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Colgá vos

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“Sports, this is Dan. How can I help you?”

La tierra le ha dado más de un par de vueltas al sol desde la última ocasión en que me pagaron por repetir esa frase, y sin embargo no logro todavía erradicarla de las cortezas de mi subconsciente. A veces la repito en la ducha, otras tantas —las más— en el carro, rodando por la vena de asfalto que une a Cartago con San José, por encima del Ochomogo. Donde sea, cada vez que me percato de lo que estoy haciendo, de inmediato me reprocho dos grandes vicios: que no debería hablar solo tan a menudo, y que hace tiempo que renuncié a la consigna, que mandé al carajo el brete y el teléfono, por lo que no hay razón de peso para seguir repitiendo la molesta frasecita.

Llegué a él por un rebote, un accidente. Mi padre conoció al gerente de uno de ellos, y badabím, badabám, yo estaba dentro. Recién salido del colegio, con más tiempo libre del que podía malgastar dormido o frente al monitor, acepté gustoso. Mi billetera llevaba dieciocho años acostumbrada a dos o tres billetes quincenales; decir no a cinco dólares la hora hubiese sido imperdonable.

Con el teléfono en mano y la pantalla del ordenador frente a mí, aprendí a trabajar, aprendí a socializar —algo que, en cinco años de colegio no logré, y que ahora estoy olvidando aceleradamente—, aprendí a bajar la cabeza y decir “Yes, sir” aún cuando sé que tengo la razón. Daba igual, tras unos meses de ardua labor, ahorro estricto y mínimos gastos, mi cuenta alcanzaba, por primera —y, hasta ahora, única— vez en mi existencia, los siete dígitos. No hay nada más peligroso que un adolescente con dinero. ¿Cómo esté el mundo ahí abajo, mortales? Desde la cima se ve hermoso.

Pero lo bueno no dura. Eso es incuestionable. Nunca he pasado una temporada en un país de cuatro estaciones, pero imagino que algo así se debe sentir el final de una primavera (o un verano, no sé): todo se marchita lentamente. Todo se hace gris. Y lo gris es feo, históricamente feo.

"Después del SuperBowl, el clerk es un enfermo terminal..." Mi primera experiencia laboral comenzó así a marchitarse. De golpe pasa el SuperBowl, esa gran vuelta de rosca, ese día D de este tipo de negocios, y las cosas pierden su color. Las gentes van de aquí a allá con una sombra sobre sus rostros, los hombros encogidos, atormentados por la incógnita de no saber si estarán aquí mañana. En febrero, el clerk es un enfermo terminal. Peor todavía, es contagioso.

—¿Qué se hizo Alonso, mae? —pregunto a Andy, un negro enorme que se sentaba a mi izquierda, que me enseñó un poco de patuá y que en doce meses jamás supo mi nombre (hecho que lo privó de la sabrosa ironía que enmarcaba nuestros nombres juntos, él y yo un anagrama). —Lo echaron, mop —responde, impávido, resuelto, acostumbrado a este tipo de matanzas anuales. Para él, no son más que computadoras encendidas sin nadie enfrente; yo, entretanto, no logro descifrara con quién voy a almorzar hoy, hoy que Alonso ya no está.

Yo seguí. No sé cómo —claro que lo sé, la amistad entre mi padre y el gerente del lugar salvó mi pellejo en múltiples oportunidades—, sobreviví al maremoto que se llevó entre su espuma casi el total de mis amistades, dejando apenas una sombra de individuos, ahora abrumados por la cantidad de trabajo y tedio que se les venía encima.

Me aburrí.

Antes vestía de rosado.

Soporté los meses flojos, los de miradas tristes, los de temporada baja. Y entonces, en el día menos sospechoso de todos, el del banderazo inicial de la nueva temporada alta, cuando se acercan nuevas gentes, una nueva marea, me harté. Hasta aquí, no más. Me levanté, me acerqué a Gaby, una flaca preciosa de lentes al mando del departamento, y le dije “Gaby, vieras que no voy a seguir más”. Me miró, piel blanca lozana, por encima de sus anteojos de pasta negra, la boca torcida en una mueca de sorpresa.

—Ay Danny, ¿por qué así? —He hablando con mis papás, y llegué a la decisión de que necesito enfocarme más en mis estudios —le miento con descaro, mientras no dejo de admirar lo lindos que pueden llegar a ser un par de labios—. Creo que es lo mejor, ¿sabés? —Te entiendo —dice, después de unos segundos de incómodo silencio (habrá notado, tal vez, mi molesta mirada clavada en su rostro). Dejame hablar con Dave.

Al final de la jornada, tomo un -2½ Cowboys for $100 último, definitivo, y cuelgo el teléfono. Cierro la sesión y, con un suspiro largo, sobredramático, descorro la silla y me pongo en pie. Nadie más que Gaby sabía de mi renuncia. Me acerqué a ella y la abracé con más fuerza de la que justificaba la poca confianza que nos teníamos —¡hey!, era mi regalo de despedida—. Uno a uno, le dije adiós a todos mis compañeros quienes, contrariados, me preguntaban “¿Cómo que renunciaste, güevón?”. Con paso lento, torpemente nostálgico, llegué a la puerta de salida, marqué y, con épico final de soup opera gringo, lancé una mirada atrás antes de salir. Echar cerrojo al pasado, o algo en esa línea poética que a otros les viene con tanta naturalidad.

The End.

***
¿Dónde dejé el punto, maldita sea?

Es la una de la mañana de lunes y, tras casi cuatro mil novecientos caracteres, no sé cómo concluir este texto. En principio, pensaba redactar una crítica a los centros de llamadas, tan esclavizadores, tan 'venas abiertas de Latinoamérica'. Eché el cassette para atrás, y me sorprendí cómodo escribiendo sobre aquellos días lejanos. De pronto se me hizo largo, mucho más de lo usado en la mayoría de columnas. Y atacó el pánico: “¿Dónde carajos dejé la crítica? ¿Ahora cómo termino este bodrio descabezado?”.

La crítica la perdí en el trajín, porque me atacó la nostalgia. Sí, podrán ser maquilas del siglo veintiuno y todo lo que quieran, pero todo trabajo es digno y este, en particular, alimenta las bocas de montones de compatriotas —incluidos centenares de foreros—. Debo agradecer a este texto, entonces, el que me haya recordado, con elegante sutileza, el aprecio que mantengo por mi sportbook.

Entonces, tal vez, en lugar de una crítica, escribí un "qué se siente mandar a la mierda el brete". De ser así, lo digo ahora: se siente muy, muy bien.

Es tan rico renunciar. Creo, pese a lo escaso de mi experiencia, que no existe acto más humano que este: cortar las ataduras y dejarse caer al vacío. Lo que venga después vendrá, lo que importa es el ahora. Nunca somos más dueños de nuestro propio destino que durante ese par de horas de adrenalina, de saber que lo hecho hecho está, que no hay marcha atrás.

Claro, para mí fue un experimento. Otros no tienen, ni de broma, la libertad de niño mantenido de decir “Me aburrí, voy a renunciar”. Quizás sea por eso, precisamente, que le guardo cariño al laburo. Porque conozco, de primera mano, la incomparable sensación que solo viene con colgar el teléfono y no volver jamás.solo89-16.png

Danny Brenes — naufragó en Derecho, encontró oxígeno en 89dB, salió a flote en Uruk y llegó a puerto en Su Casa, barco que no piensa abandonar hasta que lo obliguen. Cada tanto abre documentos y escribe cosas; luego los abandona. Vive de Coca Cola, yogurt y Roberto Bolaño.
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9 comentarios

Me encantó la pieza, salvo el finale.

Sobre el mismo diré, con toda la crudeza y cariño del mundo, una verdad absoluta: mientras usted viva bajo el techo de sus papás, usted no ha renunciado a ningún brete.

Imagen de Diego Delfino
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Empezó: 23 Ene 2008
Karma: 16976

danny brenes escribió:
¿Cómo esté el mundo ahí abajo, mortales? Desde la cima se ve hermoso.

laugh

danny brenes escribió:
Claro, para mí fue un experimento. Otros no tienen, ni de broma, la libertad de niño mantenido de decir “Me aburrí, voy a renunciar”. Quizás sea por eso, precisamente, que le guardo cariño al laburo. Porque conozco, de primera mano, la incomparable sensación que solo viene con colgar el teléfono y no volver jamás.

Es indescriptible, sentís que no hay un coyote que viene detrás tuyo... es tan bueno hacerlo, no cambio ese momento, pero hay que ser fuerte...

Qué buena interpretación...

Puta, ya me pasaste de esa nostalgia viejo. Smile

Imagen de ChEcH0Xx
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Empezó: 19 Sep 2010
Karma: 322

@Diego: Totalmente de acuerdo. A eso me refería al decir que fue un mero experimento para mí.

No conozco realmente qué es saltar al vacío porque, cuando lo hice, no había riesgo: nadie dependía de mí, no me vi frente al espejo preguntándome "Ahora sí, intrépido, ¿qué putas pensás hacer para llenar a medias el refri?".

Lo mío fue un salto en bungee: la emoción, sí; el peligro, no realmente. Había una red de seguridad esperándome.

Tal vez por eso escribí este texto (no miento cuando digo que no sabía cómo terminarlo, y que había extraviado todo hilo narrativo que imaginé en un inicio), como una pequeña muestra de respeto para todos aquellos que han tenido los cojones necesarios para hacer lo que yo hice a medias: colgar el teléfono de una vez por todas.

Imagen de Danny Brenes
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Empezó: 21 Jun 2008
Karma: 1905

Cita:
Daba igual, tras unos meses de ardua labor, ahorro estricto y mínimos gastos, mi cuenta alcanzaba, por primera —y, hasta ahora, única— vez en mi existencia, los siete dígitos. No hay nada más peligroso que un adolescente con dinero. ¿Cómo esté el mundo ahí abajo, mortales? Desde la cima se ve hermoso.

Comence a trabajar en un call center cuando tenía 17 años y 9 meses, para poder pagar la U. Y 8 meses después, ya con 18, mi cuenta alcanzaba, por primera -y, hasta ahora, única- vez en mi existencia, los siete dígitos.

Identificado totalmente, siento como que esto lo redacté yo, a diferencia que nunca he trabajado en un sportsbook. Pero si en Call center.

La sensación de renunciar es muy buena, uno siente que le quitan cadenas, dejar de sentir el calor del Headset en las orejas por unos días, es tan satisfactorio, como orinar luego de estar aguantando por 30 minutos. Un... "AAAAAAHHHHHH" Very Happy

Me gusto esta referencia:

Cita:
En principio, pensaba redactar una crítica a los centros de llamadas, tan esclavizadores, tan 'venas abiertas de Latinoamérica'.

La única cosa con la cual no me identifico de la lectura, es que yo luego de renunciar y casi 8 meses sin trabajo, no pude seguir viendo mi cuenta bancaria reducirse. Y sin posiblidades, no tuve otra que volver a los headsets, esta vez en otro lugar. Solo que con cabeza más fría y analizando mejor las cosas.

Sin duda son Maquilas del siglo actual, pero demasiada gente vive y come gracias a ellas.

Imagen de Moroco Topo
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Empezó: 24 Mar 2009
Karma: 2465

Yo también guardo buenos recuerdos. Tampoco me dio de comer exactamente y alguna vez deseé tener fines de año y de semana decentes, pero me permitió estudiar, ayudar a mi mami y darme uno que otro gustillo. Ah. Y hacer algunos buenos compas. Otros, como en el texto, fueron amistades de temporada.

Imagen de 1984
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Empezó: 21 Jun 2008
Karma: 3801

es curioso, porque todo antes del cierre me envolvio en nostalgia de los call centers en que he trabajado, no por el lugar o el trabajo en si pero por la gente, los compas que hice, que fueron, los idiotitas que no tienen un gramo de masa cerebral para que para verse lindos e ir a Gairay las experiencias que al final parecian mas apropiadas de una epoca colegial que de un trabajo serio(?) y remunerado.

un buen texto que endulza un poco (a la distancia) toda la hiel que toca tragar en esas catacumbas de la tecnologia, el vicio o la estupidez (de los clientes).

supongo que para el 2030 mas de la mitad de habitantes de CR podremos decir "yo bretie en un CC, thanks for calling..."

Imagen de Sibbu
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Empezó: 23 Jun 2008
Karma: 2160

Si maquilas sin duda alguna, pero bueno el problema no creo q sean los call centers si no la economia de este pais q hace q muchos tengan q tomar ese camino por q si no fuera por eso creo q muchos venderiamos mangos o copos en las esquinas y tendriamos un nivel de vida tal vez un tanto peor del actual.

La pregunta es por q en un pais con tantos recursos naturales,de riqueza y buenas tierras tenemos q tener instaladas unas maquilas para q medio sostengan un decadente clase media? yo no c

Por otro lado creo q una maquila es casi q cualkier trabajo por q si estas x ejemplo en una agencia de publicidad dnd te explotan y tenes q hacer bretes de mierda di al final s la misma vara solo q si los amos sean ticos o nicas o whatever.

Mas bien gracias a Dios por los call centers xq en general el patrono tico s mas ijueputa e irresponsable ya al chile!!!

Imagen de gibra
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Empezó: 14 Mar 2009
Karma: 34

Uy... que solo Dios sabe por qué esta columna no apareció por acá en Diciembre.

Bueno. El punto es que me gustó mucho, y que es parte de la vida.

No se llaman riesgos, si no hay riesgo de verdad. Y si hay riesgo de verdad, hay que tener cuidado. Pero en el fondo, nada es tan grave como para que el tiempo no lo resuelva. No sé... digo yo.

Imagen de lambda
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Empezó: 15 Jun 2009
Karma: 2498

danny Brennes escribió:

Es tan rico renunciar. Creo, pese a lo escaso de mi experiencia, que no existe acto más humano que este: cortar las ataduras y dejarse caer al vacío. Lo que venga después vendrá, lo que importa es el ahora. Nunca somos más dueños de nuestro propio destino que durante ese par de horas de adrenalina, de saber que lo hecho hecho está, que no hay marcha atrás.

Claro, para mí fue un experimento. Otros no tienen, ni de broma, la libertad de niño mantenido de decir “Me aburrí, voy a renunciar”. Quizás sea por eso, precisamente, que le guardo cariño al laburo. Porque conozco, de primera mano, la incomparable sensación que solo viene con colgar el teléfono y no volver jamás.

mae me hizo recordar cuando despuès de 8 años mande todo pa`la mierda y empece lo que tengo ahora, da un susto del carajo pero la sensaciòn de levantarse por ùltima vez mi escritorio(no un call center aclaro) y decir adiòs es incomparable

Imagen de vanakurt
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Empezó: 11 Nov 2009
Karma: 1951