
Cada cierto tiempo recuerdo el nombre de una niña que desapareció en 1989, ella tenía 8 años en ese entonces.
Justamente hoy de camino al trabajo Wendolyn Blackshaw apareció en mi dialéctica interna matutina.
Nada en particular despertó el recuerdo enterrado de esta persona.
Su caso fue bastante impactante para mí, no tanto por el trasfondo, que en ese momento se sentía tan foráneo como una guerra en otro continente.
Me marcó de un modo profundo debido a la insistencia de mis padres, específicamente mi padre y su mente perturbada. El creció en una casa abusiva y lamentablemente terminó siendo un estereotipo de estas personas abusadas.
En su afán por protegernos nos ahogaba con su obsesión por la seguridad, el orden y la disciplina. A diario me recordaba que no me alejara, que no saliera, que no respirara porque de lo contrario iba a terminar como esa niña que se perdió a 150 metros de su casa.
Es traumatizante para un menor vivir en una casa donde sus padres no logran llegar a un acuerdo en cómo criar a sus hijos. Mi madre que no sufrió abuso al crecer, era normal y pensaba de un modo más relajado lo cual importunaba a mi padre.
Esto siempre terminaba en pleito y el único testigo era yo. Era como tener dos vidas, el terror de la casa principal y el resto. Era feliz con la familia de mi madre pero cuando estábamos en casa con él todo era un infierno.
Doy gracias por haber tenido una familia materna que en la medida de lo posible estuvo ahí para distraernos y que al final la estupidez humana no se apoderara completamente de mi madre como para quedarse toda una vida con ese tipo.
Uno nunca sabe que pasa a puertas cerradas y hay gente que dice que mejor así, pero en ocasiones hay que denunciar. Si uno se queda callado se convierte en parte del problema.
No sabemos si alguien vio lo que sucedió con esa niña o con muchos otros menores, pero por miedo no dijeron nada. Lo mismo con la violencia hacia otros seres vivientes, debemos abrir la boca, nada cuesta.
Principalmente contra menores y animales, ellos están completamente indefensos contra el mundo.
No abogo mucho por las mujeres adultas que no logran salir del círculo vicioso, están dormidas, hay unas que si logran desprenderse de ese yunque pero la mayoría son un caso perdido. Es triste pero siempre vuelven donde el agresor y lo defienden. Educación y denuncia.
Wendolyn tendría 31 años y quien sabe qué clase de vida hubiese tenido y si la que tuvo por ese breve momento fue feliz o no.
Esas historias de vidas truncadas son tristes, aunque muchos dirían que sólo es selección natural, lo mismo con cualquier catástrofe o accidente.








