De por qué somos un pueblo egoísta. Y por alguna razón, nos parece que tenemos un derecho sagrado a serlo.
Ah, Shakira. Si Michael Jackson fue mi referente masculino ella fue, es y será, mi referente femenino. Sí sí, dije Shakira. No dije Janis Joplin, no dije Karen Carpenter, diablos, ¡no dije Madonna! Ni siquiera Alanis, que a mis 16 me regaló el disco de rock femenino más pateaculos de la vida. No no, prescindo de todas las elecciones "políticamente correctas".
Paso de quedar como un connaisseur con street cred citando a Patti Smith. Me pierdo de la oportunidad de ser un carajo interesante jurándole devoción a Róisín Murphy mientras acomodo mis gafas de pasta, incluso fallo a mi generación al no rendirle debido tributo a Shirley Manson, diosa escocesa donde la haya. Al carajo con Beth Gibbons y con Emily Haines, mi mujer es Shakira...
Vale, miento; la diva de divas tatuada en mi espalda es Debbie Harry, pero necesitaba atrapar su atención desde el inicio, porque señores, por más que estén convencidos de que lo más cool es odiar a Shakira y lo más polo es amarla, me toca decirles que lo que es polo en realidad es señalar a los demás por la música que escuchan y juzgar sus gustos porque distan de los nuestros.
Con la obvia excepción de Ricardo Arjona (vamos, es una broma) resulta incomprensible el afán de tantos por evangelizar a los demás con el fin de alejarlos de la perdición musical que implica escuchar a uno u otro artista "no cool". Es como si en algún lugar desconocido se escondiera un manual secreto que indica que es lo máximo ser fanático de Pink Floyd, pero que hay que dar muerte al Rookie. ¿Cuál es el problema con que la gente matice otra música? ¿Por qué nos molesta tanto?
Hace un par de meses un buen amigo me dijo que ya se sabía quién vendría a inaugurar el nuevo Estadio Nacional: Shaki (así le decimos en confianza sus devotos). Debido al parentesco de mi colega con un funcionario de altas esferas involucradas en el financiamiento del concierto, le puse la firma a la visita de la colombiana, a la espera, nada más, de una confirmación oficial. Estamos claros, esta última todavía no ha llegado, pero ya el primer bombazo llegó este lunes fusil mediante.
Mi estimado colega lo resumió en "Qué congoja" y yo lo resumo en "¿Qué fue aquello?". Más allá de que Cristian evidentemente no es fan (¡te la pierdes, carajo!), la reacción generalizada, tanto en su blog como en Facebook, ha trascendido cualquier congoja: ¡llueve el odio! Aquí mismo en 89dB puedo imaginar algo similar sucediendo, tanto en los foros como al pie de este texto. Después de todo, está claro que Shakira no es un referente dentro de la comunidad "rockera" pero... ¿de dónde sale tanta hostilidad?
A mí las matemáticas no me salen. Resulta que Shakira tiene cartel suficiente como para inaugurar la administración Obama y cerrar el mundial frente a 800 millones de televidentes, PERO, por alguna razón, ¡no es suficientemente digna para inaugurar un estadio que nos regalaron! Vuelvo y repito: ¿qué fue aquello? ¡De verdad que los ticos cagamos por encima del culo!
Después de leer con detenimiento todas las razones por las cuales la mayoría de nuestra población digital se vomita en la "posible" elección, procedo a presentar mi contradiatriba, mi defensa, y sí, mi declaración pública de fanatismo. ¡Uy no qué horror! ¿Dónde quedará mi credibilidad? ¿Saben dónde, espero? En primera fila, bailando el "Waka Waka".
Veamos por dónde va la cosa...
1. "Shakira no tiene ni calidad ni trayectoria"
Caramba. Bueno, lo primero, digamos, queda en la esfera de lo subjetivo, pero lo segundo, definitivamente, en la de la ignorancia. Shakira puede tener solo 33 años, pero compone desde los 8 y sacó su primer disco a los 13. Grabó "Pies Descalzos" a los 18. Desde entonces, ha lanzado cinco discos más (en un mes sale su sétimo). Supongo que más de 50.000.000 de elepés vendidos probablemente tampoco equivalen a "trayectoria". Mujer, regresa a los cincuenta que parece que en Costa Rica solo con esa edad se puede dar un concierto.
A todo esto: ¿qué es una trayectoria musical destacada? ¿Qué significa eso? ¿Destacada para mí? Estamos claros en que para los lectores del Fusil y 89dB pareciera que solo la carrera de cada una de las mitades de Pink Floyd vale la pena, pero señores, la música, lamentablemente, va más allá de lo que Bono, Martin, Vedder y Waters han hecho. No solo ellos tienen "trayectoria destacada". Sandro y Roberto Carlos, para no ir muy lejos, son titanes de la música también. Para que les duela más: agreguen a Luis Miguel y, por supuesto, a Shakira a la lista.
¿Trayectoria? Pfff, si solo estamos hablando de la mujer que grabó un dueto con el papá de todos, todos los tomates para la canción de desamor más brava de la historia.
2. "Merecíamos algo grande"
Shakira es la artista latinoamericana más exitosa de la historia. Si por ser latinoamericana no les parece lo suficientemente grande, entonces lo que hay que ampliar es su criterio, no a Shakira.
3. "Desde que se pintó el pelo no es la misma"
Cabe preguntarse si estamos hablando del color rojo, el rubio o el morado. 
Como sea, René (Residente, Calle 13) está medianamente de acuerdo con los que se suben en este estribillo. Tienen que escucharlo en "Gordita", brutal cuando le dice a Shakira: "Shaki tu estás bien bonita, aunque también me gustabas cuando estabas más gordita, con el pelito negrito y la cara redondita, así, ¡medio rockerita!". Un grande René.
Por lo demás, el eterno discurso de "se vendió" ni siquiera merece atención. Ya Manuel Montero abordó el tema muy bien, recientemente.
4. "Ahora solo mueve la cintura"
Al contrario. Ahora también mueve la cintura. Es decir, su show mejoró. Pero ya desde "Ojos Así" (en realidad desde siempre) bailaba de forma hipnótica, así que no le quitemos crédito. De todos modos, si usted solo ha visto a Shakira bailando en los últimos años, necesita desprenderse de MTV y bajar alguno de sus últimos discos. Para los que todavía quieren jugar de cool y buscar una excusa válida, aquí les dejo un temita con Cerati que sacude las mismas fibras de sus primeras baladas.
5. "Canta como una cabra"
Ajá. Y Eddie Vedder como una cabra en crack. ¿Pasamos la página?
Listo. Dejemos de lado ese impasse humorístico y vayamos al fondo del asunto. Antes que nada, nadie es más ni menos que nadie por la música que escucha. ¿Estamos claros? Mientras más tiempo dediquen a tratar de rebuscar sus gustos y a hacerlos más excéntricos y "únicos", menos auténticos van a ser.
Ahora bien, si no les gusta Shakira, ¡pues no pasa nada, hombre! Es mucho más fácil vivir y dejar vivir, y no más decirlo si alguien lo pregunta. Pasar de eso a una rabieta pública porque la artista visita el país pues... deja mucho que desear. Anoche tocaba Bon Jovi en el Saprissa. No me podía importar menos. Pero, a eso de las once y media, mi esposa me preguntó: "¿Qué suena allá afuera?". Salimos y, desde nuestra casa en Moravia, pudimos escuchar un maravilloso coro de miles de gargantas cantando "Always". ¡Era imposible no emocionarse! Instintivamente nos alegramos por todas esas personas que estaban pasando uno de los mejores momentos de su vida.
¿No se supone que de eso se trata la música? ¿Es tan difícil alegrarse por los demás? Hemos de sacar la cabeza del frasco y recordar que cada uno de nosotros no es el centro del mundo. Este es un evento masivo, una "celebración" (aunque ese sea otro tema) del pueblo, dirigida a tanta gente como pueda disfrutarla. Nada hago yo con emputarme porque no traen a Leonard Cohen o a McCartney solo para mí. Por el contrario, podría considerar que lo ideal en un caso como este es complacer a tanta gente como sea posible y recordar que ciertamente Shakira sería una gran noticia para muchas, pero muchas personas allá afuera. Sí, miles de compatriotas que difícilmente tienen acceso a Fusil, 89dB y, cuidado y no, Facebook. ¿Adivinen qué? Ellos también cuentan.
Si usted los quiere señalar como un aterro de polos, adelante. Cuénteme entre ellos. Mientras tanto, yo lo dejo con una presentación de Shakira este año en Madrid, rockeándole la vida a 85.000 aplanchadores que abarrotaron las calles de la capital española para disfrutar de su espectáculo. Mírelo con esa cautella suya de listillo y, con mucho cuidado, no vaya a ser que termina usted también metido en el Nacional el año que viene, después de hablar tanta paja. Cuidado y no. 












































