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The long goodbye

1.

A finales de noveno año, el profesor de español nos pidió un cuento como trabajo extra clase. 15% de la nota. Esa fue la primera vez, realmente. Tuvieron que pasar años, pero la semilla estaba plantada desde entonces. Es muy probable que ya haya contado esto. Después de todo, escribir es volver a un mismo, persistente germen. Escribir es redescubrir, una y otra vez, la semilla de la que todo nace.

2.

Abrí un blog. Luego envié un artículo. Más tarde me ofrecieron una columna y ya el tren no se detuvo hasta el momento. He escrito tanto y tan poco que no sé si alguna vez podría dejar de hacerlo y tampoco sé si podría seguir haciéndolo.

3.

La primera vez que escribí sobre la ciudad, fui a un caño. En Curri, donde los muchachos patinaban en una alcantarilla para golpear la mesa. Hablé con gente, escribí y luego leí, y ya nunca más pude dejar de sentirme obsesionado con las ciudades, con sus calles como arterias y sus gentes como glóbulos rojos-blanco-plaquetas. Con el tiempo comencé a entender, al menos un poco, qué carajos es una ciudad y por qué la nuestra es maravillosa y un fracaso rotundo a la vez. Y ya nunca volví a escribir algo en lo que San José no estuviera presente. Ahora vivo en una ciudad que amo tanto como desprecio. San José es la metáfora perfecta de mi vida.

4.

Ma encedía la compu para leerme. La primera vez que llevé revistas a casa después de que Ma murió, las tiré sobre el comedor y me tiré sobre el sillón a ver tele. Unos minutos después, escuché como papá salió de su cuarto, donde ya estaba acostado, bajó las gradas, se sentó a la mesa y buscó mis artículos. El sueño le vencía, pero no se levantó hasta haber leído cada palabra, sin importar lo poco que le importara el tema de turno. Esa fue la primera vez que mi papá me leyó.

El domingo anterior, cuando llegué a casa de mi papá, ya él había leído lo que publiqué ese día, sin que yo se lo mostrara.

5.

Hasta hace unas horas, mientras caminaba de vuelta a casa sopesando ideas para este texto, recordé una pregunta que siempre me había molestado muchísimo. “¿Quién sos?”. No recuerdo la última vez que me lo dijeron, pero sé que ha sucedido y que la respuesta nunca es mi nombre, ni mi trabajo ni las cosas que he hecho (que al cabo son pocas). Dando tumbos por la Avenida Central, pensando en las razones por las que quería escribir este texto y no otro, respiré hondo y, sin percatarme, llegué a la respuesta que siempre había tenido enfrente.

¿Quién soy? Soy un teclado.

6.

Una vez, hace muchos años, cuando abandoné Derecho y pedí un préstamo en Conape para estudiar Periodismo (y luego abandonarlo), mi hermana mayor, consternada, me dijo que iba a acabar escribiendo chistes en La Teja. Fast forward unos años y he perdido la cuenta de cuántos fines de semana consecutivos mi hermana me ha preguntado por qué estoy escribiendo y ha compartido mis cosas con amigos a los que no les interesa. Poco importa: a ella le interesa. Y La Teja es el mejor periódico de este país, lejos.

7.

He visto. He conocido. He visitado. He volado y he rodado. He comido. Mis amigos, mi familia. Mis posibilidades y mis limitaciones. Todo todo todo lo que tengo y lo que soy; lo que seré y lo que no; lo que veré y tocaré y probaré y contaré. Todo en mi vida es escribir.

Qué suerte.

8.

Sueño con poner una pizzería y vivir sin Internet. Pero con teclado.

9.

Durante muchos años, soñé con dedicarme a escribir. Pasé por carreras fallidas, dudas familiares y existenciales (a granel), lamentos y angustias y paisajes, chascos y errores, serios cuestionamientos a mi integridad y salud mental. Hoy, me dedico a escribir y sigo sintiendo todas esas cosas. Sé que algún día todo se acabará: temo y ansío a la vez. Pero sobrevivo, porque mi teclado es mi salvavidas. Mi teclado me ha abierto puertas y me ha permitido vivir en un mundo irreal. Me permitió sortear el desempleo y sobrellevar la soledad. Me ha dado amigos y me los ha quitado, para bien y mal. Escribir me ha dado una vida, y una con la que no estoy nada descontento; esa última frase no creí que fuera real hasta ahora, que la veo escrita.

Nada de esto sería real si no fuera porque alguien, una vez, por razones que nunca quise saber, decidió darme una oportunidad, y desencadenó todo lo bueno y lo malo que vendría después, para toda la vida. Este texto, y todo lo que conlleva, es para él, antiguo director de este medio.

10.

En el 2003, Bolaño terminó de escribir su última y mayor novela, la póstuma y maravillosa 2666. Cuenta el mito que hubo que arrancarlo del teclado para llevarlo al hospital para que se muriera. A mí me gustan los mitos, así que he decidido creerlo. Por eso, también creo que lo último que escribió Bolaño en su vida fue el epílogo de su última obra que, al cabo de más de 1.000 páginas, termina: “Y esto es todo, amigos. Todo lo he hecho, todo lo he vivido. Si tuviera fuerzas, me pondría a llorar”.

Danny Brenes — escribe, lee y bebe coca-cola.
1429 lecturas

Animal.  Qué feliz casualidad del cronograma que te tocara escribir a vos, precisamente a vos, justo esta semana.  De mi parte, mucho que agradecerle a los dos.  Siempre.

 

Imagen de Enrique Coen
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Empezó: 16 Sep 2013
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BRUTAL columna. Me sacaste las lágrimas.

Imagen de Floriella
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Empezó: 6 Feb 2012
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Un abrazo

Imagen de gatovolo
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Empezó: 7 Abr 2013
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Vengo de la presentación del libro de Juan Hernández. Le huyo a las presentaciones de libros. Hoy, que me tocó sentarme al lado de un amigo y constatar lo que un evento así podía significar para él, sentí eso mismo de lo que hablás, la caricia de la ambiguedad, el retozo agridulce de una contradicción que, como Chepe, arropa y desnuda por partes iguales. Hay una energía liberadora en esos grises, que, me parece a mí, es la que al final pone las cosas a carburar. Un pequeño instante de lucidez: me sentía feliz de estar ahí, en esa presentación, al lado de un loco que nada más estaba tomándonos el pelo a todos y disfrutándolo. Pero uno sabía, sentía, que era un momento igualmente significativo para él. Detrás de la risa burlona, la emoción a flor de piel. Llegué a casa no sé si constenardo o atribulado. Traía mucho en la cabeza. Abrí el navegador y por instinto apliqué la triple ventana usual gmail, facebook, 89decibeles. Luego reparé en, 'hey, ya no". Se sintió bien. Entonces vi tu columna. "Mirá, el huevón este logró escribir algo". Se sintió mejor. Y ya después leí. Si tuviera fuerzas, me pondría a llorar. 

Imagen de Diego Delfino
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Empezó: 23 Ene 2008
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Se vale llorar?

Imagen de Garias1989
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Empezó: 1 Jun 2011
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Que grande Danny. Otra aquí con los ojos llenos de agua.

Imagen de Iva Alvarado
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Empezó: 23 Feb 2012
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