Ay mamá.
Antes de proceder con la reseña, hago la necesaria rectificación para que no se adelanten a pensar que esto será una segunda diatriba contra el Twitter. Nada de eso, como le dije a Cambronero y a Pauly, acepto mi derrota. El pájaro y Facebook probaron que a pesar de sus problemas emocionales son bolas de nieve cuyas dimensiones ya solo son superadas por China y la India, según aprendimos durante esta extensa jornada.
Son las ocho de la mañana y el Hotel Intercontinental huele sobre todo, a yuppie. Notables carteles anunciando la Cumbre del Futuro van dirigiendo a una flora y fauna acorde a la biodiversidad presupuestada:
- Bellas mujeres (de las de verdad, no de las surreales que sostienen botellas, sonrisas y siliconas en franca sincronía para la foto) entregando gafetes y custodiando las puertas.
- Digna representación de gorditos calvos iPhone en mano. Ni uno de ellos tiene idea de como hacerle el jailbreak pero todos se las ingenian para tener fotos de "la doña" y la querida sin que la primera se de cuenta. Están convencidos de que son unos monstruos de la tecnología y de que hoy saldrán con un phd en "como vender tarjetas de crédito desde mi iPhone".
- Luis Ortiz, por supuesto... Luis Ortiz, "especialista en YouTube".
- Suficientes publicistas y periodistas como para dejar al país sin prensa y sin pauta por un par de días en caso de bomba y...
- El futuro Presidente de la República.
Ha llegado tanta gente como cabe en este sitio y un poco más, no alcanzan las sillas ni los auriculares, tampoco el presupuesto para el aire acondicionado. La clave de que el calor no es imaginario la dan los tuits al respecto y los tanques de agua helada vacíos, pero sobre todo, una escena que no recordaba desde las tardes de partido en el Rafael Ángel Camacho: una elegante dama que renuncia al glamour y se abanica con el primer papel que tiene a mano.
Un cálculo poco educado me lleva a concluir que podrían haber más de 500 personas en el salón. Antes de arrancar, en el rubro de asistencia la Cumbre del Futuro ha sido un éxito. Tomo asiento en la última fila, buscando la silla más cercana a la puerta siguiendo fielmente mi principio de supervivencia básica. No me sale muy bien la movida pues sigue llegando gente e improvisan otra hilera detrás. Otros, resignados, quedan de pie. Yo no pierdo de vista la puerta, que no se diga que un #temblorcr acabó con mis huesos.
Hay varios elementos (valores, llamémoslos) que han caracterizado a 89dB y forman parte de su columna vertebral. Probar que se puede hacer periodismo de calidad en tenis es uno de ellos, caer mal por no respetar la tangente light criolla, otro.
Así es como hemos llegado a la Cumbre del Futuro, en tenis y con una barba que no tiene mucho que envidiarle a la madre de la irreverencia. Hay que decirlo, nadie (naturalmente) invitó a 89dB, entramos de carambola, como producto de esa eterna gestión de agente doble a la cual cada vez estamos más que acostumbrados.
No hacemos berrinche (particularmente yo, que no tenía interés alguno en este evento), pero no deja de llamar la atención que se nos ignore. Hacen mal muchachos (hola Evenpro), no tiene sentido obviar que a) igualmente estaremos aquí de una u otra forma (y no cientocincuenta mil colones mediante) b) somos uno de los cinco medios de comunicación más visitados del país. Lo que es más, de los cinco, fuimos el primero en incorporar todos los valores de los que parte la conferencia en cuestión, particularmente el de comunidad.
Ese futuro social del que tanto se habló hoy, ese sentido de sinergia, de colaboración, de lealtad, esa es precisamente la escencia de 89dB. Ahora bien, no se trata tanto de que hayamos descubierto el agua tibia (¿qué van a decir en esta conferencia que no sepamos ya nosotros y nuestros lectores?) sino de que la hemos hecho funcionar. Lo más simpático del caso: con presupuesto cero.
Partiendo siempre de estos principios que (se suponía) hoy discutiríamos es que hemos ido abriendo puertas para quienes quieran compartir su trabajo o sus ideas dentro de esta ventana que hemos creado, llámese columnistas, llámese bandas editando su entrada en el wiki, llámense fotógrafos organizando un concurso interno, etc.

Esa sinergia, como decía, es la clave de 89dB. ¿Adónde quiero llegar con esta parla hedionda? Mientras escucho a Dom Sagolla dando una charla digna de cualquier estudiante de comunicación colectiva con acceso a internet, no puedo dejar de pensar en todo esto y en cómo ese tipo de elementos son los que deberían discutirse en estas conferencias, y no, digamos, cuantos tuits per cápita tiene Somalia.
Despilfarramos (no hay otra forma de verlo) dinero en vez de invertirlo dónde y cómo deberíamos porque no terminamos de entender que el término comunidad no significa sembrar papas en una granja virtual. Comunidad, señores, es crear entre todos una población más informada, más crítica, más culta y más educada.
Sin embargo, buena parte de los gerentes y publicistas aquí presentes (entusiastas del "Simón dice" al que referiré más adelante en el anecdotario) no están realmente interesados en qué pueden ofrecerle a la comunidad, sino en qué pueden obtener de ella. Es precisamente por este motivo que escuchan "Facebook" o "Twitter" y se mean en los pantalones "¡ahí esta la plata!, ¡ahí está el futuro!". Qué tristeza...
Temprano, mientras escribía, este salón de eventos era, en palabras de un gran colega, un plato de babas. Yo ya sabía qué esperar, pero no deja de llamarme la atención el escenario. Ahí están por cientos, apuntando los datos del crecimiento de Twitter en República Dominicana y sonriendo orgullosos cuando Sagolla (a mi criterio un mercenario oportunista y nada más) menciona que nuestra presidenta tiene pajarito y ella misma lo alimenta. ¡Qué cargas que somos en Costa Rica!
A medida que pasan las horas, sin embargo, merma el entusiasmo. Sagolla no hace por dónde decir algo que no sepa ya el más básico de los asistentes y el café de media mañana nunca llegó como para rescatarnos del estupor. Pero... no pasemos todavía al fondo de la charla, disfrutemos primero de un sabroso entremés...

1. La mitad de los datos desplegados en pantalla estaban incompletos debido a que nadie era capaz de arreglar el proyector... Sagolla: "este...ejem, ahí abajo debería salir Venezuela".
2. No había acceso "gratuito" a internet. Entrecomillo porque no solo partimos de que hoy por hoy cualquier conferencia debería ofrecerlo, sino porque esto aplica especialmente a una que se titula Cumbre del Futuro y por la cual cada asistente pagó ciento cincuenta mil colones. El asombro fue generalizado cuando se anunció que el Wi-Fi tendría un valor de $8 por 4 horas. Ni siquiera un bonito combo para todo el día, no, no, vaya y renueve cuando se quede sin gas por otros $8. Yo, perplejo, volví a ver a todo lado a la espera de que saliera el gordo de Cámara Escondida, pero no, no era una broma.
3. El futuro es caro, ya lo sabemos, pero lo es más de lo que usted imagina. Una ensalada y un sanguche cuestan, por ejemplo, seis mil colones. Los asistentes, en su gran mayoría gente del presente, prefirieron cruzar la calle y almorzar una comida todo terreno por la mitad de precio.
4. En el futuro las preguntas al panel se envían en papelito. El tipo dando la conferencia podrá ser el cocreador número treinta y siete de tuiter, pero cada quien tuvo que cuadrarse a puño y lapicero para hacer su consulta.
5. En el futuro cuando se va el fluído eléctrico en media conferencia no hay planta que salve la tanda. En medio de los truenos el salón quedó a oscuras y Dave Morin con la palabra en la boca. "Vaya, esto es inusual" dijo el gringo. ¡Plop!
Volvamos a la charla pues, Sagolla habla del impacto de Tuiter para dar a conocer noticias de última hora en tiempo real. Mientras la gente pela los ojos como sandías anfetaminizadas y yo me pregunto... ¿Será que algún día esto dejará de impresionarnos?
Hace trece años ya, sí, trece, en plena adolescencia de este servidor, murió la princesa Diana. Por aquel entonces, un puberto no podía ni soñar con píxeles en movimiento cortesía de la tecnología flash, sino que tenía que esperar minutos para poder ver la misma pinche fotografía de las tetas de Ana Nicole Smith (que Dios te tenga por siempre en su gloria) mientras terminaba de cargar en el glorioso multi chat de Uruguay (que Dios también lo tenga en su gloria).
Pues bien, muere la princesa y en vez de una peliroja con caderas de ensueño, un usuario posteó un mensaje al que código mediante otorgó un tamaño enorme y un siempre llamativo color rojo: "Muere la princesa Diana en París tras un trágico accidente de tránsito".
Salí corriendo, subí las gradas, y le dije a mis viejos que pusieran el CNN. Minutos después apenas estaban iniciando la transmisión especial, sabe el Señor a qué horas de la noche, dedicándose por completo a la cobertura de la triste noticia que enlutaría a toda la Gran Bretaña.
Hace trece años sí (en la era digital esto equivale a dos siglos), me llamó la atención cómo las noticias empezaban a llegar primero por la web que por la tele. ¿Tendremos que esperar a la Tercera Guerra Mundial para que esto deje de impresionarnos? ¿Cuántos terremotos más hasta que entendamos que sí, que la primera fuente de información es la web, y que el medio más ágil para conducirla es en efecto Twitter?

Señores, el avión de Hudson cayó ya hace año y medio, pasemos la página por amor de Dios. Pero que va, ¿cómo vamos a pasar la página con conferencias así? Quiero decir, cuando Dave Morin nos dice "¿No les parece increíble que Wyclef Jean pueda compartir su música acústica por Facebook directamente? ¿No es asombroso como ya no necesitamos los medios tradicionales para distribuir la música?".
Claro amigo, fue muy impresionante hace más de una década, cuando Lars Ullrich armó un berrinchito al respecto. Estoy incrédulo. Aquí estamos, escuchando a este hombre contarnos todo lo que podemos hacer con Facebook. ¿Podemos ver los intereses de los demás? Nombre, qué va, ¡muchas gracias por contarnos!
Se me tacha de pesimista pero cuando comparo las caras de la entusiasta (¿inocente?) audiencia en la mañana con los picheles de la tarde no queda de otra que reconocerlo, a veces, nos sobran los motivos.
No es arrogancia, es sentido común. De pronto para los amigos del iPhone con la película de Debby Does Dallas (historia real, lo juro) pudo ser maravilloso que les contaran cómo funcionan los comentarios y el botón de "me gusta" en facebook, pero puedo asegurarles que a una gran mayoría de los asistentes no les hizo mucha gracia.
Como dije, no esperaba más, pero ciertamente no me habría molestado disfrutar de dos presentaciones dignas de un futuro más o menos cercano, debidamente preparadas con algo más interesante que pantallazos que bien pude secuenciar yo usando Paint y Power Point. Salvo dos videos corporativos que seguramente están disponibles en YouTube las presentaciones no distaron mucho de cualquier exposición a punta de filminas en la más amarilla pared de la UCR.
Es decir, no hubo atractivo ni en forma ni en fondo. Conferencias planas, lineales, predecibles, de nivel académico básico y muy, muy aburridas. Lo juro que aprendí más de Facebook en el memorable capítulo de South Park.
Al final del día, otro trago amargo para los asistentes, los certificados de participación no estaban disponibles. Tendrán que ir a recogerlos la próxima semana a recepción del Hotel Intercontinental, en horas de oficina por supuesto. Quien escribe prescindirá del título, que seguro otros verán como un gran plus curricular. En lo que a mí respecta le doy mucho más peso e importancia al último cartón que recibí no hace más de dos semanas:

- Sagolla la sacó del estadio con una dinámica prescolar que rápido envejeció. "Levante la mano si usted es escritor". "Levante la mano si usted es mujer". "Levante la mano si usted es publicista". Algunos, sorprendentemente, levantaban una y otra vez. Yo les digo: levante la mano si usted es mayor de edad y cae en una de estas dos categorías a) es fanático de "Simón dice" y le encanta seguir órdenes de un tipo al que usted le está pagando... b) quiere que toda la audiencia sepa que usted tiene su propia empresa, o su propio iPhone.
- Los usuarios de tuiter especulando con cómo luciría físicamente la traductora de la voz sexy. No estaban prestando atención ni a la charla (no hay cómo culparlos), ni a su entorno, pues la gordita no estaba muy escondida que digamos. De todos modos los dejó como locos.
- Dave Morin: "Esta es una foto de internet". Gracias amigo, aunque te cueste creerlo, la hemos visto mil veces y tu sonrisa entusiasta no la hace más interesante que hace diez años.
- Cuando nos quedamos a oscuras aquello fue trágico porque hasta la traductora cayó herida en batalla. De súbito todos los auriculares sintonizaron una ranchera cuya autoría todavía seguimos tratando de determinar.
- Dave Morin hablaba de Wyclef Jean cuando Yuri cantó el apagón. ¿Qué cosas sucedieron? Pues decenas aprovecharon para ir a pedirle un autógrafo al hombre. Ay Virgencita... ampárame en tu lecho.
- Walter Campos (presentador oficial) tomó una muy mala decisión. El pobre consideró oportuno dar los anuncios finales tanto en inglés como en español. Esto se tradujo en una doble silbatina, primero, cuando explicó en gringo criollo que no habría certificados y de nueva cuenta cuando repitió la información en castellano.
- La triple ironía: nunca en la vida he ganado nada. Me retiro de la conferencia una vez que finaliza y resulta que me anuncian como ganador de uno de los libros de Sagolla. Por supuesto, lo vuelven a rifar y lo pierdo. Como quien dice, me salvé. Nada de eso muchachos, ya me lo habían regalado ayer. ¡plop!
- Me la perdí: reportan los tuiteros que el anunciado iPod Touch de consuelo terminó siendo un Shuffle. ¿Hace falta colocar otro plop?































