6to Concurso de Cuento Corto - Obsesiones

6to Concurso de Cuento Corto - Obsesiones

TEMA: Obsesiones

Amorosas, compulsivas, enfermizas. Escriba un cuento referente a las pasivas preocupaciones o dolorosas persecuciones demoniacas que logran hasta enfermar la psique humana.

REGLAS:

• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden participar.
• Solamente participan los cuentos posteados en este tema.
• Sólo se permite 1 cuento por usuario.
• El cuento debe tener una extensión de 1 a 2000 palabras máximo.
• El cuento debe ser original, escrito y posteado por usted.
• El cuento debe ser inédito. Es decir, nuevo, escrito para el concurso.
• Se aceptan entradas del 8 de febrero del 2010 al 7 de marzo de este mismo año.
• No den karma negativo a los cuentos que no les gustan. Respeten los puntos y el esfuerzo de los demás. ¡No desmotiven a la gente!
• No comentar acerca de los cuentos hasta el 8 de marzo.

VOTACIONES:

• Las votaciones son del 8 al 14 de marzo del 2010. El 15 de marzo se anuncia el ganador.
• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden votar, aun cuando no hayan participado.
• No se puede votar por sí mismo.
• Se sugiere a los que participen con sus cuentos, que parte de su contribución es votar en el concurso.
• No se puede votar por un solo cuento. Desnivela los votos demasiado, además es desmotivante que haya gente que piense que solo un cuento es bueno, y nadie más merece ni un siquiera puntillo.

Hasta el momento:
Se vota escogiendo 3 cuentos, se les da un puntaje de mayor a menor (primero, segundo y tercer lugar), de la siguiente forma:
5 pts – Fulanito
3 pts – Sutanito
1 pt - Menganito

PREMIOS:

La idea de los premios está en construcción. Se aceptan sugerencias, patrocinadores, regalos.

Hasta el momento: El usuario y cuento con más puntos obtiene el primer lugar y gana:

• Cuento en la portada de 89decibeles.
• Reseña del cuento y del cuentista en 89decibeles.
• Escoge el tema del siguiente concurso.

¿DUDAS?:

Este tema es SOLO para los cuentos. Cualquier duda, sugerencia, idea, arroz con mango, o comentario acerca del concurso (reglas, tema, etc) por favor hacerlo en este tema.

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"Yeah, though I walk in the valley of shadows, I fear no evil, cuz I'm the meanest son-of-a-bitch in the valley."


"¡Si, si existe dios, es una trinidad, y se llama RUSH!"

"Yeah, though I walk in the valley of shadows, I fear no evil, cuz I'm the meanest son-of-a-bitch in the valley." [IMG]http://i60.photobucket.com/albums/h10/levitgrl/bandsLogo.jpg[/IMG] "¡Si, si existe dios, es una trinidad, y se llama RUSH!"

Gamer Compulsivo
1: 00 am. Sigo jugando. ¿Dormirme? Para que. Puedo aguantar un poquito mas. Mis ojos están rojos, mis manos tiemblan, pero esto es da mas placer que tener sexo, sigo estripando los botones, prácticamente estoy dominado por estos colores, que me parece vienen del cielo, de la nada, ya no siento nada, solo estoy parado presionando los botones de la consola como si ella fuera mi cerebro, el control me controla, estoy hecho para que el bichillo vaya pasando de niveles sin preocupación alguna.
Podría estar estudiando, leyendo, escribiendo, o en el mejor de los casos durmiendo, pero no estoy aquí, he llegado a un punto en el que solamente soy un ciervo de la maquina, para que esta pueda cumplir sus funciones, que en este caso es que el juego se acabe. ¿Y para que? Pues para nada. Yo completo el juego y entonces vamos a tener la percepción de que los personajes del juego se van a sentir bien y después de pasar este juego voy a ponerme a jugar en linea, es aún mas obsesivo, cuando juego en linea mis ojos abren tanto como las piernas de una mujer en el acto sexual, este es mi acto sexual, no hay ningún descanso, nisiquiera se puede ir al baño, es imposible despegarse ya uno depende del otro, hasta que yo me duerma y en la tarde que me despierta siga jugando y así llegare otra vez hasta estas horas y se repite el ciclo...
Finalmente aparecen los créditos del juego, ahí se agradece a todo mundo, menos... ¡a mi! ¿Fui quien compre el juego, lo jugué una infinidad de horas hasta pasarlo...¿Y no me agradecen? ¿No agradecen a los que jugaron el juego?
Luego empiezo a jugar en linea, pero caigo en un sueño profundo, empiezo a ver sombras y manchas, que poco a poco se van transformando en los personajes del videojuego, soñé que yo era uno de ellos, que tenía que salvar a toda una nación, que podía volar, que podía ir hasta el espacio sin ninguna nave ni nada, solo con mi cuerpo, que debía dejar perdido al villano en un agujero negro, me lo creí todo, absolutamente todo, tenía una ametralladora con la que vencía a los robots, todo lo hacía yo, los demás personajes eran demasiado débiles...
1:00 pm. Me acabo de despertar, aún no voy a jugar, debo comer algo, me tome cinco tazas de café, con eso era suficiente para estar despierto toda la noche, empece a jugar en linea y de pronto me desmaye....
2:00 pm. En el hospital, no se como llegue hasta allí pero cuando desperté ya estaba allí, me dieron una inyección, no se para que, pero me la dieron, sentía que el corazón me iba a explotar, estaba nerviosismo, me dieron pastillas, jarabes, de todo, pero nada me servía. De repente llega un psiquiatra que me indica que yo padecía el Síndrome del Gamer, que es un complejo de enfermedades que se dan tras una adicción obsesiva a los video juegos, que ahora sería común que: sintiera la vida como si fuera un juego, ver a las personas con los gráficos de un juego, en fin una confusión total entre los juegos y la realidad, y hoy en día aún la padezco, termine de escribir esta anécdota gracias a quien me esta controlando...

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El hijo

Por que todos tenemos nuestros demonios…

Como si no fuera ya de por sí doloroso verla luego de una cantidad de meses en los que el curso de la vida se había transformado inevitablemente, esperar verla con bata verde, se hacía especialmente incómodo. Estaba totalmente desconcertado y con ese sabor a incertidumbre en la boca, la insistencia de Doña Irene fue determinante. La señora había continuado la incansable labor de su hija de mortificarme de forma rutinaria semana tras semana. Sin embargo su tono más piadoso que la forma reprochante de su hija terminó por convencerme, sin la total seguridad de saber si hacía un bien mayor a todos los daños que recíproca y estúpidamente nos habíamos causado.

La primera tortura fue obviamente atravesar toda la capital para llegar al hospital en Pavas, el silencio incómodo hubiera sido un placer privilegiado, que la señora no podía permitirme, sin embargo reconozco que mantuvo la compostura y no escuché de ella ni una ofensa. Asumí que en el fondo ella duba de mi responsabilidad absoluta una y mil veces achacada para mí por labios de su única hija.

Estaba claro que la culpa en estos casos (que no creo sean demasiado) han de repartirse con justicia, pero la gradualidad del asunto no me permitió percatarme hasta que tuve que ser drástico y cortar el problema de raíz. Era lógico suponer que ni la señora, ni mi madre ni nadie más que yo vieron como todo se iba haciendo un nudo, que empezó el día justo que ella me dijo estar preparada para ser madre.

¿Y para qué entrar en detalles?. Al fin y al cabo lo que yo digo no prueba nada, solo que desde mi inseguridad tenía la confianza plena de saber lo que yo quería. Tristemente un hijo no entraba en mis planes y menos aún ella, por más doloroso y cruel que pueda parecer. Pero no tenía ni la necesidad, ni el valor para explicarle que yo no me movía hacía allá.

Total y como pasa cuando uno no tiene ni la necesidad, ni el valor de terminar con las farsas, todo se salió de control. Pasé algunas semana escuchándola hablar de un niño: Y que belleza, y como nos haría de felices y que nombre le poníamos, como afrontar la hermosa responsabilidad de crear una familia, y otro montón de pendejadas (concepción odiosa y peyorativa, pero inmensamente válida cuando uno no atiende a compartir o complacer). Salía claro a anteponer egoístamente mis intereses que no eran muchos ni exigentes por la circunstancias. – Yo no estoy para eso, amor – o – Sería bonito por supuesto, pero no es el momento – fueron las expresiones más pusilánimes para hacer llevadero el ir y venir cotidiano (O más bien el ir y venir de algunas horas a la semana, en las que pasábamos juntos). Todo absolutamente había pasado muy rápido y no me di cuenta cuando las cosas dejaron de ser lo que eran, a ser el plan calacado de una semana sobre otra: El cine, el bar o el concierto de turno, los besos, lo abrazos, las caricias, el sexo, la conversaciones, el silencio, y finalmente la incomodidad insípida de hacer las cosas sin encontrar un motivo válido. ¿Para que seguir?. Más aún cuando las cosas se salían de cauce de lo sano: las putas llamadas a deshoras, las escenas, los reclamos y los celos del carajo se hacían más frecuentes. Como si nada pudiera ser peor me dice que quiere que la limite, que siente demasiado espacio para ella, que no podría ser una madre ejemplar así. Mientras yo me preguntaba como alguien podría ser madre de una criatura que no existe, que se desvanecía entre las píldoras anticonceptivas y las pruebas de embarazo negativas. No comprendía su impulso maternal ante su propia iniciativa (que apoyé gustoso) de planificar. Todo se acabó o más bien lo acabé cuando no tenía salvación alguna, que ella quiere su hijo ya, ahora, lo veía aquí y allá, lo soñaba y lo presentía con tanta certeza y convicción que ponía en tela de duda todo lo tangible contra un niño imaginado, deseado por ella y amado desde antes de ser concebido. Aprendí esa vez que sugerirle a una mujer asistencia psiquiátrica puede ser un error grave cuando se le tiene de frente. Nunca más la tuve de frente, y no pensaba hacerlo hasta que después de varias llamadas de doña Irene acepté acompañarla a una visita.

La primera llamada me tomó por sorpresa. Originalmente antes de su madre recibí las llamas de ella: unas semanas tenía ultrasonidos, dolores, antojos otras tenía disculpas, penas, intenciones inútiles de reconciliación, otras semanas solo había silencio que yo aprovechaba para explicarle que no existía bebé, que todo era una situación que le llenaba su cabeza de ideas. Luego dejó de llamar, hasta que llamó su madre. Me explicó que la situación se había vuelto tan grave que se vio obligada a internar a su hija, los doctores le habían diagnosticado un problema severo de personalidad, un trastorno psicótico complejo y otros términos técnicos que no preciso. Pero así como una tarea pendiente la señora continuó la labor de las llamadas periódicas de partes médicos y la molesta solicitud de que si la visitaba tal vez ella mejoraría, que su depresión, que yo no podía ser tan egoísta de dejarla en ese estado. Tal vez tenía algo de razón, pero yo no estaba dispuesto arriesgar mi propia cordura, y la paz apenas superficial que había construido con una ardua labor de olvido e insensibilidad tristemente forjadas.

Pero un día acepté con la esperanza de verme liberado de una culpa que me consumía, que se abría conforme nos acercábamos al hospital, cuando llegaba al parqueo, cuando en la sala de recepción nos enviaron al pasillo, cuando el número de las habitaciones se iba acercando al número que indicaba la tarjeta de visitas.

Entré y salí tan rápido como pude, tan entero como lo que me despedazaba por dentro lo permitó, esa culpa esa puta culpa, que me orillaba a saludarla, preguntarle como estaba y ver en sus ojos una amor tan profundo y tan desmedido que no era hacía mí, sino hacía su hijo, por el cual me preguntó una y mil veces, a las que respondí que no existía que todo estaba en su imaginación. Me despedí y vi como a medida que me alejaba, sus ojos abandonaban la esperanza de que nuestro hijo existiera, como su sonrisa tonta se iba desmoronado y destruyendo, cuando abandoné la sala y me alejé por el pasillo la escuché gritarme – Hijo de puta, no te llevés a mi hijo, es mi hijo -. Vi a los enfermeros del psiquiátrico correr a tranquilizarla.

Regresé a mi casa si entender del todo que sentir, no se había expiado ninguna culpa, seguía tal cual, y al momento de dormir estando en mi cama, me invadió de nuevo ese sabor a incertidumbre, presentía que algo estaba mal, me levanté y abrí la habitación de en junto antes deshabitada, encendí la luz desesperado y sonreí cuando vi que todo estaba bien, que me mi hijo dormía sereno con una sonrisa de tranquilidad y paz en su rostro.

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Otra vez hay concurso de Cuento: dese la vueltica y si no es de los que escribe también se agradece la visitas de los que leen.

Mi participación está acá

Esta muy bonito... Felicidades!!

Y mucha suerte!!!!

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- Nati -

Valeria

¿Será que me vio? ¡Diablos! Lo más seguro es que no, pero se veía linda; no como ayer. Ayer se veía hermosa: esos leggins negros con los zapatos de tacón en cuerina le daban a sus piernas el aspecto de nunca acabar; la enagua de mezclilla rota y la blusa en cuello V al mejor estilo de los 90’s revelaban parte de su pecho, no mucho, pero lo suficiente para hacerme soñar con incontables formas de abordarla.

Hoy tomó una ruta diferente, y se demoró unos 15 minutos; estoy seguro que desayuno en su casa y esa fue la razón de su demora, ya que no paso por la panadería de costumbre por su descafeinado y su strudell de manzana. Por un momento pensé que no la vería y realmente me empecé a sentir un poco paranoico; las manos me sudaban y hasta se me acelero un poco el corazón. Creo que son síntomas. ¡Sí! lo he leído en blogs y en la internet, a mucha gente le ha pasado, le llaman estar enamorado.

Hace unos 3 días agregó un par de fotos en el Facebook, creo que andaba en Manuel Antonio con la familia, pero hay un tipo que no conozco con el cual sale muy cariñosa en una de las fotografías. Todavía estoy esperando que el susodicho me confirme la amistad; necesito saber quien es. Estoy casi seguro que no es de la U, y del trabajo tampoco. Espero que sea un primo segundo o algo por el estilo.

Anoche fuimos a ver la nueva película del hombre lobo; ella llevaba una chaqueta roja que se veía muy fina. Es nueva, nunca se la había visto; fijo eso fue lo que compró en Zara el fin de semana pasado. Llevaba dos bolsas un tanto grandes, y su hermana una tercera. María es linda, pero no se compara con Valeria. A la mitad de la película se levanto y salió para regresar 5 minutos luego con un nuevo vaso de refresco. Ya es costumbre en ella; no sé como hace para tomar tanto líquido. Desde mi fila no la pude ver muy bien, pero parece que si disfrutó la cinta.

Hay momentos en que siento que la estoy perdiendo, pero me aferro a que la esperanza es lo último que se pierde. Tengo su número telefónico, y me muero por enviarle un mensaje, pero ¿Qué le diré? Varias veces la he llamado, solo para escuchar su voz; la última vez se enojo bastante, y cuando quise disculparme no me salió la voz.

Hace un mes me vio por última vez, me refiero a que sus ojos se cruzaron con los míos; lo míos que están siempre sobre ella. Fue ahí en la cultura, cuando compraba el McFlurry de los jueves, esperaba a su compañera de U, la morena de colochos; cuando de repente levanto su vista y me vio. Sentí un calor intenso, creo que me puse rojo y tuve que irme de allí. Ella no se dio cuenta, pero desde atrás de los arbolitos la vi irse hacia la parada de San Pedro, donde tomó el bus de Cedros.

Se supone que ahorita sale a almorzar, en unos 5 minutos pasará por acá y pues hoy pienso decirle algo…lo que sea, pero algo; ya lo tengo todo planeado. ¿Se asustará si le digo que la amo? ¿Qué la conozco tal vez más que ella misma? ¿Qué no pasa un día sin que sienta que muero si no la veo?... Allá viene…es ahora o nunca..…

- ¡Señorita disculpe! No me percate por donde iba.
- Está bien, no se preocupe. ¡Hey! Ud me parece conocido. ¿Nos conocemos de algún lado?
- No, no lo creo señorita. Yo a ud no la conozco.

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"I listen to bands that do not even exist yet"

El Beso de la mujer araña 2, boogaloo eléctrico.

Cuando uno veía a Tavo, sentía lástima.

Su pelo era un imán de caspa, su aliento olía a mononucleosis, sus pechos eran más grandes que los de cualquier quinceañera en el colegio y nunca dejó de jalar mocos en toda su adolescencia.

El 4 de marzo Tavo y su sección estaban en la clase de educación física, detrás del gimnasio, Nancy y sus amigas se escapaban para fumarse un cigarro que alguna le había robado al papá, al final el filtro estaba tan mojado que cualquier aspirada era más peligrosa por coliformes que por cáncer de pulmón.

Luego de una conversación de casi 20 minutos las chicas decidieron que el hombre más desagradable del mundo era el pobre de Tavo.

Cinco minutos antes de entrar a clases le apostaron cien colones a Nancy a que no le daba un beso en la boca.

Durante el recreo entre Biología y Educación cívica llamaron a Tavo al aula que estaba vacía, Nancy, mujer de baja moral como cualquier adolescente le plantó un beso en la boca, el beso en la boca más triste que ha registrado la historia del ser humano.

Para Tavo la experiencia fue la mejor de su corta vida, aún no se explicaba la erección prominente y su pecho se sentía lleno de orgullo, en su mente ya no era virgen, aún podía apreciar el sabor de la saliva de su compañera, el brillo labial con algo de fresa y el olor a zacate cortado en la mañana del momento, lo dormida que tenía la boca, el suspiro de sorpresa que siguió antes de que todas las chicas dijeran al unísono: “Guácala”.

Cómo no tenía amigos salió corriendo y escribió en su diario la experiencia; por su parte, Nancy usó los cien colones para una coca cola.

El 5 de marzo tavo llegó al colegio con una actitud algo snob, trató de hablarle a Nancy pero ella lo ignoró como siempre sucedía, así pasó también el 6 y la semana siguiente.

Pero Tavo no podía dejar de pensar en el beso de Nancy, sus entrañas se revolvían cada vez que pensaba en ella, sus ojos se cerraban y la veía corriendo hacia él en cámara lenta, como en aquella película que había visto con su abuela.

En abril su obsesión se hizo inaguantable, los momentos en que no estaba en clase los pasaba dibujando corazones en su diario, su abuela algo preocupada quiso hablarle de las hormonas pero para Tavo eso era cosa de idiotas, a él le gustaba su amor platónico y ya.

Una noche Tavo soñó con Nancy, en su sueño, ella era lo que él quería que fuera, Tavo traía cosas como un chocolate o un brillo labial con su mente y a cambio de los variados ítems Nancy le plantaba otro de esos besos con sabor a fresas.

Decidió entonces que le iba a llevar cosas y aunque no tuviera dinero, ese día le logró sacar algo a su abuela para comprar un Baby Ruth, cuando trató de dárselo, Nancy sólo cerró sus ojos y siguió su camino, el plan B fracasó también.

Pero Tavo seguía feliz, lo que lo mantenía en su estado era su amor platónico, algo que era de él y de nadie más, el recuerdo de un solo momento, aunque fueran quince años de miserias era todo lo que necesitaba para estar contento.

En las noches seguía soñando, todos los sueños eran iguales, luego de algún periodo lúcido donde podía controlar las cosas, Nancy le daba un beso en la boca exactamente igual a aquel del 4 de marzo.

Se despertaba feliz e iba a la escuela a pensar en cómo iba a ser el sueño de la noche. Sus notas bajaron, su higiene personal empeoró y además de sus características de siempre adquirió seborrea y un orzuelo.

Pero nada de eso importaba, su abuela no se daba cuenta del olor a ropa sucia y la cantidad de horas que Tavo pasaba en la cama.

Tavo quería estar dormido siempre, quería soñar con ella, quería sentir de nuevo sus labios dormidos y sus nervios del momento que siguió a su primer beso, todo lo demás dejó de importar, quería estar dormido para siempre.

El 4 de Junio, en el tercer mensuario de su primer beso decidió no despertarse más.

Todo el mundo quedó indignado con el título de la nota en La Extra del día 5: Joven sonríe antes de suicidarse.

Una breve contradicción.

Pues no envidio la vida de este bastardo. Se detiene en pie, con su mirada lánguida, tratando con fuerza de minimizar expresiones faciales. Conserva solemnidad cuando otros fantasean mejores momentos. Es su deber guardar las apariencias de profesionalismo.

No repararé en tragedias de culpa.

He colocado el electrodo sobre su cabeza. Solo debemos esperar unos minutos, para que el gobernador no llame y podremos comenzar.

Espero no tener problemas esta tarde. La semana pasada, un gordo tuvo que ser conectado dos veces, antes que exhalara un último aliento, con tufo a manteca de chicharrón. No importa que tan rudos fuesen en vida, cuando un pozo de mierda rebalsa su pañal desechable, me ruegan terminar el trabajo.

Los días eran más cortos en verano, cuando jugaba en los pozos de lodo con aquellos niños. No retengo ninguna cara, pero oigo la felicidad auténtica en sus risas. Curioso, al empezar mi remembranza, moldeo la historia a mi conveniencia, personajes tal vez ficticios, son los que aparecen en mis últimos recuerdos.

Cuando joven, pasábamos las vacaciones de verano en la casa de mi abuela. Esperaba todo el año, para reunirme con mis amigos estacionales y nadar entre aguas estancadas, bromear y exponer la vida (definitivamente, un bien más abundante en aquella época).

Han pasado cinco minutos. El guardián me hace señas para encender el mecanismo. Que la electricidad fluya y lo fulmine sin dolor. No queremos que este asqueroso asesino sufra. Supongo que es mejor para todos, no quiero explicar ese hedor de las entrañas quemadas.

Ustedes solo ven la imagen glamorosa, el asesino en su silla, la redención de su muerte, la cara cubierta. Yo soy el que levanta el cadáver apestoso, que derrama inmundicias.

Recuerdo mi primera novia. La conocí un verano, cuando ya era grande para chapotear en pozos infestados de mosquitos. Mi abuela me obligaba asistir a la iglesia - pocas veces protesté tal imposición-. Ahí la conocí; ella vestía de blanco; no me deslumbraron sus curvas, pero al hablarle, la fogosidad que emanaba acentuó su particular belleza.

Tendría no más de quince años, aunque su esfínter ya era fibroso y elástico, pude introducir el puño entero ahí, si se me hubiera ocurrido (solo tenía sexo anal, pues quería llegar virgen al matrimonio). Muchos de mis amigos conocieron sus dotes, hasta que el hijo del carnicero la desposara finalmente.

Ella era un par de años menor que yo, pero me enseñó más de anatomía que cualquier curso en la Universidad. En mi ingenuidad, la amé, y ahora la evoco, después de años de enterrarla en el olvido…pasé muchas vergüenzas, antes de enterarme que mis gustos de alcoba no son los que algunos llamarían “normales”.

Hoy tenemos muchos espectadores, no me sorprende, este pequeño malnacido ha recibido suficiente publicidad. Lo veo débil y pálido, no lo imagino cometiendo los crímenes que le acusan. Pero no es mi deber juzgar. Solo soy un funcionario público y cuando presione el switch, terminará mi parte en este cuento.

Tengo temblores de resaca, estoy incómodo en mi cuerpo y las extremidades son de goma espuma. Quiero vomitar al lado de la silla. El alcoholismo funcional, me ha ayudado antes para mitigar efectos de mi trabajo, tal vez hoy me he excedido.

Los parientes de la víctima me ven fijamente. Son las únicas caras interesantes, abogados, testigos y notarios ocupan los demás asientos. Pues todos sabemos lo que vale un abogado, sería más útil para este bastardo, si lo hubiera defendido la silla vacía.

Me pregunto si aquellos niños saben quien soy, que hice. Quizá no, no asociaron mi nombre y mis rasgos han cambiado. En su memoria, soy un recuerdo borroso de la juventud.

Yo les tuve afecto, junto a ellos pasé mejores días. No recuerdo un verano aburrido, aunque ahora todos se funden en una sola imagen, en un pozo de agua y mis zapatos de cuero, arruinados.

Las correas aseguradas. Ya he colocado la capucha. Solo faltan unos minutos más. Nunca un preso ha recibido el perdón del gobernador, pero debemos esperarlo. Me sentiría muy extraño si rompiera el protocolo.

Los parientes se han impacientado. Él no merece caminar en arena, respirar el aire dulce de una mañana más. Pronto cumpliré su mórbido deseo y querrán dormir en la noche. No estoy seguro que lo consigan.

Ella resultó ser la mejor mujer que topara en mi camino. Le di minutos y minutos de placer incómodo, ella abrió mi mundo. Fue una casualidad nuestro reencuentro, la vi gorda, con una batería de hijos colgando de sus lonjas; no le hablé, pero nos reconocimos, diez años después, nuestras miradas no habían cambiado. Se casó de blanco, un domingo a las 10 AM, su cola larga era llevada por tres pajes. La ceremonia dejó en la bancarrota a dos familias, pero fue tan mágica como ella siempre soñó.

Era un lerdo el carnicero, como era lerdo su padre, como era incestuoso su abuelo. No es un mal chico, hasta le llamé amigo más de una ocasión. Deseé su futuro. El la espera en la puerta del auto, con melancólica mirada (y un hilo de saliva sobre la gruesa barba, era un lerdo el pobre).

¿Ese es el teléfono? ¿Será posible? El guardián atiende y escucha las palabras del gobernador, con ojos vidriosos y desorbitados. Traga ácido y en voz temblorosa, comunica las órdenes de su superior.

Por mandato del Gobernador, a partir de hoy, en este Estado no se practica la pena de muerte. El prisionero permanece en custodia, hasta que un tribunal competente reevalúe su condena y se le traslade a otra facilidad.

La noticia es inédita. Un maldito golpe de suerte para el bastardo asesino. Le he quitado su capucha y lo veo sonreír, con malévola satisfacción. Mientras aflojo las correas, oigo violentos reclamos de los parientes.

Vociferan justicia, no pueden creer el giro que ha tomado este día. Los viejos lloran, lo más jóvenes encaran y no dudan en empujar a los guardias armados.

¿Y ahora qué? ¿Van a soltar a este malnacido violador, asesino? ¿Este maldito se va a dormir en su celda y nosotros nos quedamos tranquilos? No, no, no ¡A este hijo de puta lo mato yo!

Se han aglomerado cerca de la puerta. Un hombre toma el cañón de la escopeta y forcejea con el policía. El guardián me grita ¡Dispare!, la situación ha salido por completo de control. Nunca he usado mi arma, pero siempre la cargo en un cintillo, sobre la pierna derecha. Es el protocolo, me sentiría extraño si lo rompiera. Mierda.

Cumplí dieciocho veranos, cuando mi abuela murió. De acuerdo a sus deseos, tras el santo entierro, clausuramos la casa y donamos todas sus posesiones a la iglesia (la vieja en realidad no tenía nada que quisiera conservar). Nunca volví a ese pueblo.

¿Ese es el teléfono? ¿Será posible? Oigo la noticia en la oscuridad. Cuando el celador remueve mi capucha, no disimulo una sonrisa. Me siento feliz, hasta que recuerdo la noche que me espera.

Los testigos han creado un alboroto cerca de la puerta. Un hombre batalla con el policía; me ha amenazado de muerte e intenta arrebatar la escopeta, para cumplir con su promesa. En el forcejeo, una bala escapa y el guardián grita una orden que nunca sería obedecida.

Una ráfaga zumba en mi oído izquierdo, e impacta contra el verdugo, directamente en su estómago, antes que pudiera sacar el revolver de su cintillo. Pobre tipo, se ha desangrado a mis pies; pensé chapotear en el pozo rojo que anega el piso de madera, pero tal vez no sea el momento de recordar juegos del pasado. Antes de abandonar el recinto, veo al asesino ser sometido por los guardas; su imagen me ha acompañado hasta mi celda.

No me detendré en una profunda reflexión sobre los acontecimientos del día. Ha sido un fin inesperado, incluso trágico, más los dos hombres que he visto victimar esta tarde, han fraguado un destino, una conclusión lógica de las circunstancias.

No festejo el desenlace de este evento, pero he comprendido que otro final sería imposible. Trataré de dormir esta noche, no estoy seguro que lo consiga.

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Born to lose, live to win

With Lemmy on my side

Brillo de ojos pálidos.

Mi vida es un carrusel, ahora, girando siempre sobre ese mismo eje que me atrapa. ¿Por qué no me lo puedo sacar de la cabeza? Talvez al lector, las razones se le asomen evidentes; a mí, sin embargo, se me ocultan.

No más abrir los ojos, y ya siento el escozor en mi cabeza, compañero inseparable desde hacía meses. Ni la ducha fría logra amainar el cosquilleo en lo bajo de la nuca; los vellos se me erizan, enviándome un S.O.S. de que la carajada anda mal. Y es antes de tomar café y pan con paté, que las ganas de verla me invaden. No puedo, no debo, sí quiero. Me aferro a la taza blanca, y el líquido, aderezado con gotitas de brandy, me calma la nervia, cuando menos de momento.

Entre cerrar la puerta de la casa, y abrir la de la oficina, mis oídos se vuelven locos, confundidos por los ruidos de la calle. La escucho y creo verla en el retrovisor; me mira sin pestañear, como sin vida. Sacudo la cabeza, e intento ahuyentar mis alucinaciones; me engaño yo solito, yo sé, porque las ganas me oprimen, y me he obligado a posponer el alivio.

Ya de saco y corbata tras el escritorio, soy un manojo de nervios. Las emociones se me enclochan en el pecho, y el corazón me brinca como toro de monta. Las palmas se me empapan, tanto que mancho los documentos; la camisa blanca se me pega a la piel. El segundero se arrastra con amargura, y el 5 en el reloj de pared se ve lejano, como las montañas en un día nublado.

Salgo disparado, como niño en el recreo. Las luces pares del tráfico me engañan, me hacen creer que era ella allí, frente a mí, mientras yo zigzagueaba en el asfalto.

Parqueé violentamente, y me lancé a la cerradura. Mi casa, grande y solitaria, acrecentaba el eco de mi respiración agitada, aguda, dolorsa. El pecho me arde, peor que el brandy mañanero. Las rodillas me tiemblan mientras bajo las escaleras, hasta el sótano. La tímida luz de la lámpara que ella me vendió, mucho tiempo atrás, descubre las miles de fotos que tapizan las paredes, los cuadernos que registran todos sus movimientos durante meses, el recibo de la lámpara, enmarcado cual bachillerato. Y en el centro del cuarto, sobre la mesa vieja, el brillo de sus ojos pálidos, observandome y traspasandome. Sonrío aliviado ante el rostro putrefacto, y me doy la vuelta, quitándome de encima el peso acumulado del día.

Me estiré entre las sábanas, bostezando. Soltando una risita, no pude evitar sentir las ganas de verla de nuevo. No sé, creo que me estoy obsesionando con ella.

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This is good, isn't it?
Botón de Pausa

Señales.

En realidad resulta curioso pensar que en un día como hoy hace exactamente cuatro años Valeria se convenció de haber descubierto todo. Por accidente, pero descubrimiento al fin y al cabo. Al menos eso era lo que siempre decía, en las entrevistas personales, en las sesiones de terapia grupal, en las confesiones íntimas con sus familiares. Como su mejor amigo en aquel entonces fui el blanco de sus conjeturas, las más disparatadas y las más elaboradas. Debo decir que mi amiga siempre tuvo inclinaciones hacia lo excéntrico, característica que en el círculo de amistades siempre fue vista como una especie de “atracción”. Valeria era nuestra amiga, la loca, en el buen sentido de la palabra, si es que eso existe.

Sin embargo y a pesar de conocerla tan bien yo mismo experimenté una sensación extraña cuando me comentó su descubrimiento. Lo hizo con un tono sombrío que me provocó un escalofrío tan intenso, que aún hoy en día lo recuerdo perfectamente. Traía en su mano el periódico que su madre leía habitualmente. Me citó en el parque que queda cerca de su casa y que normalmente está desierto, básicamente por la falta de atractivos para cualquier mortal sobre la faz de la tierra (una mala administración pública, lo sé). De a poco el tono sombrío fue cambiando hasta convertirse en un frenesí, mientras Valeria pasaba las páginas del diario, señalándome lo que según ella eran pruebas inequívocas de la existencia de un mensaje oculto que se formaba con las primeras letras de todos los titulares de ese día. Yo por supuesto, y a pesar de la sensación incómoda, le seguí el juego, como siempre que ella traía a colación alguna de sus teorías sobre conspiraciones o fenómenos paranormales.

- Mae, y ¿qué dice el mensaje? ¿Nos van a invadir o algo así?

Sus ojos se abrieron mucho al escuchar mis palabras y casi podría decir que mi amiga se veía aterrada. Comenzó a pasar las páginas de nuevo, esta vez señalándome su descubrimiento, letra por letra, hasta que en una especie de susurro completó la frase que, en una asombrosa casualidad, se formaba:

3S LA H0RA DE PREPARAR EL CAM1NO.

Siempre fiel a mi espíritu escéptico, la intenté convencer de que aquello no sería más que una interesante anécdota para compartir en la próxima mesa de tragos, pero ella esta vez estaba tan empecinada que incluso terminó por mandarme al carajo ante mi falta de credulidad en su teoría.

Algunos días después me llamó por teléfono, prácticamente ignorando que me había mandado sin ningún rodeo a comer mierda. No me saludó siquiera, se le escuchaba sumamente alterada y hablaba muy rápido, ya que según ella, nos podían estar escuchando. Me soltó un rollo acerca de una preparación para un camino que traería a unos seres del espacio exterior, seres que vendrían a conquistar la raza humana y el planeta entero. Dijo que había personas acá que les estaban ayudando, una especie de infiltrados, traidores, les llamó. Todo esto, afirmó, lo había averiguado leyendo los periódicos de los últimos 3 años, los había conseguido en la biblioteca de la U, había pasado horas estudiando las “comunicaciones”. Luego colgó, diciendo que pronto me llamaría con nuevos “resultados”.

Eso, en todo caso, nunca sucedió. Me refiero a la llamada. Pasaron casi dos meses en que ninguno de nosotros supo nada en absoluto de Valeria. La dejamos de ver por completo. Ya muy preocupados, y después de varios intentos y miles de mensajes en su celular y en el muro del Facebook, logramos contactarnos con su madre. La señora estaba sumamente preocupada. Nos relató en medio de un amargo llanto que su hija tenía más de 40 días de estar encerrada en el cuarto. No salía del todo, y comía apenas un poco de lo que ella le dejaba en la puerta, último recurso al que apeló al ver que Valeria no abandonaba su fortaleza. Subimos tres de sus amigos más cercanos a su cuarto, esperando que entrara en razón. Pero no obtuvimos respuesta de ella, excepto por un papelito que deslizó por debajo de la puerta:

“Es demasiado tarde, se han apoderado ya de las redes sociales”.

Convencimos a su madre de llamar a profesionales en la salud mental. Así que un viernes por la tarde, tumbamos la puerta del cuarto y la sacamos de ahí en medio de patadas y mordiscos. Se negaba a irse de aquel lugar que ahora parecía una especie de calabozo. El olor en primer lugar era insoportable, y las ventanas estaban completamente cubiertas, provocando una penumbra total. Pero lo más impactante fue ver sobre la pared, miles y miles de recortes de periódico; estos tapizaban por completo los muros. Estaban ordenados de manera sistemática y cuidadosa. Su computadora tenía miles de ventanas abiertas, extrañas páginas en Internet sobre teorías variadas, y había también miles de miles de notas escritas a mano, en el suelo y por todas partes.

Algún tiempo pasó Valeria en el hospital psiquiátrico, varias veces fuimos a verla y aunque la medicación la había convertido en un ser ausente, al menos había dejado de lado sus ataques paranoicos. Nunca más la escuchamos referirse al tema de nuevo. Cuando los doctores la consideraron estable, le permitieron regresar a su casa, con la condición de que debía de seguir con el tratamiento.

Ahora que lo pienso, es aún mucho más curioso pensar que en un día como hoy hace exactamente tres años Valeria desapareció por completo. Si bien su madre la tenía bajo un estricto celo, un día, muy temprano por la mañana, entró a la habitación para darse cuenta que su hija, nuestra amiga, ya no estaba. Nos llamó a todos, ninguno le había visto. Se dio aviso a la policía, a los medios. En la noche yo llegué a la casa para ayudar y apoyar a la madre de Valeria, que estaba a punto de un colapso nervioso. Registramos la casa buscando algo que indicara su paradero, pero no encontramos nada, excepto por una nota, la última nota que se conoce de Valeria. Había ido a parar debajo de la cama, la escritura era reciente y la letra temblorosa:

YA VIENEN.

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Inauguraré las votaciones por acá.

- Xavarria - 5pts
- 98 - 3pts
- Tequieroverde.- 1pt

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"I listen to bands that do not even exist yet"

Drizzt, no había notado que el personaje de su cuento se llama igual al del mío, jeje.

Voy:

Xvarria, "El hijo". 5 pts
98, "El Beso de la mujer araña 2, boogaloo eléctrico". 3pts
Zarathustra, "Una breve contradicción". 1pt

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Xvarria - 5pts
Drizzt - 3pts
tequieroverde - 1pt

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Ya quiero que empiece el FIA!!

Mejor voto ya, por que despúes se me olvida.

s1ne -> 5 pts.
Zarathustra -> 3 pts.
tequieroverde -> 1 pt.

Me gustaron muchos los cuentos, el tema me pareció muy preciso, pero creo que daba para que participara mucha más gente.

Reitero que me hace falta ver por acá viejos conocidos y nuevos por conocer por supuesto.

Del cuento de s1ne me gustó mucho el estilo y el ritmo... me gustan muchos los cuentos rápidos que no dan mucha vuelta.

Del de Zarathustra me cuadro mucho el estilo de la narración, bastante fresco algo diferente a lo que uno acostumbre.

Del de TQV,me gustó el tema y como lo trato, me pareció muy tuanis ese final.

En cuanto a los otros dos el de Drizzt y el 98 igualmente esta muy tuanis de hecho lo que más alegra de este concurso es que hay mucha consistencia en la calidad de las historias.

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Otra vez hay concurso de Cuento: dese la vueltica y si no es de los que escribe también se agradece la visitas de los que leen.

Mi participación está acá

Drizzt, 5pts
98, 3pts
Xvarria, 1pt

El cuento Valeria, de Drizzt, me capturó. Con economía de palabras y un estilo fluido, denota la angustia del personaje narrador, sin caer en repeticiones ni otros vicios. Y el final, sorprendente y previsible a la vez. Mu'ueno.

Una lástima la pobre participación (en cuanto cantidad, pues). Parece que, después de todo, la pausa en el concurso terminó por matarlo.

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This is good, isn't it?
Botón de Pausa

Buenas, pocas participaciones, pocas votaciones, pero en fin, acá está el resultado final:

Xvarria 16

98 9
Drizzt 8
s1ne 5
Zarathustra 4
TQV 3

Felicidades a Xvarria, ganador del concurso, esperemos que ya tengo un temita en mente para el próximo que motive más a la gente. birras

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

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