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¿A quién le importa Madonna?

El cliché acerca de Madonna es que ha atravesado más encarnaciones que ninguna otra artista.

Ninguna cantidad de karma negativo acumulado en una vida la persigue en la próxima: la hemos visto como una desgracia y como una bendición en la misma semana.

La primera feminista o la última reaccionaria falocéntrica (el posmodernismo inventa palabras bonitas y tiene unos años más en el mercado que Madonna). Se mantiene bien conservada a los cincuenta o es manual de uso de Photoshop. Fue honor y gloria del Super Bowl o deshonra del fútbol americano.

Fue tema de discusión obligatoria en la mesa de la cultura pop. No era materia exclusiva de E! ni una broma sobre-extendida. Una fotografía de ella puede resumir los años ochenta. Pero, en el 2012... ¿a alguien le importa Madonna? ¿Se alimenta la reina de la nostalgia?

Inmaculada proyección. Madonna ha sido, es y será manipuladora, oportunista, hipócrita y escandalosa. Exactamente como mi gata y merecedora de idéntica devoción.

Nadie ha acusado a Madonna de ser una gran cantante. Su cetro es de entertainer y nadie se lo arrebata desde 1983. Se dedicó a lo largo de la década a escandalizar al estadounidense promedio (el cual usualmente colabora) y salpicó al resto del mundo.

Lanzaba su aguijón, besaba a san Martín de Porres (símbolo de la mezcla de culturas) y salía corriendo cuando el Papa le reclamaba. A Madonna nadie jamás le devolvió los peluches. Si alguien se enojaba, ella cambiaría el tono a la semana siguiente y sería perdonada. Haters gonna hate.

Se impuso por lo que representaba. En su cuerpo cabían la mujer independiente, el hombre gay, la lesbiana desacomplejada, la mujer afroamericana, la latina elegante y la veinteañera incomprendida y sin dirección. El rechazado, la incomprendida y todos los que no cabían en las chozas de la aldea global conectadas a MTV eran uno en la autoproclamada reina.

Sexo y etcétera. Se le dedicaron estudios académicos desde su irrupción en la tele y no fue gratuito. Los Madonna Studies se ocuparon de lo que realmente la hacía importante. Era una mujer que se fabricaba a sí misma, un cuerpo volátil donde el género y la raza (ahora, etnia) se entremezclaban, chocaban y espantaban al convencional.

Madonna fue la self made woman en la era de las primeras ejecutivas, omnívora sexual en la cumbre del hedonismo ochentero y holograma ubicuo en la espiral televisiva de los noventas. En plena explosión de la inmigración en Estados Unidos, todos cabían dentro de Madonna, a todos les cantaba, a todos les robaba pedacitos de cultura para explotarla en sus videos-evento.

Si asustaba su imagen feroz, era porque retaba el pensamiento tradicional. Una mujer soltera en pleno control de su sexualidad, egoísta e independiente. Aniquilaba las diferencias de clase (al principio, antes de enloquecer por el lujo) porque todas podían vestirse y sentirse como ella; destruía el poder masculino cuando aparentaba rendirse y cuando hacía del sexo su deporte personal.

Fue la heroína del que todos despreciaban o ignoraban, una santa marginal. A veces, solo a veces, merece que se la tomen más en serio.Pero, claro, todo parece cosa de un pasado que hoy suena remoto: antigüedad pre-YouTube, pre-mp3 y hasta pre-Gaga. Para los que no pueden imaginar o recordar ese pasado, ¿significa algo esa viejita que canta?

Desde hace mucho, los escandalillos de Madonna han pasado de cuestionar la etnia y el género a cuestiones de mal gusto. ¿Que MDNA se parezca a MDMA escandaliza a alguien? ¿En serio la Kabbalah es para ella más que Sudoku? ¿Una canción que se llama “Gang Bang” sin motivo, de verdad? ¿Polada, mal gusto, malos consejos?

Donde la gente se une. Madonna es una artista musical. Si por su autobombo la descartamos, Nietzsche, Wilde y Dalí se irían en la colada. Inventó el dance pop con Michael Jackson, Pet Shop Boys: nos regaló la felicidad en 3:30 minutos.

Que la calidad de su música es errática nadie lo duda. Acá que opinen los expertos, pero Hard Candy y American Life son una cosas espantosas y recibir placer de oírlos es masoquismo. Por otra parte, Confessions on a Dance Floor sí recordó qué valía la pena de su música: una fiesta continua, una celebración sin excusas.

Una energía que, por cierto, muchos han cuestionado por su presentación del Super Bowl y ahora, por su video para “Girl Gone Wild”. No pocos lo dicen abiertamente: creen que Madonna está “demasiado vieja” para bailar, cantar y actuar como lo hace.

La cantante apenas tiene 53 años pero los comentarios abundan: está demasiado vieja para vestirse así, para videos llenos de sexo y para la pista de baile. Claro, ya bordea la tercera edad, en una cultura de celebridades en la que la vida solo existe entre los 25 y los 40 (antes se es precoz; después, necio o un milagro). Le critican que sea sexy después de los 50. Los chistes fáciles le quedan mal, así como la vulgaridad, pero vieja no está. Eso, jamás.

Madonna lo confesó en el Super Bowl: se retira del gran escenario, se retira a ser la Reina Madre, símbolo incuestionable, cuyas palabras de vez en cuando saldrán a la luz y serán santa palabra. Un poco como Juan Carlos de España, sin cazar elefantes. Madonna no será más trending topic perpetuo pero nadie debería desvelarse: se queda para siempre en el nicho de las discos gay y la vida continúa, aunque se peleen por la monarquía. A los que abrazó y cobijó es a quienes importa todavía. A quienes les sigue cumpliendo la única promesa que hizo: "Just one day out of life".

Microondas es una columna sobre cultura pop o cultura popular en su sentido más amplio. Comemos y bebemos tele, Internet, radio, periódicos, libros, música, chistes y chismes. Debe de ser algo importante, entonces. Sociedad del espectáculo, aldea global, sociedad red y Babilonia. Si 500 millones de personas ven un video en YouTube, algo importante debe ser.

Fernando Chaves Espinach —   estudia producción audiovisual sin saber por qué y periodismo contra todo pronóstico. A veces escribe cuentos que no termina y los publica sin más. Vive en animación suspendida gracias al café (americano, grande), de modo que lee vorazmente y escucha atento todo libro y toda canción. Cree en las salas de cine, en los Bizcochos Palmareños y que San José es una ciudad perfecta para vivir, a pesar de sí misma.
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3 comentarios

"When Madonna came out with her hit "Vogue" you knew it was over. She had taken a very specifically queer, transgendered, Latino and African-American phenomenon and totally erased that context with her lyrics, "It makes no difference if you're black or white, if you're a boy or a girl." Madonna was taking in tons of money, while the Queen who actually taught her how to vogue sat before me in the club, strung out, depressed and broke. So if anybody requested "Vogue" or any other Madonna track, I told them, "No, this is a Madonna-free zone! And as long as I'm DJ-ing, you will not be allowed to vogue to the decontextualized, reified, corporatized, liberalized, neutralized, asexualized, re-genderized pop reflection of this dance floor's reality!" - DJ Sprinkles

Imagen de Cirdan
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Empezó: 21 Jun 2008
Karma: 3053

 Un texto tan brillante que me obligué a leerlo entero desde el celular. Bienvenidos sus aportes. Smile

Imagen de Carlox
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Empezó: 31 Ago 2008
Karma: 1534

y si hacemos un grupo en facebook para que esta columna sea semanal?  

 

Imagen de Sibbu
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Empezó: 23 Jun 2008
Karma: 2160