¿Pararlos? La verdad es que este solo fue un truco barato para atrapar su atención. ¿Parar a los Sonámbulos? ¿para qué, por què o cómo? A los 11 de Sonámbulo ya no los para nadie o mejor dicho, están volando.
Advierto que como muchos otros que existen en este sitio, este artículo tiene un caracter muy subjetivo, pero se hará un esfuerzo por dejar a la seguidora de lado, para tratar de entender el efecto sonámbulo. En este caso, no voy a hacer una reseña de cómo son los conciertos, ni cuál es la historia de la banda, tampoco interesa acá sus influencias musicales (al menos no de manera directa) Voy a hablar, de ese integrante número doce: lxs sonambulerxs.
Hace algún tiempo ya, vengo siguiendo a la banda aunque no siempre fue así. Por razones circunstanciales empecé a asistir a los chivos de Sonámbulo. Los vi por primera vez en la Semana U del 2008, pero el grupo no me impactó tanto como para hacerme seguidora. Sin embargo, cuando empiezo a frecuentar los chivos en lugares como el Jazz Café o La Chicha, lo que primero llama mi atención son sus seguidores que en dos palabras resumiría como fieles y entregadxs.
Semana a semana veía como se repetían las caras, lo cual era bueno para los que tenían en los conciertos de Sonámbulo su lugar de encuentro con los compas, compartiendo muchos sentimientos y pensamientos comunes. Claro, tal vez no era lo mejor para la banda, porque quería decir que la fanaticada no crecía tanto como su economía lo hubiera deseado en ese momento.
Debo confesar que en un inicio esa fanaticada era como un gran monstruo que se acercaba a mi con sus tantas caras y como todo monstruo, asustaba mucho. Eran muy diferentes a otros seguidores de otras bandas. Lxs sonambulerxs son criaturas libres. Lxs bailarines psicotropicales no están obligados a saber bailar, solo tienen que moverse como su cuerpo se los pida (y les aguante) tras el llamado de las congas y los metálicos acordes de ese inédito tres cubano. Se entregan totalmente: cantan-gritan todas las canciones, saltan al son del chusma funk, exigen saber cómo se hace una maraca y cargan energías chocando unos con otros cuando el saxofón canta el cover skateado de jugo de piña.
El público de Sonámbulo, es agradecido a más no poder. Y es que algo pasa en los conciertos de este grupo que la gente realmente agradece. Si me preguntan a mi, yo agradezco el movimiento, agradezco la sinceridad de un trabajo modesto, sin pretensiones más que hacer lo que se siente cuando se siente. Todo esto es transmitido hacia la gente y ella de rebote alimenta a los 11 de Sonámbulo haciéndolos crecer, no solo por la maña que dan los años, si no porque es parte de la inspiración que lxs sonambulerxs provocan.
Lxs sonambulerxs, como el grupo, han ido mutando, pero en mucho la esencia de los primeros seguidores continúa presente. Las bases las pusieron ellxs, y lxs nuevxs asistentes a lxs chivos están impregnados de ese bailar hasta que duelan los pies sin importar quien esté mirando y menos si le está gustando. Lxs sonambulerxs se contagian de un largo oooooooooooooooh como entrando en trance colectivo a través de sus gargantas; llegan dispuestxs a botar todo lo malo y acuden, cada vez en mayor cantidad, por su dosis semanal de buena vibra.
Los 11 de Sonámbulo ya han movido a muchos europeos el año pasado con sus ritmos reinventados. Ahora se preparan para hacerlo con los asistentes del Austin City Limits y puede que lo hagan en uno de los Lollapalooza de Surámerica el otro año. Han pasado de los chivos con los amigos con aire familiar, a cantar a casa llena todas las semanas o ante públicos más numerosos como los conciertos del Festival Nacional de las Artes, el Festival Imperial, así como los festivales a los que asistieron el año pasado en su gira Europa a pie.
¿Encontrarán afuera seguidores capaces de traducir el sonido Sonámbulo en desinhibidos movimientos tal y como lo hacen lxs sonambulerxs acá? Pienso que sí.
Pero para aquellos que nunca han ido o están empezando a sonambulear, aquí les va algunas cosas a tener en cuenta:
1. Entienda, el chivo no empieza hasta que empieza. No desespere.
2. Lo mejor, es ver el chivo desde adelante, primera fila. Pasa que ahí usted tiene la banda al frente, y a la par y atrás tiene gente que baila con los ojos cerrados y canta todas las canciones. Esa pasión es contagiosa.
3. Si va a seguir este consejo, lleve zapatos que no sean abiertos porque el mosh no entiende de géneros, edad, clase social ni pies y la majadas son duras. O bien, hágase a un ladito mientras pasa Chusma Funk, La maraca, Jugo de piña o la Cumbia Nueva.
4. Vaya con muchos deseos de compartir, su cerveza, el aire, su espacio, a usted mismx, todo lo que pueda.
5. Baile, muévase, por lo menos brinque y sea feliz, no se quede solo viendo, aunque la sugerencia está demás. Ya verá que es imposible quedarse quieto.
6. ¿Sabe qué? Olvídese de todo lo anterior. Solo vaya, con alegrías o con penas. Las alegrías se potencian y las penas se le espantan.























