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Mauricio Orellana: "Ciudad de Alado"

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Cuando pienso en El Salvador lo primero que se me viene a la mente es el Mágico Gonzales y el empate que nos sacaron en el Estadio Saprissa rumbo a Francia 98. Aún hoy día me lamento. Luego y cómo no, las pupusas y Denzel Washington en un día de entrenamiento con Ethan Hawke. Palabra, según recuerdo la película presentaba a barras mexicanas disputándose territorio, ajá, sí, con los salvadoreños.

Pese a que forma parte de nuestro istmo muy poco sabemos de El Salvador. Me refiero, naturalmente, a la gran mayoría de “tiquillos”, como nos llaman en el resto de Centroamérica con justa o injusta razón, no estamos en el momento adecuado para discutir eso, como ya sabrán.

En Ciudad Alado El Salvador va más allá del Monseñor Romero y casi nos lleva a darnos la mano con el maravilloso Roque Dalton. Por esa razón este trabajo de Mauricio Orellana-Suarez resultó para mí una novela fresca, es decir, alejada de esas secuelas sociales que durante muchos años marcaron la literatura de la región, constantemente presentando obras derivadas de las distintas revoluciones y sus consecuencias.

En Ciudad de Alado, a San Salvador la vemos como una ciudad que se lame las heridas, una urbe activa por la noche, llena de diversión y de retos (además de su conocida violencia), donde lo prohibido está en cada esquina, y eso Alado –personaje que da título a esta novela- lo sabe; un ser oscuro pero asimismo libre, adicto a las sutiles líneas entre lo prohibido y lo permitido.

Alado escribe poemas que le vende a su madre solo para obtener dinero que a la postre invertirá, si cabe el término, en el consumo de drogas y el alquiler del departamento que comparte, en una relación hemofílica, con Manuel. En este último encontramos el otro eje y personaje central de esta novela quien nos cuenta de Aladoa través de su visión metafísica y un tanto conservadora. Manuel parece ser la consciencia que Alado dejó en alguna discoteca electrónica; con Alado Manuel conoce –y Orellana-Suarez nos hace conocer- otras vertientes y realidades de San Salvador y de sus principales barrios, de la clase alta y de la más baja.

OrellanaManuel interioriza el comportamiento desenfadado de Alado, no obstante nunca jamás podría (ni querría) ser como él. La relación que ambos tienen, mas allá de un vínculo de amistad, es un ligamen de maestro-alumno, entablado en un marco de atracción homoerótica, donde dos mundos se enfrentan: aquel que le hace el amor a la vida sin condón y aquel que prefiere girarla en un universo más racional.

Durante la lectura de la novela no cabe duda de que Mauricio Orellana-Saurez consultó su libro interno (como decía Proust) al escribirla. Así lo constaté cuando me lo confesó él mismo, esta ha sido la novela que más disfrutó escribiendo y de verdad se nota.

No importa si Manuel está ebrio, drogado o extasiado tras el coito, como sea que lo encuentre el azar Mauricio saca siempre conclusiones acertadas desde el más fino humor cómplice, ese mismo que delicadamente burbujea entre las líneas de la novela. Me aventuro a decir que el autor posee un poco de todo lo que transmite la obra, desde el humor negro referido hasta las características natas del protagonista, un libre pensador comprometido solo con sí mismo.

Pese a que Ciudad de Alado es una novela desarrollada en la urbe, no tiene aspectos profundos de ella ni nos evoca a los beats o a la novela gringa de realismo negro, esto debido a que Orellana-Suarez prefiere describir las ciudades y estadios internos de sus personajes que la ciudad per sé. Ahora bien, esto no implica que no lo haga del todo... sin caer en el enanismo que padecemos en esta zona, el autor describe las calles y avenidas de San Salvador tal cual las conoce, obviando toda ínfula europea típica de tantos escritores de nuestra región.

Esta es una novela escrita con una prosa cuidada y donde las disgregaciones filosóficas son herramientas que el autor nivela con las acciones más populares y mundanas de Alado, brindando así al lector un espectro rico y balanceado de un escritor que desde ya se se tiene que leer con atención y admiración.

*: Orellana-Suarez estuvo de paso gracias a la Feria del Libro, donde este servidor presentó precisamente este libro, hasta pena me da decirlo.