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Sí, es cierto que a los periodistas nos pagan por informar, peeeero...

Blog de la comunidad

Las opiniones emitidas en este blog pertenecen a su autor y son independientes del contenido editorial de 89decibeles.

Antes de empezar a escribir este post debo hacer un par de aclaraciones: primero, que sólo veo fútbol cuando a. hay mundial, b. hay clásico o c. es la final y juega la Liga. Segundo, que he ido al estadio a ver un partido dos veces en la vida: la primera hace mil años, cuando mi marido y yo éramos novios y me llevó al Saprissa (craso error) a ver un clásico que perdieron en casa y después del cual me baneó para siempre del estadio morado; y la segunda para la final pasada, al Morera. Conclusión: no soy fanática del fútbol, pero lo disfruto de vez en cuando, aunque a veces no lo entienda.

Lo que sí soy es periodista y me ha llamado mucho la atención el asunto reciente con la prensa deportiva y el “Paté” Centeno. No me extraña lo que pasó, para nada. Ético o no, correcto o no, a alguien tal vez se le ocurrió que al capitán del equipo morado había que darle una cucharada de su propia medicina.

Yo vi el video un par de veces y en mi cabeza traté de imaginarme la situación desde diversos ángulos internos. Empecé por el de Centeno. Digamos que soy yo: “Voy peinadito y bañadito para la conferencia de prensa. Mejor me acomodo el pelo, no sea que vaya a verme despeinado. Estos maes periodistas se van a poner felices de verme, como nunca les doy declaraciones. Los saludo: buenas, buenos días. Me siento. Ahhhh, Coca Cola, qué rico. Venga para acá la botellita. Sonrío, sonrío. Los miro a todos. ¿Qué pasa? Están muy callados. Esto es un poco incómodo. ¿Cómo? ¿No hay preguntas? Hmmm. Bueno, mejor devuelvo la Coca, ni tiempo me dieron de echarme un trago. Buen día, malparidos. Después preguntan por qué.” Como dicen los gringuitos: BURN. El tipo sale con cara de perro regañado y la sala se queda silenciosa.

Supongamos que los periodistas no se habían puesto de acuerdo. Supongamos también que a mí me gusta el periodismo deportivo y que estaba ahí, en esa sala, trabajando: “Ahí viene. ¿Y eso que viene riéndose si siempre ha sido tan seco con la prensa? Tiene sed; de una vez agarró la Coca. Todo el mundo se quedó callado. ¿Nadie va a preguntar nada? Yo no tengo nada que preguntarle tampoco. Se va. Se va. Se fue. Se hubiera llevado la botellilla, por lo menos para disimular. Issshhhh.”

Desde mi punto de vista, lo que pasó ahí es muy parecido a lo que sucede cuando una tiene un novio que siempre te dice que te va a llamar y no te llama, pero vos seguís esperando que el teléfono suene, porque le seguís creyendo cada vez que dice que va a llamar. Llega por fin el día en que ya no le crees y si llamó, ya no estabas para contestarle. O como cuando tenes una “amistad” que te trata mal y vos te aguantas por maje que sos, pero en una de tantas te hartas y lo mandás para el chorizo.

Sí, es cierto que a los periodistas nos pagan por informar (Boris, Marco). Sin embargo, no nos pagan para que nos menosprecien, nos insulten o nos traten mal. Recuerdo la anécdota de un colega, periodista deportivo y morado hasta las tripas, que estaba furioso una vez con el famoso Paté, porque le dijo estúpida a una compañera periodista, en la pura cara. Muy valiente el tipo, ¿no? Muy caballeroso y muy educado también (suave un toque para vomitar un poquito). El mae no se da a querer, así de sencillo. Y no estoy diciendo que tenga que ser monedita de oro, pero sí que debería ser GENTE, por lo menos.

Tuve una vez un profesor de ética, el que creíamos que estaba un poco tocado del techo (aún así sabemos que los locos a veces dicen las cosas más cuerdas). Este profe tenía una teoría muy interesante acerca de la relación de las celebridades (digamos que Centeno es una celebridad, a la tica) y la prensa.

Don Cosito decía que, si una figura pública (llámese artista, político, deportista, etc) no tenía reparo alguno en contarle a los medios hasta el más mínimo detalle de su vida íntima o privada, no tenía cómo reclamar cuando los medios (siempre sedientos de más) le reclamaran o le acosaran para seguir obteniendo información.

O sea, al abrir vos mismo, voluntariamente, la ventana hacia esa intimidad, estás validando la invasión.  Para mí, eso tiene todo el sentido del mundo.

En el caso de Centeno, él mismo se ha encargado de hacer de su relación con la prensa una pesadilla. Él es el capitán del equipo y como tal, creo que no sólo le pagan por jugar bien, sino por representar al colectivo, por ejemplo, ante los medios. Si no le gusta, entonces que nombren a un vocero al que sí le guste. Debería ser un poquito más serio o la administración del equipo amarrarse un poco más los pantalones y decirle que tiene que hablar en las ruedas de prensa cuando estas se convoquen, no cuando le dé la gana.

Me preocupa que veo a colegas dándose por el pecho, acusando a los que estaban presentes de charlatanes, berrinchudos e incluso anti-éticos, cuando el desprecio de Wálter Centeno por los periodistas ha sido claro, palpable y constante en el tiempo; por eso ni siquiera creo que le duela o le mortifique lo que pasó en esa sala. Sí creo que, probablemente, después de eso no vuelva a conceder ni una sola entrevista. O tal vez (sólo tal vez) eche para su saco y la próxima vez por lo menos le dé tiempo de abrir la botellita.