuestra identidad. Sólo puedo asumir que este oficio tiene su parte de rock star, y que se vería muy mal pedirle a Mariamalia Jacobo su identificación.

Está claro eso sí, que algunas de las chicas de 7 estrellas no estaban contentas con seguridad “Maje a mí solo me faltó que me hicieran el papanicolao”. A mí no me pusieron una mano encima, pero habría preferido la peor maceada a la imagen mental que me dejó el comentario.

Cervecería nos quiere, y nosotros la queremos de vuelta.

Hemos llegado a la sala de prensa. Resulta imposible no embriagarse en la sensación de poder. La manta que protege del sol y del polvo, los teles de plasma con imagen en vivo de la tarima, internet inalámbrica, lockers sin llave, sillas enmanteladas y chifrijo. Cervecería nos quiere, y nosotros la queremos de vuelta.

Estoy adentro, ahora solo debo pretender que soy importante, que tengo que llamar a alguien o que enviar un urgente correo con un primer reporte desde el lugar de los hechos. No me animo a exponerme a un papelón y eludo un acercamiento a cualquier computadora, todas parecen tener nombre y apellido y yo quiero mantener mi bajo perfil. Me refugio en el celular, que no da señal, pero que igual y sirve para la mímica: “Si, ya estamos por acá, nada de Incubus todavía, fatal”.

Una tras otra pasan las conferencias. El enviado de SoHo no hace pregunta alguna y se dedica a esperar con paciencia el momento del cara a cara con su grupo amado. Entonces, los anuncian, e invitan a pasar al frente.

Tomo asiento en la segunda fila, no es cuestión de ser tan obvio. Llegan. Café Tacvba luce más incómodo que French Poodle saliendo del estilista canino. Particularmente Rubén Albarrán que pasa la primera mitad del cuestionario tarareando los temas de Babasónicos, porque sí, la conferencia se celebra en medio concierto: alucinante.

Ciertamente no somos la prensa de Tokio, y frente a New York, Buenos Aires y Mexico hemos de vernos como el peor equipo del mundial. El inicio de la contienda da de inmediato la razón al cuarteto, una tras otra las preguntas batallan por ganar las categorías de más quemada, más obvia, más desubicada, menos profesional y más propensa a generar un suicido.

¿Qué se siente tocar con Incubus? ¿Cuál es tu nombre actual y porqué lo cambias siempre? En mi congoja por aquel escenario mas la inminencia de mi turno, agradezco al azar por impedir la clásica “¿Qué piensa de la mujeres ticas?”. Veo de reojo a Ariel Chávez y me lo imagino disparándola.

No le da tiempo, desde El Salvador han volado para preguntarle a Rubén por las cuzcatlecas y por las pupusas. Puedo ver su cara de desconcierto. Me consume la pena ajena y no vislumbro peor escenario que ese. Poco imaginaba la que se me venía encima.

Tembloroso, con mi voz de vieja apaleada, y para empeorar, leyendo, tomo el micrófono y me alisto para mi gran momento.

Las preguntas pueden no ser las mejores, pero estos muchachos saben entonar. Valientes, y con una proyección vocal envidiable, se les escucha una seguridad que acrecienta todos mis temores. Tembloroso, con mi voz de vieja apaleada, y para empeorar, leyendo, tomo el micrófono y me alisto para mi gran momento.

Ahí estoy, forjando un complejo y pretencioso trabalenguas que deja en descubierto el groupie que soy. Ninguno de ellos me ve a los ojos, hasta que coincido con Quique Rangel y luego de toda aquella profunda elaboración sobre el mensaje de su último trabajo le disparo: “¿Podemos entonces, recuperar la fe en los demás?”.

Silencio absoluto. Toma el micrófono con toda la seriedad del caso. Yo siento una emoción sin par desde el gol de Maradona en el mundial del 86… “”. Tal vez Quique quiso ser simpático, quizá enfático. Probablemente, sintió que en aquel monosílabo se contestaba todo.

No hizo diferencia. Las risas fueron propias, distantes, cercanas y ajenas. Yo me consumí en mi libreta y traté de disimular la desazón escribiendo su escueta respuesta tan grande como pude.

Retomando lo que dice el compañero sobre la fe”. Una última pregunta, alude a la mía, ¡Me reivindicará! O no… “Qué le dicen ustedes a esos fans que no pierden la fe de abrazarlos, besarlos, conocerlos, que rompen su chanchito para verlos”.

Es oficial. Tenemos un ganador en la categoría del suicidio. Rubén, hasta entonces ajeno, toma el micrófono y dicta cátedra:

Mejor sería que pongan su fe en algo más útil. Admirar a los artistas es como la nada, es el imaginario. A través de los medios creas un personaje, imaginas cosas, y en realidad esa persona quien sabe si es como tú crees. Todas las personas somos iguales, sin importar que hacemos o de donde venímos.”

Me sacude una epifanía. He sido un outsider durante todo este experimento, y aquel andamio de ficción me sienta ajeno, impropio. Sonrío brevemente, satisfecho con una gran respuesta que no surgió de aquella, mi gran pregunta.

La conferencia concluye, y me imagino como en un capítulo de los Transformers, donde todos aprenden una valiosa lección al final. Una vez más, estoy equivocado. Tan pronto Café Tacvba se puso de pie, las sillas se vaciaron, y mis colegas se abalanzaron sobre ellos en busca de autógrafos y fotos.

Sentado en solitario en la 4b, me pregunto si alguno de ellos llegó por lo menos a apuntar las palabras de Rubén. Tal vez si las reproducen, alguno de sus lectores sí las comprenda.

Muy bien por Diego, siempre pasa, hay errores de pollo, pero vas a ver que estas experiencias van a ir mejorando.

Por lo menos tenés un buen cuento que contar (y te da el maní para redactarlo de manera elocuente)

Excelente narración, me metio de lleno en la escena.
Cuantos periodistas estaban en la conferencia? y cuantos tuvieron oportunidad de preguntar?

me encantó.

Re-lindo! Es como hacer realidad lo que uno como lector o televidente a veces piensa: 'Como desperdician las oportunidades y que les preguntaria yo de ser uno de ellos'. Puede que no sea tan facil. Al final dio el material necesario de una u otra manera.

Excelente. Creo que lo rescatable es que su intencion no fue en ningun momento hacer una pregunta vacia que no llevara a nada mas que a una respuesta quemada o comunmente aceptada. Simplemente quizo sembrar algo mas, hasta donde leo. Y eso es lo importante al fin. Si la respuesta fue escueta, si no fue la mejor pregunta, si los maes de cafe tacuba les gusto o no, creo que pasa a un segundo plano.

Para mi un buen periodista tratara siempre de hacer que algo se genere en la cabeza de los lectores, no simplemente lograr que sus articulos sean elogiados por la mayoria.

q bonito, diego. me transportaste al horrible mariposero que se le hace a uno en la panza cuando tiene que lanzar una pregunta en una conferencia de alguien importante. cómo preguntarlo para que suene mejor, qué van a pensar los demás de mi pregunta, se entenderá bien si lo digo así o mejor la cambio... y todo eso sudando!!

pero lo que más me gustó fue la respuesta. qué sincera y hermosa humildad. sólo por eso valió estar ahí, imagino, gracias por contarnos Smile

Hasta que estoy acongojado por toda la odisea para llegar a donde llegó.

Hay que ver las cosas por quien vienen y de el momento.

Café Tacvba no es un grupo que se considere charralero o chabacano.Esa respuesta fué honesta, ese "Sí" quizo decir un montón de cosas más. Que los superficiales periodistas no se hayan dado cuenta, pues no es su culpa.

La pregunta estuvo bien planteada, la pudieron responder de varias maneras, pero se escogió la manera más simple por el contexto, estaba en una conferencia de prensa, no en una entrevista.

lloré un poco de la emoción de pensar qué haría yo si tuviera a mi grupo favorito al frente y sólo pudiera hacer una pregunta... me temblaría tanto la voz que probablemente me tendrían que hacer repetir la pregunta y la segunda vez me saldría en un tono aún más bajo!

excelente artículo Smile lo amé

Muy pintoresco tu articulo Diego, Usted tiene ese toque - capturas el lector desde primer reglon...

Exelente.

I want to read more...

Que tuanis! El texto es genial! Me reí y todo con los chistes! Hasta me sentí apenado y hasta identificado con lo del celular sin señal para evitar broncas! jajaja

Diego tenes pase de prensa para esta nueva presentación?

Excelente sería una segunda parte, una secuela.

Por cierto, no has intentado enviarles un mensaje para que lean este artículo?

Por ahí preguntaron lo mismo en la reseña del sino.

Nos quedaremos con las ganas. En otra será.

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