Instinto de tropa
Decía Manolo en una de sus inspiradas charlas que es inevitable ser parte de las cosas, si algún día iba caminando por la calle y de reojo se encontraba con alguien viendo hacia arriba, pues era instinto mirar hacia arriba para ver qué tenía entretenida a la otra persona, si algún día viese a veinte personas subidas en árboles primero se subiría y luego le preguntaría a alguien que demonios hacían allí, si hubiera visto a todo el mundo corriendo, él correría, Godzilla podía estar en camino. Hacer lo propio sin importar la situación decía, es instinto.
Esa parte intrínseca, frenética y peluda de nuestro complejo grupo de neuronas, esa parte que nos dice con fuerzas que necesitamos aceptación o que es bueno ser parte del club porque el club está haciendo lo que sea para sobrevivir, nos ayuda en estos tiempos post-godzíllicos a ver como necesario entrar en la orden de iluminados que han visto el último pseudo video pseudo pornográfico de la pseudo celebridad de la semana (hey ¿si juanito se tira de un precipicio usted también se tira de un precipicio?), nos ayuda a sentirnos como parte del churuco si leemos el periódico con la última encuesta de la que somos parte, nos hace querer apreciar la belleza de los bits, las deliciosas relaciones de ciencia ficción y nos hace querer masacrar a un jugador de fútbol por no ganar un partido.
Nuestro instinto de tropa nos ha llevado a una frontera difícil de entender del hedonismo (quizás la frontera final), por la capacidad limitada de nuestro inmaduro cerebro, es necesario sentirnos identificados con símbolos, banderas y equipos de fútbol, más que inevitable, se nos hace necesario ser parte de las cosas, está bien, de todas formas no necesitamos muchos personajes de novelas de Palahniuk caminando por las calles.
No hacen falta esos mensajes optimistas que nos tiran en todos los cocowash empresariales, no hace falta recordar que siempre tenemos la camisa del equipo puesta, tampoco hace falta recordar que lloramos cuando vimos a Claudia alzando la banderita de Costa Rica o cuando alzó el estandarte Briceño.
Nuestro instinto de tropa es natural, necesitamos lo artificial para ser más hombres y mujeres, todos nuestros sueños y fantasías de principitos o ecuaciones cabalísticas, todos nuestros gritos desesperados por llamar la atención y nuestro apetito por los cátodos y los transistores, todos los videojuegos donde le disparamos a una prostituta por morbo o manejamos un carrito con un dinosaurio, todos los viernes de cuaresma sin mortadela y las vacaciones del miércoles para ver el partido son la parte de nuestra historia, la historia que hacemos para sentirnos parte de las cosas.
"Yes I'll tell you, I'll tell you why I'm lying here... but God forgive me... and God help us all... because you don't know what you ask of me."
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A fin de cuentas, es sumamente interesante ver la adaptación cultural que ha recibido nuestro instinto gregario... la necesidad de pertenencia es una de las mayores necesidades del ser humano, y todo el entramado simbólico es el que le da (o trata de darle) consistencia.
¡Me gustó!
PD.: Genial la selección de la imagen, y fabulosa la escena de 2001 que representa (inevitable recordar la música asociada al ver esa imagen).
Jaja que jeta que Arce fue profe suyo. Todo un personaje.