Creo que nunca me había sentido tan llena de vida como cuando vi la cantidad de personas que habían llegado hasta la Guácima y que a las 3:00 p.m. escogieron acercarse a El Bosque para vitorear con entusiasmo cuando salimos apuradas al escenario.
Ustedes no saben todo lo que precedió ese momento y todo lo que pensé al verlos por ahí. En las fotos notarán el vidrio en mis ojos, los que escucharon de seguro se percataron del temblor en mi voz.

Quería empezar este recuento por ahí, por agradecerles con todo mi corazón su cariño hacia la música, cómo la han hecho suya tanto como es nuestra y esa persistencia con la que corren la voz. Gracias.
El sábado desperté con náuseas. Eso de que si uno ha hecho esto lo suficiente no se pone nervioso nunca es mentira. No pude comer, no pude dormir, era como el día antes de partir a Disney, cuando uno cierra los ojos y solo puede ver los ojos gigantes de Mickey Mouse acercándose para la foto.
Luego de subir al escenario, la tensión dio espacio a emoción pura. Debo agradecer a Mark y su equipo porque fueron los reyes de los imprevistos. Verán, el gobierno de los Estados Unidos se encargó de inspeccionar a fondo mi guitarra de regreso a Costa Rica, tan a fondo que rompieron el switch de encendido/apagado que convenientemente decidió ceder por completo durante “Sandbox”. Les escupo.
Al terminar nuestro set nos dirigimos a la sala de prensa, pues según el horario nos correspondía dar una conferencia en ese momento. Lamentablemente la prensa nunca se organizó. Digo lamentablemente no porque hayamos perdido el chance de contestar sus preguntas y hablar de cómo nos gusta o no el surf, sino porque estuvimos sentadas esperando por media hora mientras nos perdíamos la presentación de Manchester Orchestra. Calculen el humor que se traía Jimena. Yo me había preparado para lo peor; ya saben… prensa tica, banda pequeña, nombre impronunciable. No hay festival, disco o cantidad de público que nos ponga en su radar, y eso está bien, siempre y cuando nos avisen con antelación y no nos hagan perdernos a una de nuestras bandas favoritas. Puntos de amistad a la organización, que en todo momento se mostró preocupada por nosotros y buscó resolver el desorden con eficacia.

Por suerte logramos llegar a las dos últimas canciones de Manchester Orchestra. “The River” impecable. Modus quinceañera encendido de nuevo, por lo que corrí al backstage a ver si encontraba a Andy Hull. Con disco en mano, me colé en un meet and greet y justo cuando se retiraban a sus camerinos lo puse en las manos que buscaba. “Ah, si ustedes tocaron a las 3:00 p.m. en el Bosque. Nosotros fuimos a verlas, nos gustó mucho”. Me morí.
De vuelta al cafecito me dicen que Ximena Sariñana me anda buscando. A Ximena la encontré justo luego de su conferencia y comentamos sobre el importunio de nuestros horarios, otra vez. Resulta que a mi me gusta su música y quería ir a verla en Austin, pero nuestros conciertos chocaban. Resignada decidí esperar a verla en La Guácima. FAIL. Misma historia.
En fin, una vez en el café conversamos un poco sobre su viaje a Japón, el público, el calor y demás. Es una chica tan agradable que impresiona.
De repente aparece Wayne Coyne con su saco roto (según Julian de Bomba Estéreo ha estado así por meses) preguntando por monos y volcanes. Jimena y yo casi que nos ofrecimos a llevarlo pero las miradas de los encargados nos obligaron a retirar nuestra oferta. “Tome agua, no tome tanto café”, le decía Wayne a Jimena, quien se aferraba tanto como fuera posible a los aspectos positivos de su pequeña adicción.
La cena fue maravillosa, creo que ayudó también el hecho de que no había comido nada en horas. Alexandro Baviera concordó y luego se retiró lleno de alegría. Creo que nunca lo había visto tan feliz y lo conozco de hace mucho.
Después de hablar mucho sobre la amistad que tienen Cage the Elephant y Machester Orchestra con Brand New, decidimos acercarnos a hablarles. “No vaya a hacer monólogo de Brand New”, le advertí a Alessandro Solís, quien básicamente idolatra a los muchachos. La conversación nos llevó entonces a SXSW y a compartir historias graciosas sobre Daniel Johnston quien, según Matt Shultz, profetizó su muerte en un accidente aéreo. “Oye, gracias a él me es imposible relajarme en aviones, siempre pienso que será mi último viaje”.

Y entonces llegó el momento de alistarse para ver a los Lips. Los bailarines ya habían sido seleccionados, pero había espacio para más, espacio que Diego Arias tomó gustoso al lado de Ximena Sariñana quien me llamó a acompañarlos. El asunto es el siguiente: a pesar de que bailar en tarima con los Flaming Lips es una experiencia única en la vida, verla abrazada a mi esposo, llorando durante “Do You Realize” también lo es para mí y no quise perderme de esta última. La verdad no me arrepiento de mi elección, me cambió la vida.
“Todo depende del amor, Costa Rica tiene mucho amor. Me gusta mucho este lugar”, dijo Wayne después de que le agradecí el concierto con lágrimas en la cara. Yo estaba lista para ir a casa.
Llegamos finalmente a eso de las 3:00 a.m. a La Alondra pues debíamos esperar a que todos partieran de La Guácima para recoger nuestro backline. Bueno también nos atrasó el McDonalds de rigor y eso de manejar la pista en dirección a La Garita por unos 15 minutos ("¿Hey, la Dos Pinos no debería estar del lado derecho?").
El domingo no empezó con muy buenos aires. Todos nos quedamos dormidos y el carpool arrancó apenas a las 11:30 a.m. Como imaginarán tuve que encender mi casete de Meteoro para poder llegar a tiempo para Alphabetics. Debo decir que pocas veces me he sentido tan orgullosa en mi vida. Fue lindo verlos a todos ahí arriba, saber lo que significa para ellos, lo que han tenido que trabajar para alcanzarlo y cómo la gente lo vive también y los acompaña. Una cosa si, me habría gustado más en el escenario del Bosque porque era más íntimo.

Hay algo que debo mencionar en este momento. Hace más o menos 12 años estábamos Bryan Rothschild (Alphabetics), Felipe Pérez (424) y yo deambulando sin rumbo por las calles de Sabana Sur. Ellos eran compañeros de colegio de mi prima y estaban en su etapa de patinetos. Bryan y yo nos despreciabamos; claro, competíamos por la atención de la prima, pero ese día dejamos pasar nuestras diferencias y nos permitimos bromear sin ladrillazos (más tarde compartimos las vacaciones haciendo trabajo social en el Simón Bolivar y todo cambiaría para bien). Recuerdo que fuimos a La Universal a "pasar el rato" y en algún momento hablamos sobre ese sueño que todos teníamos en común: la música. Me parece entonces conmovedor que estuviéramos los tres tocando en este Festival Imperial, Felipe concuerda conmigo, con Bryan no he podido hablar (hola). -Fin del minuto emo-
Con esto en la cabeza me fui a ver a Bomba Estéreo que me dejó boquiabierta con su cumbia psicodélica. Lamentablemente el calor resultó insoportable y llegó la hora entonces de encontrar refugio contra la insolación. Acompañando a mi esposo en sala de prensa me encuentro con Matt Levin del Tico Times, quien me conversa un poco sobre su experiencia. También me encuentro con unas mini salchichitas perfectas para matar el hambre del momento.
Con el estómago lleno llegó el cansancio y la decisión de no moverse más de lo necesario. Entonces me senté en El Bosque a ver a Colornoise y Zópilot. Aclaro de una vez: amigos yo no uso drogas, a veces las personas que no duermen bien también pueden tener los ojos rojos y desorientados. Bien, listo eso, hora de sacar las gafas comunales.

Luego de la impresionante presentación de TV on the Radio me fui al área de artistas a recuperarme del cansancio extremo. Fue ahí donde me encontré con Dave Sitek, Kyp Malone, Hash Vyas y eventualmente Wayne Coyne, quien llegó muy emocionado a mostrarnos su video del monito cariblanco.
Todos queríamos ver a Björk, pero pocos podíamos movernos. De repente empezamos a ver olas de lentejuelas corriendo hacia el escenario y la decisión debió ser tomada: "se escucha igual de bonito desde acá". Nos quedamos entonces hablando sobre la escena musical actual, el movimiento que crece poco a poco en Costa Rica y cómo "Ian Mckaye arruinó nuestras vidas".
La noche me vio encontrarme con los artistas nacionales (Zópilot, Colornoise, Huba & Silica, 424) e internacionales en el Hotel Intercontinental donde se vio a Björk bailando al ritmo de Skrillex, quien estaba muy emocionado de encontrarse en Costa Rica. También se escucharon gritos que recordaban el Spring Break 99' y el amor por las quesoburguesas, hubo shuffling islandés, preocupación de los gerentes y charlas muy amenas sobre el existencialismo y las leyes de la física en el universo. A pesar de los esfuerzos, Diplo fue el único que logró llegar a la piscina.
Creo que lo que quiero destacar de todo esto es el ambiente familiar que generó el festival en un contexto que nos brindó un sentido de pertenencia sin jerarquías y sin malos tratos. Esta clase de eventos presentan una oportunidad y un aprendizaje tanto para el público como para los artistas nacionales. Vean a Sonámbulo que va para Austin City Limits y de ahí a comerse al mundo. Véanse todos ustedes que a su manera vivieron momentos inolvidables en sus vidas.
Claro, nada de esto es posible sin la respuesta del público. Así que chicos, gracias por responder y por impulsar la continuidad de estas iniciativas que al final nos llenan a todos por igual. Espero verlos pronto.



























