Han pasado semanas ya, pero es cuando más se comienza a sentir la falta de. Los primeros días se confundían con la ausencia de quien hace un viaje, conforme pasan las horas, las semanas, entendemos que la cama sigue intacta, que la misma ropa sigue sucia y que no habrá respuesta a los mensajes que se dejan en el muro.
Es una procesión cibernética. Es como mantener encendida la velita frente al altar, frente a la foto con la que se va a recordar por siempre al que ya no está. Es la forma en que las nuevas generaciones lidian con la muerte, que nunca es fácil, pero a veces es incomprensible....
Mi mayor miedo es llegar a vieja. Primero porque soy inmadura, y creo que seré joven por siempre. Y cuando uno es joven por siempre, es doloroso volverse inútil, inapropiado y hasta atrofiado; cosa que pasa poco a poco con cada vuelta de calendario. Segundo, porque he visto de cerca el injusto ciclo de la vida, donde la vejez dista mucho de la utopía de la pensioncita, la mecedora, el hilo para tejer y el café recién chorreado.
Pero ahora tengo otro temor, y es, irónicamente, irme antes de tiempo; antes de dejar huella, de saber que mi vida sirvió para algo positivo a alguien. No quiero un busto ni una calle con mi nombre. Quisiera sólo que el paso por esta Tierra sirva de algo, no ser una más del montón, no tener que irme antes de que mi granito de arena, junto con el granito de otros, germine en un esfuerzo colectivo, perdurable....
Leer cada comentario del Facebook es desgarrador, es sentir el dolor de otros -a los que probablemente les duele más por su cercanía- y recordar el dolor propio ante situaciones similares. Lo lamentable es cuando ese dolor indescriptible llega antes de tiempo, estúpidamente, y se lleva a quien no se lo merece. Dicen que ningún muerto es malo, pero también es imposible haber tenido maldad a tan corta edad. Entonces sólo hay sueños, utopías y ganas de vivir.
Casi un mes ha pasado y el muro se sigue llenando de saludos, de deseos, del dolor de una familia; seguirá hasta que la última persona olvide el último recuerdo. Algunos se van antes de su tiempo. Y lo que más duele es que no se recuerdan tanto por lo que hicieron o fueron, si no por lo que pudieron llegar a ser, por lo que nos faltó más por vivir juntos.
Buen viaje.









