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Con las tildes sobre las íes

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Llevo unos diez años prometiendo que a partir de mañana, cargaré siempre conmigo una bolsa plástica con bolitas de Purina. Dada mi condición peatonal, a menudo topo con perros de ojos tristones a los que bien les vendría un entremés, y me atormenta el sufrimiento de no poder ofrecerles algo más que compasión.

Diez años, y no lo he hecho.

Entre otras estériles promesas: sacar la licencia, aprender a coser, tomar clases de francés, limpiar el inbox de Gmail, memorizar la receta materna del rompope, y bueno, por ahí va el punto. Soy de esas detestables personas con más intenciones que determinación.

Para peores tengo la cáscara de sentirme culpable cuando me entero de alguna iniciativa ejemplar y me pateo la retaguardia mientras mascullo por qué no se me ocurrió primero. Justo hace un par de días, por ejemplo, encontré una nota de la BBC sobre Pablo Zulaica y su campaña de Acentos Perdidos, y aún trato de asimilar cómo es que a nadie le había dado el ayote para emprender una cruzada similar.

Pablo, al igual que Angélica, vivía atormentado por la cantidad de faltas ortográficas en los carteles y materiales publicitarios que saturan las calles. Pablo, a diferencia de Angélica, hizo algo al respecto.

Ojo la brillantez del muy granuja. Creó una serie de plantillas en forma de tilde, cada una con la explicación de por qué una palabra ‘X’ merece llevar acento. Cuando ve una palabra mal escrita en plena vía pública mexicana, saca la plantillita, la pega sobre la letra que corresponde, le toma una foto y la sube a su blog.

Boom.

En cuestión de semanas germinó un auténtico ejército de paladines de la lengua, y decenas de tildes furtivas comenzaron a aparecer por todo el DF. El blog se convirtió en una sensación, provocando la apertura de sendas sucursales en Argentina, Perú, Colombia, Venezuela y Costa Rica, por nombrar algunas.

¿Costa Rica? Aro. Tierra fértil de clientes cabezones y creativos distraídos, no se escapa a las atroces embestidas de la mala pluma. Un nuevo Pablo -esta vez Quirós y vecino de Cartago- se animó a tomar las riendas del proyecto en suelo tico, y no titubea al afirmar que sin el apoyo de la comunidad en línea, será muy difícil replicar el impacto alcanzado en otras latitudes.

¡Arriba, corazones! Si su Banksy interno vive en eterna frustración a causa de las endebles aptitudes artísticas contenidas en sus manos, he aquí una magnífica ventana de oportunidad. Cambie los tristes remedos de esténcil por las plantillas prefabricadas® de Pablo Zulaica y deje salir ese transgresor urbano enmascarado, que aunque sus obras quizá no vayan a recibir palabras de aliento en deviantart, podrían formar parte del próximo gran fenómeno viral criollo. Solo que, err, este contiene un par de onzas más de lógica. ¿Un roncito, alguien?

Concluyo acá la incitación a las armas, puesto que mis deshonrosas tendencias a la procrastinación me despojan de toda autoridad moral para continuar predicando. Admito, no obstante, que ya imprimí las benditas plantillas, y eso es un comienzo.

Angélica León — es una herediana que divide su tiempo entre libros, repostería y estrategia digital. Piensa que la vida tiene mejor color cuando se recorre en bicicleta. En caso de dudas existenciales, se pregunta Qué Haría Tina Fey.
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