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Latido América #223: Camila Moreno, ruido de insectos salvajes

Latido América #223: entrevista con la artista chilena

"Le preguntaría dónde se sienta a componer, qué está mirando. Si cuando compuso Runrun se fue pal norte estaba llorando", me contestó, justo después de un concierto de una intensidad pesada, abrumante, desconsolada, cuando le pregunté de qué hablaría con Violeta Parra.

Una de las primeras cosas que escuché de la artista chilena Camila Moreno (6 de julio de 1985) fue que era la “nueva Violeta Parra”, etiqueta entre las muchas que le han caído durante una obra musical que apenas cumple 10 años. 13, si contamos la primera vez que compuso: cuando su mamá le dijo que estaba embarazada, y Camila decidió regalarle algo construído por ella misma -una canción- a su hermana.

Desde “niña”, aduce, escribía “harta poesía” y traveseaba la guitarra. Pero no fue sino hasta los 17 que reunió ambas artes. Con ello, acompasó la influencia de Vicente Huidobro, Enrique Lihn, Víctor Jara, Violeta Parra, Björk y Radiohead. El menjunje era una manera de evacuar una difícil adolescencia. Ahora está a punto de cumplir 30.

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- La música y la poesía a mí me salvaron la vida.

- ¿Dónde estarías, de no ser por la música y la poesía?

- Estaría o muy deprimida o muerta.

- ¿Hubo un momento en el que te aferraste a la música y la poesía para sobrevivir?

- Sí, en la adolescencia. Fueron pilares que me mantuvieron a flote. Eso de que otra persona pueda traducir tu dolor es una webá alucinante humana. Es comunicación humana pura, sin prejuicios, pura emoción.

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La voz de Camila es densa, tensa, intensa, desesperanzada, tristona. En sus ojos aparece, también, como un eco de su voz, esa tristeza. Y en la mata de pelo abundan canas, como hilos rotos, que bailan en cada acorde, mientras toca teclado, guitarra, charango, guitarrilla venezolana o canta.

Cuando publicó el EP “El Otro hábitat” (2008) con el proyecto Caramelitus (dúo con Tomás Preuss), su base thomyorkiana -depresiva y electrónica-, dio con valores vocales que alcanzarían alturas mucho mucho mayores en su primer disco solista (Al mismo tiempo, 2009). Allí, su ímpetu daría gas a la musicalidad de géneros chilenos, lo que le valdría aquella asociación con la gran investigadora de la música chilena.

Su segundo disco Opmeitomsimla (2010, revés de Al mismo tiempo), sería una continuación, luego del cual habrían 2 años de silencio compositovo.

“Había mucho ruido afuera, y yo necesitaba conectarme con lo que era: una niña haciendo canciones en su pieza, no era más que eso”. Entre las canas y la pava que cae sobre su frente, entre sus ojos, brillosos, entre las palabras aparece la Camila casi adolescente, la que se vio enfrentada con la prensa, el showbusiness, los cazadores de retratos con “ella”.

“Uno tiene que estar constantemente recordando -me explica- que empezó a tocar canciones porque necesitaba hacer un regalo o expresar sentimientos, más allá de lo que la gente espera de uno”.

Para “Panal” (2012), el tercer disco, aparecieron tonalidades disonantes, las voces con menor volumen para invitar al escucha a adentrarse en un mundo que tiene mucho de caverna y muy poco de miel.

Las temáticas, sin embargo, no abordan “asuntos adolescentes”, como podría argüir quien todo lo carga, de nuevo, a una etiqueta. Abundan críticas hacia el gobierno chileno y sus carabineros, o en defensa de la resistencia del pueblo mapuche, y mucha introspección.

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- A mí no me pasa que me dan ganas de pedirle una foto a mi artista favorito. A mí no me pasa. Pero sí me pasa que me dan ganas de conversar con mi artista favorito, para entender su rollo, o entender su obra.

- ¿Con quién te gustaría conversar?

- Me gustaría conversar con Marina Abramovic, del mundo de la performance. Con tanta gente muerta también. Conversar con Víctor Jara. ¡Tomarte un té con Víctor Jara!

- ¿A un Víctor qué le dirías?

- A un Víctor le preguntaría cómo logra evadir este concepto de fama. Siento que él no tenía ese rollo.

- ¿A una Violeta?

- A la Violeta le diría no estás sola, te amo, empatizo mucho con lo que sientes... no te suicides. Y le preguntaría dónde se sienta a componer, qué está mirando. Cuando hizo Runrún se fue pal norte, si estaba llorando...

- ¿A Enrique Lihn?

- Que vayamos a hacer un acto poético, en Santiago, de nuevo. Que es necesario. Que hay que generar colectivos como hicieron ellos en esa época.

- ¿A Huidobro?

- Si estaba realmente enamorado cuando escribió esos poemas. A quién. Y me encantaría entender su mundo interno, cómo siente la vida. Le preguntaría si quiere ser mi novio (risas). O que nos casemos, alguna locura. Claro, un hombre que escribe así, ¿dónde lo encuentras? En ninguna parte. Y para escribir así hay que tener demasiada sensibilidad... o quizás no. Quizás era un idiota.

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Para “Mala Madre” (2015), Camila aduce motivos de género en muchos de los temas, y ya en los dos sencillos - “Sin mí” y “Libres y estúpidos”- continúa apareciendo esa fragilidad intacta, allende géneros musicales y etiquetas.

“El arte que yo amo siempre es un arte vulnerable. Se sufre mucho, yo por lo menos, pero el arte se trata de mostrarse”, concede. No es casualidad, entonces, que la portada de su nuevo disco la muestre cobijada por una sábana-poncho blanco, emergiendo de un río, liberada y desnuda, y la mirada cubierta por su propio cabello, como un velo de hilos rotos.

 

PD. Este episodio de Latido América recorre parte de la obra de Camila Moreno, desde Caramelitus hasta “Mala madre” y buena parte de la entrevista concedida por la artista durante una visita a Costa Rica en abril y mayo del 2015.

Setlist

  • Ay. Camila Moreno
  • Mapamundi. Caramelitus
  • Hechizada pericona. Camila Moreno
  • Cosas que no se rompen. Camila Moreno
  • Reverso Huidobro (fragmento de Canto V, de Vicente Huidobro). Camila Moreno
  • Yo enterré mis muertos en tierra. Camila Moreno
  • Raptado. Camila Moreno
  • Sin mí. Camila Moreno
  • Libres y estúpidos. Camila Moreno
  • Sabré si al final. Camila Moreno
Randall Zúñiga — Es periodista, cronista y poeta, aunque él no lo reconoce. Se le puede leer en revistas de arquitectura y diseño por aquí y por allá y periódicos de vez en cuando. Es programador de Radio Nacional de Costa Rica y conduce y produce el programa Latido América, que se transmite en Radio Nacional, Radio U y Radio870UCR. De él, nos dice: "Tenía un gato que se llamaba Fausto y ahora solo me queda el astigmatismo, la miopía, una colección de LPs y el gusto de desvelarme viendo llover en Coronado".

2 comentarios

Excelente texto sobre una maravilla de artista, haberla visto en vivo es un trance del que aún no despierto. "Mala Madre" está bestial.

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Empezó: 10 Mayo 2013
Karma: 5

Gracias  inticm. Y tenés razón, mucho se trata de un trance, un sumergirse en ella. Saludos  

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Empezó: 5 Jun 2012
Karma: 251