Estamos en un mundo en el cual se torna cierto la cita que se le atribuye a Benjamín Franklin “time is money”. ¿Pero hasta que punto estamos dispuestos a llegar?
Podría escribir páginas y páginas al respecto pero puntualicemos algunas acciones que evidencian esta necesidad de vivir a toda velocidad.
Primero vimos surgir restaurantes de comida rápida que sin ser la opción más nutritiva ni la más económica se tornó en algo tan común como las tortillas palmeadas con queso fresco. Poco tiempo después se inauguró el famoso servicio express que degradó aun más la calidad de estos alimentos, pero nos ahorramos el tener que salir de la casa.
En supermercados empezamos a encontrar vegetales congelados (ya cocinados) e incluso las cajitas con cenas completas congeladas. Desde lasaña hasta carne con puré y vegetales. Hay supermercados que ofrecen la opción de hacer las compras en línea y que se las lleven hasta la puerta de su casa.
Yo como trabajadora, estudiante y madre soltera he comprado en muchas ocasiones de esos alimentos, y probablemente lo seguiré haciendo pues representa una oportunidad de invertir ese tiempo en mi hija, mis estudios, un buen libro o alguno de esos programas de detectives y policías que confieso tanto me gustan.
Pago mis recibos por internet, veo las noticias mientras almuerzo o las escucho por la radio mientras me dirijo a una reunión, a la universidad o a las clases de ballet. En mi generación (soy modelo 82) somos profesiones del multitasking, no solo por gusto sino por necesidad.
Pero todo tiene un límite.
El pasado lunes 30 de abril, a eso de las 8:00 am caminé al AMPM de Guachipelín para comprarme un desayuno pre-empacado. Al salir del establecimiento y dirigirme hacia San Rafael de Escazú note un bebe dentro de un vehículo, pero no podía divisar ninguna adulto dentro del mismo.
Por un momento pensé que, por ser el carro polarizado, no podía ver bien. Pero no. Mi vista no me falló. En efecto en la parte de atrás del carro, sentadito en su silla, había un bebé de menos de un año con su chupeta y grandes y curiosos ojos bien abiertos.
Me dirigí a la floristería a la par de la cual estaba el vehículo y la dependiente me indicó que no vio quien se bajó del mismo. Se lo reporté al guarda de seguridad del centro comercial quien con cara de “ese no es mi trabajo” me dijo “yo no sé nada” sin moverse de su puesto.
¿Será que solo a mí me parece que esta es una acción inexcusable?
Desafortunadamente no andaba mi celular, pero de haberlo andado hubiese llamado al 911 y documentado lo sucedido con fotos. Lo único que se me ocurrió fue pedirle al cajero un teléfono para reportar la situación. El joven encargado de la tienda no me presto el teléfono sino que me pidió que le enseñara adonde estaba el bebe solo. Lo lleve al parqueo, le enseñé el auto (aproveché para apuntar la placa) y cuando por fin verificó que no había un adulto dentro del vehiculó o cerca nos devolvimos a la tienda a llamar.
En ese momento salió del establecimiento comercial un joven, muy bien vestido, con una gran sonrisa en su cara, quien apuró su paso hasta llegar la vehiculó VW Jetta, placa 801583 y se dispuso a salir, bastante apurado del parqueo. El encargado de la tienda al ver esto se despidió y volvió a ingresar al local.
No me pude contener y corrí unos cuantos pasos, apenas me dio tiempo de tocarle la tapa del carro y hacerle señals para que se detuviera. Abrió su ventana unos centímetros y aproveché para decirle que era una gran irresponsabilidad lo que había hecho. ¿Cómo va a dejar a un bebé en un carro solo? También le dije que lo iba reportar al 911.
Rápidamente cerró su ventana, salió del parqueo, y se fue. No me dijo ni una sola palabra. De todo pasó por mi mente. ¿y si el bebé se ahoga con todas las ventanas cerradas? ¿y si otro conductor se sale de la carretera y le choca? ¿y si se roban el carro con todo y bebé?
Apenas llegué a mi oficina procedí a reportarlo al 911 quienes a su vez, según me informaron, remiten la situación al PANI Sin embargo, continuo con este sinsabor de lo mal que estamos estableciendo nuestras prioridades como sociedad.
¿Hasta que punto estamos dispuestos a llegar para ahorrarnos un par de minutos?





















