El fin del cine

17 Septiembre 2009 - 1:08am
por Cirdan

“Fin du cinéma/fin du monde”.

Con esa pesimista frase es que termina Week-end, la última película que Jean-Luc Godard dirigiría en su época más exitosa y fértil; lo que se conoce como la Nouvelle Vague francesa. Godard, dicharachero y provocador como pocos cineastas, también dijo alguna vez que “una historia debería tener un inicio, una mitad y un final…pero no necesariamente en ese orden.” Tomándole la palabra es que me propongo empezar esta primera columna por el final, con el "fin du cinéma" (por el fin del mundo ni me preocupo). Pero no exactamente con el fin del cine como medio masivo de arte y entretenimiento, eso sería demasiado ambicioso, sino que con el fin del cine como espacio de proyección y exhibición de películas al público.

Para empezar, tomemos un breve viaje al pasado para recordar las diversas re-invenciones del cine. En la primera mitad del siglo 20, el cine fue el entretenimiento de masas por excelencia. Incluso ahora, esos tiempos son recordados como la “Edad de Oro” del cine mundial. Pero ya para los años 50 era la televisión, risueña y coqueta, quien se estaba convirtiendo en la niña mimada de la familia, lo que ponía a temblar al cine quién presentía que sus años como el favorito de la casa llegaban a su fin. Para contrarrestar esta tendencia, los empresarios de la industria decidieron que “más es mejor” y construyeron los extravagantes y coloridos palacios de cine que buscaban brindarle una experiencia a la audiencia que era imposible de replicar en la sala de la casa.


Cuando éramos reyes. Arriba: el Cine Palace y el Cine Rex. Abajo: el Teatro Raventós.

Unas 20 toneladas de sandalias e imitaciones de espadas después, Hollywood estaba en bancarrota. Sus excesos, reflejados en los mismos cines en que se presentaban sus películas, lo llevaron al borde del abismo. Coyuntura que se mostró propicia para que ingresaran a escena los hippies, alcohólicos, radicales y cocainómanos que se apoderarían de Hollywood desde finales de los 60 hasta inicios de los 80. Su marca de películas intimistas, subjetivas, conversacionales y contra-culturales llevaron al cine lejos de los palacios y hacia la sobriedad de los cines urbanos. Estos se caracterizaban por dejar de lado los lujos innecesarios e ir al grano: una boletería, un stand con gaseosas, palomitas y otras porquerías y la sala en sí. La fila se hacía en la acera y, cuando terminaba la película, otra vez todos a la calle.


La Sala Garbo popularizó el estilo "bunker alemán" en los cines urbanos del país

87 sobredosis, 53 exilios y 22 “nuevas olas” después, el cine urbano había perdido su caché. A lo mejor porque a la gente ya no se le hacía tan atractivo salir del cine solo para encontrarse de frente con un adicto al crack pidiéndoles unas “moneditas”. O a lo mejor porque en la era post-Lucas/Spielbergo, las grandes épicas llenas de efectos especiales que tanto se popularizaron clamaban a gritos por mejores asientos, pantallas y equipos de sonido. Sea como sea, los cines urbanos iniciaron un proceso de diversificación en el que se convertieron en cines pornográficos, iglesias evangélicas o lienzo perfecto para graffiteros. A veces las tres al mismo tiempo.


Jesucristo vive en el antiguo Cine Futurama de Alajuela

Eso nos lleva, finalmente, a nuestra época: la del dominio del multiplex. Cuando pienso en multiplex, lo único que se me viene a la mente son luces enceguecedoras, una cacofonía de ruidos, filas interminables y nachos con queso de cuestionable procedencia. Pero tampoco voy a interpretar el papel del viejo gruñón (ese es juego para hombres); el multiplex nos ha dado los asientos estilo estadio, el aire acondicionado polar, la proyección digital, el sonido surround, baños (relativamente) limpios, cómodos parqueos y múltiples horarios que se adaptan a nuestras agitadas vidas.


El multiplex en un raro momento de introspección

Mi problema con el multiplex es que está especialmente creado para recibir a un tipo de cine en específico: el espectáculo hollywoodense. El multiplex se siente en su elemento cuando lo visitan robots transformistas, hombres en mallas y elfos de mirada melosa. El multiplex disfruta con el musical, el histrionismo, los cambios de disfraz y el rímel corrido. Pero, más allá de sus tendencias homosexuales, al multiplex no le gusta el cine “diferente”: llámese de autor, artístico, alternativo o experimental. Este cine “diferente” se ve recluido al ghetto del circuito festivalero y de las pequeñas e insalubres, pero románticas y nostálgicas, salas “arthouse”. Su audiencia se ve invisibilizada. Un puñado de fantasmas, nada más.

Pero, como en los años 50, el multiplex y todo cine en general se encuentra intranquilo ante el avance de un nuevo cuco: ya no es solo la televisión, sino que es el home theater, el DVD, el video-on-demand y la internet. Las personas ya no tenemos que salir de nuestras casas para disfrutar de una amplia gama de opciones cinematográficas. Las películas las podemos bajar de internet, comprarlas por medio del pay-per-view; hasta los videoclubs empiezan a tener servicios express. Es la gloriosa victoria del mínimo esfuerzo y nos regocijamos en ella. El cine trata de responder con pantallas IMAX y con la resurrección de la 3-D, pero eso solo sirve para cierto tipo de películas: para los blockbusters o películas animadas. ¿Qué razones tenemos para ir al cine a ver las películas que no aprovechan esa tecnología?


El enemigo del cine

Supongo que lo que a mí me lleva al cine es la búsqueda de algún sentimiento de comunidad, una especie de interacción implícita compartida con el resto de personas que asisten a la sala. Estamos en la oscuridad, no nos vemos ni las caras y tampoco nos hablamos. Pero reímos juntos, lloramos al unísono, nos morimos de miedo en masa y electrizamos el ambiente con la carga de toda nuestra tensión acumulada. Lo que es más, compartimos la percepción, con complicidad silenciosa, de que lo que estamos disfrutando es en verdad una película sobresaliente y que somos privilegiados de estar frente a ella. O, en su defecto, de que la película es una mierda y todos caímos en el chiste de verla.

Eso es lo que busco. Pero lo que encuentro, la mayoría de las veces, son celulares ring-rineando a media película, grupos de pubertos hablando en voz alta en todo momento, bebés llorando, al tipo de a la par masticando ruidosamente sus nachos de gasolinera, a la tipa del frente teniendo un ataque de tos, a las parejas de atrás besuqueándose como si los labios fueran a pasar de moda y, la actividad que más me molesta, a medio cine levantando sus pies sobre los asientos de la fila de en frente como si estuvieran en su propia casa. Y es ahí adonde probablemente deberían estar.


El protector del cine

Pero si esa gente decide ver sus películas en casa, se nos mueren los cines. Desde hace varios años, las asistencias han disminuido considerablemente. Los cines ya dependen completamente de su venta de comidas para sobrevivir. ¿Llegarán a morir los cines? Pienso que no. Pero lo que sobrevivirá serán cines dedicados exclusivamente, más de lo que ya son ahora, a los grandes blockbusters y al cine-espectáculo. Los espacios para el otro cine, me temo, desaparecerán lentamente por completo.

Yo, por mi parte, cada vez voy menos al cine. Y siempre que lo hago, voy sin compañia, a tanda de 9, entre semana y nunca compro comida. Es más, entre menos gente y menos comida ingresen a la sala, se supone que más feliz estoy. Hasta que un día, hace un par de años, me encontré completamente solo viendo The Queen de Stephen Frears en una sala de Multiplaza del Este. Yo y la pantalla, nada más. Ya yo como espectador no aportaba nada, me había invisibilizado, me había convertido en un fantasma. Un fantasma que pasa sus noches viendo películas en su cuarto oscuro enfrente de una laptop sintiéndose nostálgico por un tiempo en el que la gente iba frecuentemente al cine a disfrutar de películas estimulantes y luego seguían directo al cafetín o bar de la esquina a discutir las implicaciones de lo que acababan de ver. Una época en que las películas cambiaban el mundo.

En fin, un fantasma sintiéndome nostálgico por un tiempo que probablemente nunca existió y que, en todo caso, nunca viví.


El autor de esta columna se cree fantasma.

Algunas películas relacionadas con el tema:

  • Goodbye Dragon Inn del taiwanés Tsai Ming-Liang narra lo que acontece en la última función de un viejo cine a punto de ser cerrado. La película prácticamente no tiene diálogo y básicamente se limita a seguir a las pocas personas que asistieron al cierre de este descuidado (y embrujado) cine. Melancolía a granel.
  • Fantasma del argentino Lisandro Alonso sigue a los personajes de sus dos anteriores películas (La Libertad y Los Muertos) mientras tratan de encontrar el pequeño cine en el que se proyectará la segunda. Alonso aborda cuestiones de representación, la falsedad del cine y la decadencia de las "arthouses" en poco menos de una hora. Bravo.
    • The Last Picture Show del estadounidense Peter Bogdanovich es uno de los clásicos del "Nuevo Hollywood" de los años 70. No tiene demasiado que ver con el cine, pero dibuja paralelismos entre el cierre del cine del pueblo y el fin de la adolescencia de los personajes principales. Ah, y es excelente.
    • Nuovo Cinema Paradiso del tano Giuseppe Tornatore. En Apreciación de Cine me dijeron que era una de las mejores películas de la historia. Al final, toda la gente lloraba. Yo no entendía nada. Pero a la gente le gusta. Entonces la recomiendo. Aprovechen y llevan al abuelo. Excepto que sea diabético porque, con la cantidad de sacarina celuloidal que tiene esta película, se les muere.

el fin del cine, pero un gratísimo inicio para una columna desde hace mucho necesaria.

dejo el smiley nuevo que supongo incluyeron para esta ocasión:

bravo

y yo no voy al cine, pero amo los nachos.

Excelente artículo, Cirdan, chapeau!

Rescato esta frase que me halagó la retina:

Quote:

Es la gloriosa victoria del mínimo esfuerzo

Así de triste es nuestra vida moderna.

El cine no morirá, pero se reinventará, quién sabe si llegaremos a experimentar, como los personajes de A brave New World, de Huxley, las películas con olores variados emanando de las pantallas.

Edito: Parace que ya lo logramos Shocked

Películas con olor


Quote:

Jesucristo vive en el antiguo Cine Futurama de Alajuela

Hilarante.

El cine a las 11 AM con dos estereotipos más en la sala es lo mejor.

Yo no me creo fantasma ni juego de hombres, pero si me da mucha pereza la gente y sus teléfonos, enfasis en la gente.

Mae yo tambien recuerdo la clase con Ma. Lourdes en la que hablaba de Cinema Paradiso (que hablan arriba) y como la vida de las salas de cine tiene sus etapas, es hasta normal que pasen por cine porno antes de morir, como es el caso del Universal.

Sigo creyendo que de una u otra forma la pirateria atenta seriamente contra la produccion, y proyeccion. En este caso, es mas barato comprarse la cinta quemada que ir al cine.

Ojalá, aprovechemos ahora que podemos.

Saludos.

Muy bonito debut, Cirdan. Se nota y agradece la labor de síntesis y prosa amena.

Yo recuerdo con particular cariño la primera vez que me llevaron al Magaly. Fue para una función de Los Locos Adams y en aquel momento pensé que era el cine más bello que jamás había visto.

Aún pienso igual.


Cirdan escribió:

al multiplex no le gusta el cine “diferente”: llámese de autor, artístico, alternativo o experimental. Este cine “diferente” se ve recluido al ghetto del circuito festivalero y de las pequeñas e insalubres, pero románticas y nostálgicas, salas “arthouse”

Lo más probable es que si al multiplex le gustase, pues casi que automáticamente se catalogaría como "vendido" al cine 'diferente', en particular si logra tener aceptación por parte del público.

Lo marginal, por llamarlo de alguna forma, del mundo del cine 'diferente' es lo que le da cierta credibilidad en el mundo del arte. La aceptación popular le quita ese romanticismo de ver algo exclusivo o exótico, obligando al cinéfilo a escarbar aun más profundo en el underground.

Ahora, con respecto a la costumbre de ir al cine, pues realmente no la tengo. Si acaso voy una vez cada 2-3 años, porque simplemente prefiero la comodidad de ver las películas en casa. Así puedo ir al baño cuando quiera, ver una y otra vez las escenas que me llaman la atención, devolverme si resulta que me dormí un toque, y evitarme el disgusto con los malnacidos que no pueden APAGAR el teléfono -como si no molestara también estar escuchando el 'bzzz, bzzzz, bzzz' porque tienen que estarse mandando mensajes compulsivamente durante toda la película- o con los que tienen problemas para mantener el pico cerrado durante la película.

El cine en algún momento cambia o marirá, la evolución es la evolución.
Cada ves que veo a mi madre poner un disco de acetato veo mis discos tirados y mi reproductor mp3 sin espacio para una canción más... shrug
Las cosas cambian y creo que si no queremos ser unos viejitos cascarrabias hay que adaptarse , como un selor que conozco que tiene como 65 años y tiene email para su negocio y toda la vara Smile
Cada dia que pasa el cine cambia un poco más, dentro de unos 50años espero ir a ver el último estreno Rocky 35 LOL
Buena columna hacía falta, que nostalgia por ir al cine me ha entrado clap

Me remonte a los dias del Cine Rex... del Palace antes que se llenara de hamburguesas... excelente articulo Cirdan!

Mae Cirdan bow

Mae qué análisis más completo del sétimo arte... me ha hecho harta gracia ver que no soy el único que se muda y se va para el cine solo a ver una película por el simple placer de disfrutar el espectáculo...

Igual que varios, las fotos me recordaron mis tiempos infantiles en los que fui a parar con mis papás en el Cine Rex a ver Bambi o la Cenicienta... así como también fuimos a parar al Cinema 2000 cuando sólo se pasaban películas inocentes para niños en vez de las películas con "niñas inocentes" que pasan hoy en día...

Huuuu excelente Cirdan... bravo

En realidad a uno le da como nostalgia cada vez que lee algo así... no dejaste nada por fuera y la lectura fue amena. Sencilla y con fondo.

Recordé mi primera vez... Cine Rex, segundo piso, primera fila, palomitas y mis ojos brillando ante el fondo del mar: La Sirenita.

Después de eso... VHS, DVD, la compu no (me parece un insulto y no se aprecia) y cine. Siempre el cine, ahí va a estar, silencioso al principio, lleno de amor, desepción, rimel, senos, traición, drama, terror, lentitud, rapidez, lágrimas... es una lista interminable.

Me gusta ir sola, pero la conversación de la película justo después de haber salido de la sala no la cambio.

De nuevo... excelente!

Pensaré en el cine todo el día.

Ah, el cine. Pocas veces iba de niño, pero sí recuerdo cómo me impresionó una tanda de cortos animados (y poco conocidos) de Disney en el Rex. Probablemente desde ahí empezó mi afinidad con todo lo que son caricaturas y muñequitos. Smile

Yo tengo una definición para los multiplex que se reproducen como conejos en cuanto mall (sustituto moderno del paseo dominical al campo) se estrena: Una red de megapalacios modernos en donde todos ponen las mismas cuatro o cinco películas que Hollywood determina que son lo que el vulgo tiene que gustar, celebrar y aplaudir. Y lo peor es que casi siempre terminan teniendo razón.

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