Esa sería la primera aclaración, que en realidad debería sobrar, pero que hoy pareciera oportuna. La segunda: esta es la primera y última vez que escribiré algo del Chamuko en público. Mi intención es dejar clara mi opinión, nada más. Naturalmente todos están invitados a criticarla y a aportar la propia en los comentarios si lo desean. Al que le sirva algo, que lo tome, al que no le sirva nada, que lo deseche.
Muy bien. Vamos pues.
* * *
Para empezar: no tengo una cruzada personal contra el Chamuko. Tampoco la tiene ninguno de los medios para los cuales trabajo o donde publico.
El día de hoy (ayer para usted) un columnista (de los casi 20 que tenemos, cada uno de ellos con sus opiniones libres y propias) de 89decibeles publicó un texto en el cual, a grandes rasgos, cuestiona la peligrosidad de endiosar a un personaje anónimo que no está sometido a ningún control, que está por encima (¿o por debajo?) de la ley.
El texto ofrece la opinión del autor de la columna, no de 89decibeles ni la mía. Algunos puntos los comparto, otros no. Así se lo hice ver a Luis Fernando Cascante, joven por quien tengo un profundo respeto. Se animó a hacer lo que muchos no. Y firmó. Dio la cara (valga el saludo respetuoso a Miguel Ángel Rodríguez).
Ahora bien: la discusión que el autor propone a mí me parece muy interesante y enriquecedora pues me encanta abordar estos temas con libertad y con respeto. Huelga decir que si la opinión de Luis hubiese sido distinta también la habríamos publicado y ciertamente también me habría parecido interesante.
Dicho esto.
No, no me gusta el trabajo de El Chamuko.
Es solo un criterio, una opinión. Como decir que no me gusta Pink Floyd. No implica nada más que eso: lo que pienso sobre el personaje y su obra. No me gusta que insulte a la gente, no me gusta que ridiculice a la gente y sobre todo no me gusta que lo haga desde el más puro libertinaje, amparado en su anonimato. Por decirlo de forma más concreta: mi problema no es con el anonimato como tal, sino con el uso que este individuo le da.
Además, he venido notando con inquietud que el enorme poder desde el cual actúa (63.000 personas lo siguen solo en Facebook) se ha venido 'legitimando' cada vez más. La prensa y sus seguidores le han ido vendiendo un halo de héroe encapuchado que palidece frente a la obra de el Zorro y Batman cualquier día de la semana.
Lejos de reparar en si algunos de sus gestos pueden ser inoportunos, inapropiados, incorrectos o ilegales estamos cada vez más al tanto de su obra; deseosos de conocer el nombre de su próxima víctima... el hambre por el circo virtual explota. Pero esa emoción, ese anhelo de entretenimiento "noticioso" a veces pareciera también ir ligado al miedo. Se le teme a lo que no se conoce, especialmente si además no se le puede ver. Lo sé porque algunos colegas me han contando en confianza que le temen al Chamuko. Lo sé porque yo mismo le temo.
Tanto es así que hasta hoy no me había animado a escribir lo que pienso, preocupado inclusive por las posibles represalias que podría tomar con mi madre y esposa (estoy seguro de que muchos de ustedes han leído el testimonial de Diego Grooscors* [Raven] sobre cómo su enfrentamiento con Chamuko y sus seguidores terminó con la información personal de Diego y sus familiares circulando en redes sociales). Temí, lo acepto. Acepto también que cuando el Chamuko sugirió seguir mi cuenta y otras más en Twitter agradecí. Como el más pendejo, cero valor. Tratando de no enfrentármele.
Tratando también de distanciarme de quienes sí han decidido enfrentarlo, pues sus medidas me parecen tan reprochables como las del Chamuko (bonita cosa, ahora me garantizo el odio de las dos partes). Tan desagradable me pareció todo el asunto (que implica denuncias de conspiración y cobardes ataques personales contra una estupenda chavala que conozco y de quien puedo asegurar no tiene vela en el entierro) que preferí nada más distanciarme otra vez, no abrir la boca, no opinar: limitarme a no aplaudirle el baile al personaje endemoniado y tomar distancia.
Pero hoy, frente a las circunstancias, hablo.
Y digo que...
#1. Desde mi punto de vista el Chamuko es un personaje al que se le puede cuestionar mucho (no me cabe duda de que también se le puede agradecer mucho). Es por eso que considero que deberíamos ser más prudentes a la hora de construirle la plataforma mediática que le hemos levantado entre todos.
Semanas atrás, en el marco del día de las redes sociales, fui invitado a un evento donde una de mis maestras (Any Pérez, frente a quien me siento nadie) introdujo al Chamuko, quien contestaría una llamada telefónica para hablarnos de la importancia de la credibilidad en Internet... Yo abandoné la sala. ¿Estoy ofendiendo a alguien por esto? No. ¿Se enojará ella por mi punto de vista? No. ¿Tengo que aceptar que un personaje anónimo que ajusta su opinión de acuerdo al calor de la braza me de a mí lecciones de credibilidad en línea? Definitivamente no.
Estamos hablando de un carambas que compartió el teléfono de la ciudadana que interpuso el recurso de inconstitucionalidad contra el Himno Nacional "para quienes deseen saludarla"... ¿Este tipo me va a hablar de credibilidad en Internet? No lo creo. Pero esa es mi opinión, nada más, otros pueden considerarlo en efecto un referente de credibilidad en la web.
Lo que quiero decir es que no hace falta perder los papeles porque no estemos de acuerdo, especialmente cuando estamos entre colegas. Todas nuestras opiniones pueden entrar en debate: bendita sea la libertad de expresión que ofrece este país. No es necesario coincidir pero tampoco es necesario perder la perspectiva o el buen temple, de por sí lo peor que puede pasar es que enriquezcamos nuestro punto de vista con los aportes y el conocimiento que comparten nuestros interlocutores. ¿Cierto?
Entonces sí: todo el mundo coincide en que el estudiante de la UCIMED era el equivalente a un arma de destrucción masiva pero a nadie pareciera importarle que el Chamuko un día pida al Gobierno medidas contra Karina Bolaños y al siguiente publique un editorial contra Chinchilla por haber despedido a la exviceministra. No, eso no importa, muy a pesar de lo inquietante que resulta el súbito acomodo de opinión: un tarde comparte el video con sus 60.000 almas y pide medidas... menos de 24 horas después reprocha al Gobierno haberlas tomado (sin aludir a su cambio de opinión, sin rectificar públicamente, lo que sería loable y rescatable). Tampoco importa, por supuesto, que el Gobierno precisamente tomara medidas de inmediato, casi atendiendo la solicitud del popular personaje. No, eso no importa, importa el chingue, la gozada, la criticadera, el circo, la crucifixión.
#2. En ningún momento defendí ni defenderé las acciones del estudiante de la UCIMED. Sin embargo considero lamentable que se le haya ejecutado públicamente a partir de una reprochable broma de pésimo gusto en Twitter. Las fotos que aparecieron después fueron una "alegre" coincidencia que terminó "validando" la denuncia inicial. Un brillante colega expuso muy bien una de mis inquietudes de fondo en torno al tema: "El problema con esta inmediatez que brinda Internet es la facilidad de hacer juicios públicos sumarios en tiempo real. Lo peligroso es que nos hemos convertido en un 'lynching mob' formado por lectores de titulares".
Esa inmediatez de la cultura del espectáculo nos lleva a devorar a las figuras públicas (o a quien de pronto convertimos en figura pública) en segundos, ojalá una tras otra. Prejuicios al por mayor, necesidad de espectáculo digital a lo bestia, cabeza fría que brilla por su asuencia. Lo irónico es que ridiculizamos al "populacho" por ver futbol pero... ¿no estamos nosotros, la "élite" del micromundo de la redes sociales, creando nuestro propio reality show 2.0? La dejo picando... la dejo picando porque cada vez más dejamos que los titulares de las noticias decidan lo que pensamos sin siquiera permitirnos profundizar lo mínimo y alimentar nuestro criterio lo suficiente.
La era moderna, incendiaria y acelerada, muy a tono con el personaje en cuestión.
#3. Si los medios quieren replicar las denuncias de Chamuko están en la total libertad de hacerlo y de verlo como una fuente anónima más. Todo bien. Es su valoración, su criterio. Yo no soy director de ninguno de estos medios y no pretendo decirles cómo hacer su trabajo: sí me apasiona la idea de conocerlo y entenderlo mejor. Por eso hago muchas preguntas... y las preguntas a veces caen mal.
#4. Como periodista lamento que algunos colegas rehuyan el debate y la reflexión, optando por cerrar filas y tomar los cuestionamientos como ataques personales o contra su medio, llegando al punto de ridiculizar las opiniones que no comparten.
Por último
Mi solicitud al decano de medicina de la UCIMED es en serio, si bien tengo claro que la desestimará ad portas. Pero ojo: no dije ni insinué que sea responsabilidad exclusiva de la UCIMED lo que pasó. No dije que 100 cursos de ética garantizan un buen médico con formación humanística y vocación de servicio y auxilio. Tampoco considero que este sea un caso/problema "exclusivo" de la UCIMED ni mucho menos. Sin embargo, no creo que sea loable que el decano se lave las manos y comparta imprudentemente el dato de cuánto dinero de los padres está "totalmente perdido" mencionando además los 4 años de atraso como si se trataran de una especie de castigo. No lo son y el mismo nos explica porqué: el 60% de la carrera de medicina de la UCIMED no es convalidado por otros centros de estudio. Pero en río revuelto, ganancia de pescadores. Dios guarde poner aunque sea las barbas en remojo.
En resumen
No tengo nada personal contra el Chamuko porque no puedo tenerlo, no sé quién es (o quiénes son) y no me interesa saberlo. Pero no me gusta su trabajo ni tiene porqué gustarme. No me gusta que tenga el poder de humillar, atacar, calumniar, ridiculizar e insultar a cualquiera desde un fuero de intocabilidad, más allá del alcance de la ley a la que sí respondemos todos los demás. El personaje además tiene ahora un alcance masivo y sus juicios de valor el poder de definir el curso no solo de una noticia sino de una vida humana cualquiera. Para mí esto es peligroso. Es por eso que considero que quienes trabajamos en medios de comunicación deberíamos al menos tener claro que estamos (precisamente) jugando con fuego. Por eso les *sugiero* cabeza fría y prudencia. A él, si me leyera, le pediría lo mismo. Le pediría que valide su anonimato y que nos demuestre que en efecto tiene criterio a la hora de hacer sus publicaciones.
Como dije, que cada quien tome lo que quiera de mi opinión. Yo cierro este capítulo aquí, de forma definitiva, esperando que de las últimas experiencias todos (incluyendo al hombre en cuestión) seamos capaces de aprender algo. Ya lo dijo el tío Ben: "With great power comes great responsibility".































