En mi línea de trabajo me he topado muchos músicos, todos con distintas aspiraciones e ideas sobre lo que es el éxito. Con unas visiones se puede simpatizar, mientras que otras son simplemente repugnantes. Como todo en la vida supongo. Hay gente que hace su trabajo con integridad, creciendo como persona y disfrutando lo que le dejan al mundo, y hay quienes nada más quieren estar en la cima, sin disfrutar el camino que normalmente los pondría ahí.
Y es que si hay una fantasía que se nos ha vendido es la de la fama musical. El dinero, el reconocimiento, el éxito con el sexo opuesto, las fiestas… ¿Quién no querría eso? (Resulta que muchas personas. Pero de eso no trata esta columna. Tampoco es una crítica al deseo del éxito comercial. Maldita sea, si su mayor aspiración con su banda es huírle a los paparazzi mientras sale de un club con Paris Hilton, ¡adelante! Yo no soy quién para criticar eso. El punto de hoy es la forma en la que se hace, no lo que se haga.)
Entonces, hay músicos que lo que quieren es pegar. A como dé lugar. En un mundo ideal, esto significaría ensayar, ensayar, ensayar, ponerle duro, y ser suficientemente inteligente para saber cómo moverse en un país en el que la escena es tan complicada. Y digo complicada porque parte de lo que falta para tener una escena mucho más masiva, es público. ¿Cómo hago para que el público apoye mi banda?
Aparentemente, inventar ese público es ahora una realidad.
Hay cosas que se ven mucho en radio. Las bandas que ponen a la gente a llamar es algo que siempre se ha visto. Hay casos de casos, eso sí. Hace unos años, cuando trabajaba en otra emisora había un tipo que todos los días, a la misma hora, llamaba a pedir música de la banda en la que tocaba. Y trataba de disimularlo, sin éxito. Siempre sentí que este era el equivalente de rogarle a la gente en la calle.
Es común también ver como bandas hacen “campañas” para que pidan su música en radios. Ahora, como consejo, es demasiado evidente cuando sucede, y cabe la posibilidad de que lejos de traducirse en más reproducciones al aire, lo único que haga es convencer a quienes trabajan en una emisora que la banda no tiene público real más allá del que le pueden dar unos cuantos seguidores insistentes (que siempre, siempre son los mismos).
No me malinterpreten. Está bien que las bandas movilicen a sus seguidores para que se manifiesten en medios. Háganlo. Pero tomen en cuenta que hay una delgada línea entre fanáticos que tienen un interés legítimo por escuchar una canción, y grupos de fiebres que lo que hacen es spam. Y es muy fácil notar la diferencia entre ambos.
Pero creo, tanto como alguien que trabaja en un medio como un fanático de la música hecha acá, que todo este tipo de estrategias deberían de estar amarradas a la verdad. Flaco favor nos hacemos si, a pesar de todo lo difícil de mantener una banda en el país, además engañamos a la escena que nos rodea. (O peor aún, a nosotros mismos).
De ahí que sorprenda e indigne el saber que hay bandas que están creando perfiles falsos de Facebook para auto promocionarse.
Es algo que definitivamente sucede. Hay hasta empresas que ofrecen ese servicio. Facebook tiene políticas para evitarlo, pero todavía dependen de que ciertos perfiles sean reportados. Pero es que de repente ver un perfil que no interactúa con gente, sus fotos son todas de un tamaño pequeño y de cosas que fácilmente podrían encontrarse en Google, y que lo único que hace es ir a páginas de radios a pedir canciones, una y otra vez, ciertamente lava la voluntad y le resta mérito a cualquier logro que pueda alcanzar una banda que haga esto.
Esto no es una diatriba contra los perfiles falsos, que supongo es algo que seguirá sucediendo. Es contra el fondo que presenta, de cómo en una escena en la que sabemos que las oportunidades no necesariamente abundan, hay gente que prefiere comprar su lugar en la cima que trabajar para conseguirlo.
¿Es tanta la ambición? O mejor dicho, ¿la desesperación? Yo me pregunto, ¿qué mérito tiene sonar en radios si se basa en datos falsos? ¿En fanáticos que no existen? ¿De qué te sirve tocar aquel concierto grande si lo hiciste con votos manufacturados por vos mismo? ¿Y a qué puede una banda aspirar a futuro si ese primer gran y, se supone, auténtico paso de conformar una base de seguidores es fingido?
Hay un momento para todo. Un momento en el que los factores se alinean y las bandas empiezan a ver como todas las fichas caen a su favor. Pero hay que saber manejarlo. Y muchas veces el saber manejarlo depende de ese tiempo en que las bandas la pulsearon, esperaron y se vieron eventualmente recompensados. Se puede buscar, pero no creo que se pueda crear de una manera tan artificial como algunos pretenden. Menos comprando los medios para llegar a la cima.
Eso mejor que se lo dejen a Rebecca Black.

























Usted lo dijo TODO. 




