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El diablo adentro

Kunk kunk kunk.

Tyrion Lannister está a punto de salir de su calabozo para presenciar el combate que, en buena teoría (SPOILER HOLA), determinará su destino. Antes de eso, recibe una última visita: su hermano Jamie.

La escena, parte de la cuarta temporada de Game of Thrones, gira, sobre todo, en torno a un relato de Tyrion: la historia de su primo Orson. Víctima de una caída cuando bebé, Orson vivió sus días con daño cerebral. Cuenta Tyrion que Orson se pasaba sus días matando escarabajos con rocas, una matanza sin descanso.

Cuando la escena salió al aire, de inmediato saltó a la vista de internet que Orson, un personaje inexistente en los libros originales, era una metáfora de George RR Martin, autor de estos y famoso por matar sin misericordia a sus protagonistas.

***

Cuando tenía cinco años, recuerdo estar jugando en la cochera de mi casa. Por la calle de enfrente pasó un grupo de preadolescentes en bicicleta. Desconozco quiénes eran. Recuerdo que se detuvieron justo enfrente de mi hogar. En la calle había un sapo que intentaba llegar al potrero de enfrente, envejecer, sobrevivir, etcétera.

Los preadolescentes no perdonan. Se abalanzaron sobre el sapo y decicieron estriparlo con las llantas de sus bicicletas. No voy a pintar en palabras lo que los intestinos del sapo hicieron sobre la calle.

***

Estaba en el colegio. Lo vi venir con perfecta claridad. El muchacho era un año menor que yo, es decir, tenía unos 15 años. No sabía su nombre, tampoco sabía cómo se había lastimado la pierna ni cuánto tiempo más debería valerse de las muletas para desplazarse. Solo recuerdo que lo vi venir por el pasillo, que tuve todo el tiempo del mundo para moverme y darle espacio.

Solo recuerdo, como si recién lo acabara de hacer, que dejé la pierna extendida a consciencia. Que nadie vio cómo el muchacho que andaba en muletas caía al suelo.

***

¿Somos malos? ¿Somos los seres humanos individuos inclinados hacia la maldad? Podríamos decir que son las decisiones que tomamos las que nos hacen ser buenos o malos, o, más bien, hacer cosas buenas o malas. De acuerdo, pero ¿por qué tomamos esta decisión y no la otra?

¿Por qué le hice una zancadilla a un chico en muletas? ¿Por qué los chicos decidieron estripar al sapo? ¿Por qué Orson Lannister mataba escarabajos como George RR Martin a sus personajes?

¿Hasta dónde llega el alcance de nuestras decisiones cuando podemos escoger entre hacer el bien o el mal? Eso, claro, asumiendo que el bien o el mal sean conceptos objetivos, que no lo son.

La maldad me asusta, porque sé que soy capaz de ella. La maldad me asusta porque es parte de lo que soy, de lo que somos todos: un efecto secundario de ser humano.

Danny Brenes — escribe, lee y bebe coca-cola.
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