Bastaron esas palabras para que se conmocionara Miami. Ozzie fue castigado por la dirigencia de su equipo (Marlins), que le impuso una sanción de cinco partidos sin goce de salario. Mientras tanto, los enardecidos aficionados (en gran parte, cubanos residentes en la ciudad) pidieron su salida y le dirigieron insultos de toda clase.
Yo me enteré tarde de la noticia. No soy un gran seguidor de este deporte y sólo de vez en cuando veo algún juego (seguramente de instancias finales). El béisbol me parece aburrido y poco atrapante, pero estas situaciones van más allá de cualquier juego. Dejan en el aire la sensación de que cualquier resistencia es inútil, porque los que mandan siempre van a ganar y los que son mandados no hacen nada para evitarlo.
El final de la historia era previsible: una rueda de prensa en donde el manager apareció pidiendo sinceras disculpas a todas las personas que se habían sentido afectadas por sus declaraciones, de las cuales se retractó alegando una mala traducción por parte del entrevistador. Algo así como cuando algún personaje criollo se justifica diciendo que le hackearon su cuenta de Facebook.
La libertad de expresión es un asunto de esos que existen hasta que las masas lo permitan. Porque así es. Ocurre una violación del derecho y algunas personas se organizan para protestar, pero saben que ahí acaba su rango de acción. Pasan los días y las aguas vuelven a su cauce. Hasta que aparece otro caso, con su correspondiente denuncia generalizada. Así, el ciclo sigue por los siglos de los siglos. Hay una libertad hasta cierto nivel, los límites son claros y ejemplos sobran para demostrarlo.
Pero este caso es especial.
Unos creen que Guillén fue malinterpretado. Otros dicen que eligió mal el verbo con que se refirió a Fidel (I love…), por lo que luego quiso rectificar cambiándolo (I respect…). Al final, eso no importa tanto. El punto es que un ser humano se vio perjudicado (y hasta castigado) por manifestar su opinión con respecto a un tema cualquiera. La discusión pública se enfocó exclusivamente en sus palabras, mientras que el atropello a la libertad de expresión fue apenas mencionado. Pocos se atrevieron a cuestionar la validez de su punto de vista como tal. Y ahí es donde está lo más grave.
El objetivo del equipo es ser el mejor. Contrata a los que cree idóneos, de acuerdo a sus posibilidades, para lograr esa meta. No debe interesar si a los contratados les gusta más el Fruit Loops o el Rice Krispies, únicamente que cumplan con su trabajo. Pero no, la realidad dicta que el entrenador tuvo que rectificar porque al gran público no le agradó su apreciación.

Time publicó una declaración con respecto al tema, en donde indica que la entrevista con Guillén se realizó haciendo uso de un único idioma (inglés). Además, ya en otro reportaje similar (2008), el técnico había dado a conocer su admiración por el líder cubano. Por lo tanto, no hubo tal error en la transcripción del reportaje. La excusa que Ozzie se vio obligado a utilizar (en la conferencia) no tiene fundamento. Simplemente a alguien no le simpatizó su opinión y le exigió cambiarla.
Justo hace una semana, me encontraba viendo la película animada Animal Farm (basada en el libro que lleva el mismo nombre). En ella, las ovejas repiten todo lo que les dicen sus líderes, “Four legs good, two legs bad!”. Más adelante, el cerdo jefe de la comunidad cae en vicios y decide variar su discurso. Entonces las ovejas gritan: “Two legs good, four legs bad!”.
Hoy, las ovejas siguen tan domesticadas como cuando las describió Orwell en el lejano 1945.











