Imagen de Anónimo

Login


Crónica de un amor fortuito: Parte I Comienza Nuestra Historia

Blog de la comunidad

Las opiniones emitidas en este blog pertenecen a su autor y son independientes del contenido editorial de 89decibeles.

Después de haber estado sufriendo 2 años por un amor no correspondido, decidí liberarme de todo lo que me hacía daño y emprender el viaje de mi vida, buscaría construir mi felicidad lejos de mi hogar, mi familia, amigos y de mi Patria; fue entonces cuando decidí hacer mía la frase “debo alejarme, para curarme, restaurarme y finalmente renacer” (Silvia&Karmen).

Al empezar una nueva etapa, me sentía insegura y hasta sola. El llegar a otro país, donde no conocía a nadie, me perdía constantemente y no podía comunicarme con mi familia por diversas razones, me hizo sentir atemorizada, a tal punto, de llorar amargamente en muchas ocasiones, dudar sobre lo que estaba haciendo y querer renunciar a todo.

Teniendo pocas horas fuera de mi tierra, una breve conversación con una persona de la cual no recordaba ni el nombre, me hizo sentir cómoda, aceptada, entendida e integrada. Ahora, muchos meses después, no logro precisar con claridad la misma, sin embargo, puedo decir que, sin duda alguna, esa invitación a comer “pozole del chido”, hecho que yo pensaba nunca se iba a dar, fue el inicio de todo. Socializar nunca ha sido lo mío, ir a fiestas, tomar y bailar, tampoco lo eran, fue por ello que decidí pasar por alto las primeras invitaciones grupales que me realizaban, de ahí en adelante, no hubo más, yo pasé a ser invisible, pero curiosamente, para una persona yo sí parecía existir.

Me di cuenta de ello una de esas tantas veces que llegué a la casa, sola, donde no tenía ni internet, ni cable, donde no había nadie más con quien poder hablar, donde hasta el apetito se me esfumaba y no podía contener el llanto por sentirme desplazada, por no tener a mi familia y amigos cerca, por sentirme vacía. Fue en un momento de esos que sus invitaciones y sus mensajes, empezaron a ser prioridad para mí, puesto que me sentía aceptada por ella. Su cercanía empezó a hacerme sentir segura, en paz y hasta querida, pero también me empezaba a confundir, todos nos relacionaban y yo no entendía por qué, yo quería quedar bien con ella y tampoco comprendía eso; llegué a pensar en embriagarme para tener el valor de besarla y culpar a las copas de más y sí, tomé más de lo necesario, pero terminé pidiéndole permiso para abrazarla mientras dormía a su lado.

Días después ella iba a cumplir su promesa, me llevaría a su casa a comer “pozole del chido”, su cumpleaños se acercaba y mi intención era darle un regalo que le agradara muchísimo, además de un buen día, por ser la festejada, era tan importante para mí el asunto, que dediqué toda una tarde para decidir qué le regalaría, al final, opté por “un muy buen regalo”, esto según yo, quien esperaba que su reacción al verlo fuera muy efusiva, sin embargo, a veces las cosas no salen como uno las desea, no reaccionó como hubiese querido y yo terminé arruinando su cumpleaños, todo por impulsiva; ella terminó pasando ese día junto a mí en un estudio de tatuajes, entre el tráfico de la CDMX y bajo la lluvia, mientras su familia tenía horas esperándola en casa para celebrar. Yo le había regalado el peor cumpleaños de su vida, a quien en ese momento ya le debía mucho; sentirme mal por ello, definitivamente no solucionaría las cosas.

Después de esos días juntas, la sensación de seguridad, paz y cariño se empezó a incrementar, tanto como el miedo que crecía en mí por no tener claridad con lo que sentía, no quería perder a la única persona que estaba para mí en todo momento, a quien me estaba ofreciendo su amistad y quien según mi percepción solo me veía como su “mejor amiga de intercambio”, así que la solución inmediata era poner una barrera entre nosotras, la cual ni siquiera se llegó a construir como tal.

Decidí no poner tanta mente en el asunto y disfrutar mis días a su lado, como amigas, aunque en todo lado, por extraño que parezca, hasta personas desconocidas nos relacionaban como pareja, situación que en ocasiones se tornaba incomoda por sus reacciones. Ir al cine no era precisamente una de mis cosas favoritas por hacer, pero sí la de ella, por eso, decidí invitarla a ver una película, así ella se distraería con el filme y yo tendría la oportunidad de conocer a un par de cantautoras que admiro y realizaron parte del soundtrack del largometraje, mismas, que, de cierto modo, terminarían siendo parte importante en esta historia.

Al final del evento coincidimos con un grupo de chicas desconocidas, con las cuales decidimos ir a comer, entre bromas sobre si nosotras éramos o no pareja, sentí como alguien más tomaba mi mano, mientras observaba como hacían lo mismo con ella y la alejaban de mí, en ese momento sentí como si mi corazón estuviese siendo estrujado sin prudencia, sentí que la perdía, así como unas terribles ganas de llorar, por ello decidí despedirme y retirarme a la brevedad del lugar.  

“La quiero y no precisamente como amiga. Pero ella no me gusta, no me puede gustar, ella es solamente mi amiga, mi AMIGA…”, pensaba mientras iba camino a casa. No había dado dos pasos dentro de mi habitación, cuando inevitablemente empecé a llorar; entre sollozos y coraje hablé con mi mejor amigo para que él me explicara qué me estaba pasando, su respuesta era la que temía “te gusta y la querés, ¿ahora qué pensás hacer, le vas a decir?”, "no sé, no puedo estar sintiendo esto, es mi amiga", fue lo único que pude contestar.

Después de eso comprendí las razones por las cuales me gustaba hacerla reír con mis ocurrencias y mis chistes malos, porqué a pesar de mis pocas ganas por ir al cine, solía terminar con ella ahí, porqué aceptaba todas sus invitaciones y si no había una de su parte, yo hacía planes que la involucraran, porqué pasaba hablando por mensaje con ella hasta quedarme dormida y porqué ella siempre estaba involucrada en mis acontecimientos importantes desde el día que nos conocimos hasta ese momento, entre otras cosas.

Solamente habían pasado 3 días desde que topé contra pared y me di cuenta que me gustaba, cuando por cosas de la vida, ella sin querer me regaló una madrugada maravillosamente inolvidable, donde sin pretender parecer obvia me las ingenié para tenerla entre mis brazos y gracias a eso un desconocido que nos vio “jugando” se armó de valor y nos dijo “eso es amor, no mamadas”. Nuestros juegos nos llevaron a caminar y hasta correr por las calles desoladas de la zona metropolitana de Guadalajara, hasta terminar comiendo perros calientes en un puesto callejero en la madrugada, para concluir nuestra noche en un antro cantando “Adiós Amor”, mientras esperábamos que abriera la estación de tren más cercana.

Días después bastó una discusión “sin sentido”, entre nosotras para que mil dudas divagaran por mi mente, yo no entendía porqué ella me decía cosas a medias y me repetía que lo mejor era que yo no comprendiera la naturaleza de dicha discusión, entre dudas y miedos, después de analizar una y otra vez nuestras conversaciones y luego de hablar con un par de personas lo que sucedía, llegué a la conclusión, misma que me daba terror admitir por miedo a estar equivocada, que todo indicaba que yo le gustaba.

Pero, ¿cómo hacía para preguntárselo o insinuárselo sin parecer egocentrista? Intenté que me lo dijera sin preguntar, no obstante, su agilidad mental y su miedo la hacían callar. Como ninguna estaba dispuesta a hablar, ni ella a decir lo que le pasaba ni yo a decir las conclusiones a las que había llegado, decidí retarla a jugar verdad o shot, al menos alcoholizadas habría más probabilidades de que alguna dijese todo, pero no fue así. Una tercera persona, sin comprender nuestra discusión, nos dio una opción sencilla para solucionar todo, jugar a los volados (escudo y corona), la perdedora era quien tendría que hablar.

Antes de iniciar el juego de volados, yo me aseguré de tener las probabilidades a mi favor, lancé la moneda varias veces al aire hasta saber con cuál lado tenía mayor posibilidad de ganar, sin embargo, terminé yo resultando ser la perdedora; aún habiendo bebido algunos tragos, no me sentía con el valor suficiente para sincerarme, así que tardé varios minutos en poder decir poco de lo tanto que pasaba por mi mente, más teniendo su presión por querer escucharme.

Después de escucharla preguntarme “¿por qué tanta insistencia con el tema?”, así como persistencia en conocer mis conclusiones, logré decirle “Creo que… (aclaré mi garganta), creo que… Creo que el hecho de que pasemos tanto tiempo juntas (aclaré mi garganta nuevamente), ha hecho que ahora me percibás de una manera distinta a la de antes.” A lo que ella contestó: "Ya no quiero hablar de eso. Aquí murió el tema."

Su respuesta desató mil dudas más en mí, me hacían percibir que había arruinado nuestra mistad con mis ideas, que ella solo me quería como amiga y que yo no le gustaba.

Después de algunas horas juntas llenas de hostilidad, pocas palabras entre nosotras y una que otra mirada temerosa, nos encontramos solas nuevamente, fue ahí donde yo exigí una respuesta a esa duda crucial, ¿eran o no acertadas mis conclusiones? – sí –  me contestó ella con recato y cabizbaja, fue tanta mi sorpresa que no pude decirle que sentía lo mismo, callé y caminé pensativa, a su lado, hasta que se despidió fríamente de mí en la entrada de la estación del tren, "yo ya me voy" dijo y desapareció entre las escaleras mientras yo pensaba en todo lo que no estaba siendo capaz de decirle.

Nuevamente esas incesantes ganas de llorar se apoderaron de mí, sentía que la había perdido por cobarde, tenía la mente hecha un desastre y en mi rostro la angustia era evidente, ¿qué pasaría después de esas últimas palabras?, era lo único que pensaba con claridad.

Luego de hablar durante mi viaje a casa con un desconocido sobre lo que me sucedía, decidí amarme de valor y confesarle lo que sentía yo también, porque si de algo estaba segura, era de que ella me estaba haciendo sentir emociones bellas, me estaba ayudando a restaurarme y yo quería que fuese ella quien me ayudara a renacer.

Etiquetas:
497 lecturas