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La edad de Mark Hoppus

A mitad de 1999, yo tenía once años.

Mark Hoppus, por su parte, tenía 27 años y acababa de lanzar el tercer disco de su banda, cuyo nombre conocen ustedes y conozco yo. En algún momento de ese año, 1999, cuando yo cursaba quinto grado de la escuela primaria, mi vida y la de Mark Hoppus se cruzaron por primera vez, aunque fuera de forma efímera.

Por entonces, en casa no se habían acabado los días sin cable -aunque faltaban pocos meses para dar el gran salto- y mi consumo musical se abastecía, sobre todo, de lo que soltaba Canal 38, 103 TV y demás alimañas similares. Así fue como llegué a un video amarillo que cambió mi adolescencia y el resto de mis días.

Llegué, también, a Mark Hoppus. A Mark Hoppus y sus compañeros de banda, Tom DeLonge y Travis Barker, corriendo desnudos hacia algo parecido a la pubertad: chistes fáciles y estúpidos, incomodidad corporal y vello púbico, curiosidad por las entrepiernas ajenas y muchas, muchas ganas de quitarse la ropa.

¿Acaso no es eso, exactamente, la adolescencia?

Aquella canción, aquel video, aquella banda cuyo nombre, en ese momento, yo todavía seguía sin conocer, me atrajeron de inmediato. Fue un click inmediato, espontáneo, agradecido, que llegó como suelen llegar las mejores cosas de la vida: sin avisar.

No sé de dónde saqué dinero, pero ahorré durante meses para conseguir los cinco mil colones que me costó mi copia de Enema of the state. El disco, por supuesto, tuve que esconderlo de mis padres, quienes no habrían puesto buena cara de ver a Janine en portada. Así, durante las noches me refugiaba con la grabadora de mis hermanas, un par de audífonos propensos a fallar en cualquier momento, y mi nueva adquisición, que terminé por aprender de memoria, de cabo a rabo.

Además, aquel fue el inicio de uno de mis hábitos más molestos: hacer loops infinitos de una canción en particular. Por mucho que me gustaran las demás piezas de aquel LP, todos mis caminos conducían a imposibles vaticinios sobre la edad de Mark Hoppus.

¿Cuántos años tenía aquella voz? ¿Qué demonios es ADD? ¿Qué tiene de malo encender la tele? ¿Qué demonios pasa conmigo?

Un año más tarde, todos mis compañeros de la escuela querían que les prestara el disco en el que sonaba “All the small things”.

***

Pese a que disfruté varias de las piezas que la banda publicó en los años venideros, la vida de Mark Hoppus y la mía, poco a poco y sin mayores problemas, se alejaron. No nos extrañamos, ni nos dijimos un dramático adiós. Simplemente sucedió, tal como alguna vez nos juntamos, años antes.

En el 2005, cuando yo tenía 17 años y estaba a punto de concluir ese aterrador período que se llama la secundaria, Blink 182 dejó de ser una banda. Los problemas internos entre sus miembros acabaron por deshacer, por “tiempo indefinido”, uno de los estandartes más importantes de mi vida hasta entonces.

A mí, demás está decirlo, no me importó. O, mejor dicho, ni tan siquiera me enteré sino hasta tiempo después. Las cosas simplemente pasan. Suceden, esté uno ahí para apreciarlas -o lamentarlas- o no.

***

Hace un rato que dejé de ser, técnicamente, un adolescente. Supongo que, al menos en papel, soy un adulto joven, o algo así. No que ello implique, de ninguna forma, que sepa qué estoy haciendo con mi vida. No pasa un día sin que me pregunte, al menos un par de veces, qué carajos estoy haciendo conmigo mismo.

No pasa un día sin que me cuestione todas las decisiones que he tomado hasta ahora, sin que me pregunte si podría mandar todo al carajo y empezar de cero, si podría largarme y sembrar vida en otra parte.

A mis 26 años, sigo agobiado por las mismas dudas que me asaltaban cuando escuchaba a Mark Hoppus (¿ADD?). A cada vez menos tiempo de cumplir 30 años, sigo preguntándome qué demonios pasa conmigo.

Nunca lo sabré con seguridad.

***

Saltaron al escenario y a mi el tiempo se me congeló. Apenas en la segunda canción, sin tiempo para respirar siquiera, los acordes de guitarra que más tiempo había esperado escuchar en mi vida inundaron la explanada de Richfield Avenue y Mark Hoppus me preguntó, por fin, a mí, solamente a mí, su edad.

Regresaron hace cinco años, pero ahora, finalmente, lo hacían frente a mí. Con toda la furia puberta. Con toda la inocencia, los chistes estúpidos, la fuerza de un ser pujante que solo quiere quitarse la ropa.

Ambos, durante ese pequeño rato, que en la memoria perdurará lo que deba, lo que pueda, perdurar, fuimos los mismos adolescentes de hace quince años. ¡15 años, joder!

O tal vez nunca lo hemos dejado de ser. Digo, yo en serio no sé cómo ser un adulto y a veces me pregunto si alguien realmente sabe serlo. Dudo que Mark lo sepa. Dudo que alguien, quien sea, lo sepa.

Creo, incluso, que prefiero no saberlo. Creo que prefiero seguir lleno de dudas para siempre, antes que perder la inocencia, la curiosidad y las ganas, extrañas, de vivir sin saber muy bien cómo hacerlo pero aprendiéndolo en el intento.

Danny Brenes — escribe, lee y bebe coca-cola.
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QUÉ DICHA QUE DISFRUTASTE TANTO EL CONCIERTO! UN ABRAZO! TÍA ENRIQUE.

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Empezó: 16 Sep 2013
Karma: 454

Mae muy bueno, es como si de alguna manera estuviera leyendo parte de mi vida jajaja... 

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Empezó: 24 Jul 2014
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Ojala vinieran algún dia guitar

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Empezó: 3 Nov 2008
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"no sé cómo ser un adulto y a veces me pregunto si alguien realmente sabe serlo. Dudo que Mark lo sepa. Dudo que alguien, quien sea, lo sepa".

YEAH!!!!! (Y) bien dicho...

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Empezó: 4 Mar 2009
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