Sé que la intención es buena, pero no me ayuda en nada oir esto. Lo poco que he hecho, lo he hecho a punta de sudor. Pero cada vez que me dicen que soy muy inteligente, están diciéndome que no merezco lo que me he ganado a punta de esfuerzo. Están diciéndome que lo que puedo hacer en la vida, ya fue decidido por la naturaleza.
Están, sin intención, despreciando el esfuerzo de haber relegado a un segundo plano tantas cosas en busca de un sueño. Quizás un sueño de opio, pero un sueño al fin y al cabo. Cuando me dicen que soy inteligente, están tirando por la borda toda la educación que he recibido. Desprecian mi paciencia y mi concentración para dedicarle horas tras horas a una pasión. Pero aún así, no quiero que halaguen mi paciencia, ni mi capacidad de concentrarme, porque tampoco nací con eso, me lo enseñaron. Sí, eso se puede enseñar, igual a como la escuela y el colegio me dieron las bases académicas para poder rendir en una universidad.
Pero no solo eso. Al mismo tiempo, cuando me dicen inteligente, le dicen a la demás gente que también ellos están limitados por la naturaleza. Existen casos excepcionales, en ambas direcciones, de personas que tienen capacidades extremas. Mozart en un extremo, otros que todos alguna vez nos hemos topado en otro. Pero la gran mayoría de nosotros somos un grupo bastante típico en nuestras habilidades natas. Algunos más, algunos menos, pero todos aproximadamente igual de capaces al fin de cuentas.
No se trata de premiar cualquier esfurezo, ni de creer que solo basta con participar. Se trata de cultivar las capacidades propias. Alguna gente tiene problemas con los estudios, y siente que es un esfuerzo inútil. Quizás entonces, hay algo más básico y fundamental a lo que no se le ha dedicado tiempo. Vale la pena averiguar.
Como anécdota, en el cole tenía la peor condición física del universo, y sí, lo atlético nunca fue mi fuerte, pero asumí como mi destino no poder correr una milla en menos de once minutos! Ni siquiera intenté ir a correr por mi cuenta porque era sufrimiento. Lo que no asimilé, por necio, era que ese sufrimiento eran los síntomas de la superación. Lo descubrí más adelante. Lo que esto pone en evidencia es el efecto de una mala educación. De qué sirvieron las clases de educación física si ni siquiera me enseñaron a superar esto? Pues mi idea es que igual a como a mí, sin ser un caso TAN grave, me sucedió con educación física, a mucha gente le sucede que nunca logra ver más allá de su último fracaso, sea en matemática, el arte, o en cualquier otra área.
Ni Lance Armstrong nació listo para ganar el Tour de Francia, ni Albert Einstein traía un chip con la teoría de la relatividad. Gandhi no nació filósofo y Franklin Chang no nació astronauta.
Talvez peco de idealista, pero creo que la vida es ya suficientemente reto como para autolimitarnos. Pero no hay ningún problema, si alguna vez alguien me dice que soy inteligente lo tomaré como un tributo a todos los factores que fortuituamente se juntaron para darme las oportunidades que se me han presentado.
*Odio los posts con referencias autobiográficas, pero prometo que será el primero y el último.













