4to Concurso de Cuento Corto - Leyendas y Mitos

4to Concurso de Cuento Corto - Leyendas y Mitos

TEMA: Leyendas y Mitos

Ya sea de la Segua o el Cadejos, de Zeus, Shiva o de Quetzalcoatl, escriba su version o invente por completo una deidad o mito. Conviertase en Joseph Campbell o Mircea Eliade.

REGLAS:

• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden participar.
• Solamente participan los cuentos posteados en este tema.
• Sólo se permite 1 cuento por usuario.
• El cuento debe tener una extensión de 1 a 2000 palabras máximo.
• El cuento debe ser original, escrito y posteado por usted.
• El cuento debe ser inédito. Es decir, nuevo, escrito para el concurso.
• Se aceptan entradas del 7 de agosto de 2009 al 30 de agosto de este mismo año.
• No den karma negativo a los cuentos que no les gustan. Respeten los puntos y el esfuerzo de los demás. ¡No desmotiven a la gente!
• No comentar acerca de los cuentos hasta el 31 de agosto.

VOTACIONES:

• Las votaciones son del 31 de agosto al 4 de setiembre de 2009. El 5 de setiembre se anuncia el ganador.
• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden votar, aun cuando no hayan participado.
• No se puede votar por sí mismo.
• Se sugiere a los que participen con sus cuentos, que parte de su contribución es votar en el concurso.
• No se puede votar por un solo cuento. Desnivela los votos demasiado, además es desmotivante que haya gente que piense que solo un cuento es bueno, y nadie más merece ni un siquiera puntillo.

Hasta el momento:
Se vota escogiendo 3 cuentos, se les da un puntaje de mayor a menor (primero, segundo y tercer lugar), de la siguiente forma:
5 pts – Fulanito
3 pts – Sutanito
1 pt - Menganito

PREMIOS:

La idea de los premios está en construcción. Se aceptan sugerencias, patrocinadores, regalos.

Hasta el momento: El usuario y cuento con más puntos obtiene el primer lugar y gana:

• Cuento en la portada de 89decibeles.
• Reseña del cuento y del cuentista en 89decibeles.
• Escoge el tema del siguiente concurso.

¿DUDAS?:

Este tema es SOLO para los cuentos. Cualquier duda, sugerencia, idea, arroz con mango, o comentario acerca del concurso (reglas, tema, etc) por favor hacerlo en este tema.
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Participaré

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Equilibrio, Paz, Amor, Positivismo, Todo está en la mente...

El asesinato de Cristo y otras historias de interés general

I El hijo del carpintero

Ochenta años habían pasado desde la muerte del carpintero, cuando decidió Pablo salir de su casa. Sus ropajes son ostentosos, sus sandalias besan sus pies con cintillos de oro; el griego tiene una misión, o al menos eso se repite en el camino.

Alguien había asesinado a Cristo, pero ese triste hecho no es el que nos convoca esta noche en las calles de adoquines. Es la resurrección, gracias a la pluma y la garganta de Pablo, al desgaste de sus sandalias.

Una reprimida sonrisa, acompaña sus palabras; imagina los gestos de antaño, los mensajes de los filósofos caducos, mientras gesta una leyenda. No… es más grande, incontenible, es una historia de religión, la Fe definitiva.

Ochenta años atrás, tres hombres murieron en el Gólgota. Sus cuerpos podridos, calcinados más allá de todo reconocimiento, todavía pueden ser encontrados en esa cueva común, mausoleo de pobres y ladrones, y enemigos políticos de la Roma conquistadora.

Es un griego, tal vez joven, quizá idealista, el que resucita la palabra. Él encarna un verbo que seguirán millones; como un soplo de viento en la arena, sus relatos extenderán infinitamente esos 33 años, lejos del alcance sórdido del carpintero. Eso, al menos, es lo que prefiero pensar.

La creación de un Reino de los cielos, es un ejercicio artístico, una puesta en escena con propiedades poéticas. Las ideas que dominarán siglos y secuestrarán la cultura. Su negación, fue la muerte de rostros tiznados, es razón de desprecio.

Nada de ello nos preocupa hoy, no es cinismo lo que alimenta su epifanía. Su ego será desvirtuado por la grandiosidad de su historia. Su nombre, olvidado en la arena.

Cuando Pablo salió de su casa, tenía una misión. Si aceptamos la falta de pruebas como sustento teórico (y sin duda los sucesores del griego han condonado tal metodología), veremos que sus motivos fueron épicos, más que políticos, estéticos, no condenatorios.

Una metahistoria se ha construido en los cimientos de su leyenda. Una mitología de la cual no es posible decirse aparte. Claro, hasta que otra historia (acaso publicada en espacios virtuales) prevalezca en interés y tiempo.

Roberto Morales Sáenz-2009.

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Born to lose, live to win

With Lemmy on my side

Mujer pasos de gato

Sería hipócrita no admitir que lo que me interesó en primer lugar fue el aspecto físico. Así fue. Ahí estaba ella, sentada en aquella cafetería, mujer-helena de troya, bella con su enagua blanca hasta las rodillas, su blusita naranja, sus sandalias cafés, collar de abalorios pequeños en el cuello. Senos, caderas y piernas de martirio, un rostro fino como un sueño de seda. La brisa que soplaba le revolvía los cabellos levemente, y la luz del atardecer creaba sombras de formas inciertas a su alrededor. Después de lo que acabo de decir, seria hipócrita también no admitir que me considero un poeta fracasado, pero valga la confesión para agregar una sola cosa ya sin más complicaciones: Aquel fue un momento mágico, tanto que me sirvió de empuje para acercármele y hablarle a quien en aquel momento señalé como “la dama de rizos castaños”. No es que esto fuera algo inaudito, siempre he tenido una auto confianza que abruma hasta a mis mejores amigos, quienes se ven en todo caso beneficiados de vez en cuando con mi enorme capacidad de hablarle a cualquier mujer en cualquier lugar o circunstancia, cualidad que les ha reparado largas noches de desenfreno sexual e interminables días de resaca implacable. No era esto, sin embargo, lo que me rondaba la cabeza mientras caminaba hacia ella. Era una especie de fragilidad mental lo que me aturdía el cerebro, algo que nunca había experimentado jamás, me sentía desnudo, vulnerable. Y sin embargo, una especie de impulso de inevitabilidad me obligó a seguir avanzando.
Al llegar junto a ella la sensación de inseguridad se había apoderado por completo de mí, así que como el más inexperto solo atiné a emitir un débil “hola” como saludo, y por un breve segundo sentí que había arruinado mi oportunidad ¿Qué había sucedido con mis magnificas frases gancho, mi galantería, mi inconfundible encanto, mi sonrisa confortadora? Justo en el instante en que estaba a punto de convencerme de ser un inútil sin remedio, ella volteó su cabeza devolviéndome el saludo con una sonrisa y regalándome el espectáculo de unos ojos sorpresivamente negros y profundos. No me invitó a sentarme, pero yo lo hice como cediendo ante la fuerza de algún extraño conjuro de un viejo mago astuto e incomprendido, sobre todo incomprendido.
Luego, para aumentar el cúmulo de sensaciones extrañas, las palabras salieron de mi boca con una fluidez ejemplar: en menos de una hora le había contado mi vida por completo. Le solté incluso confesiones que en algún otro momento me habrían parecido vergonzosas. Ella me escuchaba con cierta displicencia, que sin embargo me animaba a continuar. Debo hacer énfasis en el hecho de que durante todo este rato, ella no emitió ni una sola palabra: mujer-triángulo de las Bermudas, su voz se convirtió en un enigma de muchas posibles soluciones. Hasta que finalmente, como en un intenso relámpago vocal, sus palabras me golpearon en la sien izquierda: -Me podés llamar Selma- dijo, y toda ella me pareció tan encantadora como un ave de mil colores.
A partir de aquella tarde nos comenzamos a frecuentar muy a menudo, a tal punto de que los convencionalismos me obligaron a referirme a ella como mi novia. Mi vida dio un gran giro que no supe prever, ella se volvió el gran astro ante el cual yo me convertí en un sumiso, complaciente y orbitante satélite. El sexo era uno de los grandes pilares de esta transformación: en mi apartamento nos solíamos entregar uno al otro en interminables tandas de placer absoluto, aún la sensación es difícil de describir. Pero si he de aventurarme, diré que así debe sentirse cuando se hace el amor con un ser etéreo.
Quizá esto no resulte nuevo para nadie, al fin y al cabo, muchos hombres caen como víctimas inocentes en tales marañas de enamoramiento y obsesión. Yo mismo me confesé, en un inicio y con cierto sarcasmo, partícipe de estas huestes. Sin embargo, con el mismo impacto que provoca el choque de una mosca contra un parabrisas desprevenido, así de esa forma me llegó a mi la revelación de cuán extraña era mi situación. A pesar de nuestros múltiples encuentros me descubrí un día completamente ignorante de la vida de aquella mujer; mis conocimientos sobre ella se limitaban a un nombre y a ciertas cosas que podríamos llamar superfluas. Nunca, en ningún momento, accedió Selma a hablarme de su pasado. –Es algo que quiero dejar atrás- me respondió, aplacando cualquier intento de insistencia de mi parte. Eso lo pude entender fácilmente, aunque no ocurrió lo mismo con mi manera de aceptar el resto de cosas, eso sí que escapó a mi capacidad de entendimiento. Nunca supe dónde vivía, ni con quién, ni su teléfono ni su correo electrónico ni dónde trabajaba, si es que lo hacía; nunca supe nada de ella en lo absoluto. Ni siquiera sabía cómo nos encontrábamos: ella simplemente aparecía, mujer-pasos de gato, era difícil verla venir, al igual que era difícil verla marcharse. Lo más curioso es que todo esto siempre fue, hasta cierto punto, tolerable e incluso llevadero. Sólo existía, risiblemente, una cosa que me acongojaba y me intrigaba hasta el punto de no dejarme dormir: su negativa a montarse en mi moto.
Mi moto, una Harley-Davidson Twin Cam 88, todo un placer a la vista, el motor todo un deleite al oído, irresistible para las damas. Un paseo en ella era a menudo la excusa perfecta para coronar la noche. Ninguna mujer que yo hubiera tratado de conquistar se había negado jamás a dar una vuelta en mi carruaje de ébano, título con el cual nombré, secretamente, a mi máquina. Sé que acá hay espacio para el doble sentido, especialmente por mi color de piel, pero les dejaré pensar lo que quieran acerca de estos motes, al menos esa concesión sí puedo hacer ya que en todo caso podría resultar en mi favor. Ninguna mujer, en resumen, se había negado, excepto Selma. En mi infantil capricho por convencerla, intenté de todo, saqué todos los argumentos posibles ¿Que el miedo? ¡Pues yo jamás he tenido un accidente! ¿Incomodidad? ¡Por favor! Esa moto es más espaciosa que un automóvil pequeño. Pero no hubo avances por la vía de lo racional, lo cual me hizo caer en medidas desesperadas como la manipulación psicológica, artimaña por lo demás barata ante la cual, sin embargo, ella no dio el brazo a torcer. Incluso llegué a tener fantasías diurnas en las que la arrastraba a la fuerza y la sentaba en el asiento de la moto, mientras le gritaba: -¡Ves! ¿Te costaba tanto hacer eso?- Pero evidentemente esto nunca sucedió, mujer-mota de algodón, jamás me habría atrevido a mancillar su fragilidad. Eso sí, mis deseos por verla sobre la moto no disminuyeron, de modo que caí en la imperceptible conveniencia de la rutina: todos los días se lo pedía, más por costumbre que por otra cosa. Ella todos los días me respondía que no, haciendo gala de una paciencia a prueba de todo.
El día que marcó nuestra separación estábamos retozando en la cama, tarde en la noche, saboreando las bondades de un domingo sin mayores compromisos, situación que yo aproveché para hacerle, quizá por millonésima vez, la petición como era habitual, mientras por dentro me preparé para sentir su mano acariciando mi mejilla, la mirada benévola, las dulces palabras diciéndome que no, que no quería hacerlo, que nos levantáramos y cocináramos algo para cenar. Pero no sucedió así, el ritual se rompió cuando respondió: -Sí, está bien, vamos-. Me pareció que esto lo dijo con un aire nostálgico, como en una despedida en donde se sabe de antemano que no se volverá a ver a esa persona que tanto se quiere. Pero el huracán de alegría que en ese momento hizo estragos en mis sentidos no me permitió apreciar esto adecuadamente: como una tromba me levanté, me vestí y apuré el asunto para que nos fuéramos a dar el paseo que yo tanto había anhelado. No sé porqué, pero volví a pensar en el viejo mago de los conjuros, y me solidaricé con él ante la falta de comprensión por parte de quienes le rodearon durante su vida.
Ella se acomodó en la moto justo detrás de mí, sus brazos se aferraron a mi cintura. Elegí una ruta que permitiera poder mostrar todas las bondades de mi máquina de ébano, para asegurarme de que Selma nunca más volviera a negarse. Gratamente pude comprobar que ella no estaba incómoda, o nerviosa. Más bien sentí que estaba experimentando un regocijo por demás extraño para alguien que había evadido tanto ese momento.
En la ruta el regocijo de Selma comenzó a crecer de una manera desbordantemente placentera. Esto lo sentí en la forma en que sus manos, aún atadas a mi cintura, comenzaban a recorrer mi cuerpo de arriba abajo, como tratando de arrancarme la piel. Tales arrebatos iban acompañados de pequeños gemidos que delataron su estado completo de excitación, lo cual me sorprendió en igual medida que me fascinó: era algo que nunca me había ocurrido. A través del retrovisor derecho, pude ver como ella se quitaba el casco y lo lanzaba a la calle, en un singular arrebato de placer.
La noche prometía ser tan intensa como para llevarnos al desmayo completo, o al menos eso me estaba diciendo cuando sentí las manos de Selma tan distintas a lo normal, que me alarmé. Al bajar la vista comprobé que no solo se sentían distintas sus manos, si no que estaban distintas, como más grandes. Su risilla y sus gemidos se habían comenzado a convertir en una escandalosa carcajada que retumbaba por toda la calle, su olor otras veces tan suave ahora me corroía las fosas nasales mientras llevaba su fetidez hasta mi cerebro. Sin quererlo realmente volví a ver hacia atrás, y el espanto se apoderó de mí: en un instinto de auto preservación que ahora agradezco, salté de la moto hacia la calle, no sin dejar de sufrir las consecuencias en mis articulaciones.
Cuando la moto finalmente se estrelló contra el muro de un edificio de apartamentos, la cara de Selma era ya la de una yegua que reía con un sonido metálico, perturbador.

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Los Estudiantes

De los relatos homéricos nuestra memoria rescata deidades y mitos. Homero por sí mismo es un mito. Un juglar ciego que pasó su vida viajando por el archipiélago griego, recitando de memoria monumentales poemas parece a algunos una leyenda, un mito sin más ni más. Hay quien de forma contundente considera que en Homero se funden varios cientos de años y juglares y tradición que diluidas en el tiempo cobraron el nombre del poeta de Micenas (o acaso Atenas.)

Su obra mayor puede dividirse en dos: el último año de la guerra de Troya, según se afirma de forma pacífica, y el regreso de Odiseo, también llamado Ulises, a su querida y árida Ítaca. No tan pacífica resulta la autoría de ellos. Se intuye que el primero, por su estilo, fue escrito por alguien distinto al que narró las aventuras de Odiseo en su regreso a Penélope. Esta afirmación levantó una gran llama pues se creyó sacrilegio borrar de la Odisea el nombre de Homero. Falaces resultan algunos argumentos, convincentes otros, lo cierto es que, de su lectura, sin necesidad de entrar a estudios detallados, se logra descubrir que en efecto la dulzura y sonoridad con que se describen las cuitas odiséicas no es igual a la fortaleza y pundonor con que se narra la muerte de Patroclo.

Pero más llamativo aún resulta el hecho de la presencia de Zeus y sus hijos en ambas obras. La toma de Ilión se atribuye a la complacencia del Crónida ante los ruegos simpáticos de Hera y Atenea, los humanos eran simples piezas en el juego de la guerra, adorada por Ares. (son Ares y la guerra lo mismo?). Odiseo no encuentra más descanso que su propia situación, no hay báculo divino proporcionado por el olímpico tal y como sí lo encuentra Héctor al asesinar al Menetíada atribuyendo esta traición a una flecha perdida de Apolo.

A pesar de la alevosía con que se engaña al Cíclope Polifemo, Ulises hace mofa de la ceguera de su enemigo, luego de robar leche y queso y mantenerse con vida al hacerle beber el dulce vino entregado por Calipso y mutar su piel en la de oveja en fantástica huída de la cueva del semi dios.

Fantasía o no, los dioses colaboran con la vida de los humanos, inclusive seres mitad dios mitad hombre caminan entre nosotros, seres que creíamos imaginados por cuentos de ciencia ficción en Homero son reales; los cíclopes que se nutren de leche de cabra; el consorcio entre Tetis y Peleo que alumbró a Aquiles. Hay quienes afirman que el cristianismo decantó en Jesús los relatos homéricos, hijo de un dios y una mortal.

Son evidentes los símbolos, o dioses. Ares la guerra, Venus, el amor, entregados al disfrute de pernoctar en el iluminado Olimpo; guerra y amor, ¿acaso no son lo mismo? El sueño primo de la muerte, pues cuando dormimos estamos casi muertos; Las Horas, tejiendo interminable tela en la vida de los humanos; Boreas y Euro, vientos ligeros, rápidos mensajeros; Discordia y Furia, hermanas que no se separan.

El simbolismo en la Odisea y la Ilíada difieren sustancialmente. En aquella, el hombre se asimila al dios, son iguales, de la misma fortaleza e inteligencia; Calipso no puede retener a Odiseo; Escila y Caribdis no logran detener al Laertíada en sus horrendas fauces; Polifemo es engañado vilmente. El relato de la toma de Troya, por su parte, coloca al hombre como un objeto que es manipulado fácilmente por los deseos y caprichos de los dioses según simpatías particulares que resultan más que odiosas. Es Zeus el que define cómo y cuándo muere Patroclo; cómo ha de morir y ser rescatado el héroe Héctor; el destino fatal de Dolón.

Cansado ya de lectura trivial y francamente no tan buena, decidió cerrar el pequeño libro de pasta dura y rugosa, casi negra. Pensamientos de loco coleccionista de Homero. El libro le pareció interesante, no tanto el título ni el autor, al cual evidentemente lo sometían los relatos abstractos de una época etérea y poco probable, sino el extraño olor a página seca y amarilla, una mezcla entre hongos y polvo perfectamente balanceados que penetró en su nariz y casi como un extraño clímax, le provocó un potente estornudo que sacó de su lectura a los demás estudiantes que compartían con él los silenciosos y largos salones de matices marrón y negro que conformaban la sala de estudio individual de la biblioteca capitalina.

Consiguió abrir de nuevo el libro procurando no aspirar el suave coctel de esporas que contenían las páginas avejentadas de este ejemplar que de alguna forma lo hicieron alucinar y soñar.

Cerró nuevamente el libraco para evitar aspirar el extrañamente delicioso olor de ese libro de mal ver. Decidió buscar referencias del panfleto que por casualidad lo había dispersado de su gordo y extrañamente aburrido texto de “Economía General” que había escrito algún ruso o polaco. Este era distinto, su aspecto lo determinó en primer lugar a ignorarlo sin poder dejar de pensar en él.

Era difícil de leer pues su tipografía era chata y algo redondeada, con letra pequeñísima y páginas que no se amoldaban a la mano, tenían algo así como vida propia, era imposible darle una posición cómoda. - Las primeras páginas desprendidas se perdieron en algún lugar de la biblioteca sin que en realidad a nadie le importe – pensó.

Intentó hablar con el bibliotecario, perfectamente camuflado entre las pilas de libros que debía acomodar, pero no hizo más que encoger sus huesudos hombros, balbucear unas palabras y volver a encogerlos.

La biblioteca lo había consternado. El libro le indujo un agudo dolor de cabeza que lo atormentó durante un par de horas. Cerró los ojos con fuerza al mismo tiempo que sus dedos índice y pulgar apretaban firmemente los lagrimales, extraño remedio para el cansancio. Los abrió de nuevo. Pasmo. La Biblioteca vacía. Solo el delicioso olor al maldito librillo olvidado por los tiempos en los gastados estantes de una biblioteca que no podían reconocer el mal gusto de una traducción de pacotilla.

Con furia esta vez volvió a restregar sus ojos solamente para comprobar que los estudiantes estaban allí todavía y que todo había sido una odiosa alucinación que olvidaría en el momento en que tomara ese trago que tanto anhelaba en el bar esquinero con olor a tabla podrida y olla de carne. Pero no, estaba solo, atrapado por alguna razón en el tiempo. Se sintió desolado. Corrió en busca del despreciable bibliotecario sombrío, búsqueda nefanda. Solo se acrecentó su tormento al apreciarse aislado en los pasillos olorosos y llenos de eco.

Su desesperación lo hizo recordar a Dios. Pidió ayuda, con vehemencia: sus gritos retumbaban rebotando en las paredes altas y frías. - Dios? Ares? Zeus? el olímpico – gritó espantosamente - buscando una alternativa de dios que pudiese ayudar.

De la mesa cayó el folletín, esparciendo de nuevo las deliciosas esporas alucinantes que aspiró con brutalidad; los peldaños de la biblioteca lo harían vacilar entre la búsqueda de su escudero y el carro o lanzarse valientemente a la batalla que se gestaba frente al campamento de su ejército.

Un extraño cantar de sirenas le indicó que la playa se encontraba cerca y que era hora de trabar el combate. Vistió su armadura y ciñó hermosas grebas a sus piernas. De un salto avistó a Hector en la multitud de la cruel batalla. Oró a los dioses que le ayudasen a vencerlo y vengar de una vez por todas la muerte dolosa de su escudero. Decidió atacarlo de cerca pues no quería que el placer de la muerte del enemigo se fuera volando junto con el difunto al Tártaro. Empuñó la fornida espada y se abalanzó ferozmente sobre su enemigo mortal, sin vacilación, sediento de sangre, embriagado de venganza…

El bibliotecario, en legítima defensa, le clavó el abre cartas en el cuello.

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La Raíz del Higuerón

A solo 200 metros del río Torres se encuentra el Gran Higuerón. Aún en el “boulevard” del pueblo se escuchan a las personas de antaño como don Israel contar aquella nostálgica y pesarosa historia.

Era el año 1954, con una escasa población de 236 personas en el pueblo y con kilómetros del grano de oro, estas personas se caracterizaban por su inmensa humildad, mujeres altamente calladas (pero con muchas ansias de hablar) y el gremio varonil hundido en el alcohol.
Aún se escuchaban discusiones en la cantina de Tulio, a cerca de la recién acabada guerra, y siempre los Liberacionistas tenían razón, y si no la tenían se iban a los golpes y ganaba quien sacaba su cutacha de primero.

Efraín, era un hombre de estatura media, 39 años de edad, su piel era de color de la tierra debido a tanto sol que ha llevado laborando para sus hijos, sus ojos de un color caoba, y siempre con sus pantalones bien ajustados a la cintura y su camisa abierta en los 3 primeros botones para así mostrar sus vellos en el pecho, era de las figuras más conocidas en el pueblo, siempre viajaba en su yegua “Fichita”.

Efraín tenia muchos terrenos, oriundo de la zona del Sur país, se casó con Amada, hija de Felicia y de “Toño” Ledezma, que fueron de los primeros habitantes el pueblo.

Producto de su matrimonio tuvieron 10 hijos y otros 3 que levantaron de las calles para así darles un techo seguro. Efraín se mostraba como un padre de mano dura ante sus hijos, enseñándoles desde jóvenes el trabajo de la tierra.
Todos los sábados al medio día, después de 6 días de ardua labor, Efraín iba a la cantina de Tulio y consumía gran cantidad de “chirrite” al punto en que sus hijos lo tenían que llevar a su casa.

Su relación con Amada venía en picada desde hace muchos meses atrás, mas esto no le causaba una pizca de preocupación en su interior. El como todo macho poseía una amante llamada Camila. La madre de Efraín, Doña Erlinda, conocía de su aventura y en repetidas ocasiones le decía – Mira mijo, no juegues con fuego que te llegas a quemar, el adulterio es una gran maciada. Mas Efraín hacia caso omiso de las palabras de su madre.

Mientras su relación con Amada se tornaba infinitamente distante, cada día, la pasión con Camila se incrementaba enormemente, al punto en que en el hogar de sus hijos pasaban penurias, ya que de parte de Efraín no había ya aporte económico, apenas alcanzaba para subsistir con lo que Amada vendía de almuerzos a los de la “cogida”.

Y así pasaron los años y todo se fue haciendo rutina, ya ambos no se cruzaban una sola palabra, don Efraín, había perdido casi todos sus terrenos, sus hijos ya mayores sustentaban la casa, doña Amada aún brindaba un techo de esperanzas a niños desafortunados que con mucha gratitud cada día le manifestaban su gesto. “Gracias ña Amada, su comida es una bendición para mi”- decía el pequeño Ernesto.

Efraín y Amada continuaban viviendo juntos, y Efraín sentía esas ganas enormes de contarle a su esposa de su pasada infidelidad, aunque en su momento el no sintió molestia por esto, ahora se lo carcomía poco a poco, y a pesar de que esto era un secreto a voces, el en su ignorancia desconocía que su esposa sabia de este hecho.

El martes 22 de febrero de 1972, Amada se descompuso mientras cocinaba sus famosas y deliciosas tortillas. Fue llevada de emergencia por uno de sus hijos al hospital. Después de varios exámenes, los doctores le diagnosticaron un terrible mal en sus pulmones, y le pronosticaron solamente 15 días más de vida.

Efraín al escuchar esto, su alma quedó hecha añicos, sintió un temblor desde su dedo meñique del pie hasta su cabellera gris, un frió colosal paso por toda su espalda. Habían pasado 6 días del suceso y Efraín visitaba a su esposa, pero parecía que su lengua pesaba lo que pesaba su conciencia, pues ni una sola palabra le dirigió a Amada.

Transcurrían las 2:16 a.m del martes 29 de febrero, ahí se encontraba Efraín sin poder pegar los parpados observando a su esposa en la cama, ella despertó con muchos problemas para respirar, él rápidamente se levantó para ver qué pasaba, corrió hacia la cama y en los ojos de su esposa vio algo que nunca se imaginaria, ella mostraba una paz inmensa, y se podía notar que ella aceptaba las disculpas que en silencio su esposo le daba en ese momento, tras un último y largo suspiro Amada le cerro los ojos a este mundo y descansó.

Ese mismo día Amada fue sepultada, en una tarde donde no hubo una sola nube en todo el cielo. Efraín no pudo desahogarse y contenía un dolor punzante en su interior, fue así que esa noche de luna llena caminó hacia el viejo higuerón y se arrecostó a él.

Cuentan que ni la fuerza de 100 caballos pudieron levantar a Don Efraín de ese sitio – le menciona Don Israel a su nieto Steven.

Para concluir con el relato Don Israel le dice a su nieto- Se cree que el se sentó en ese higuerón, buscando una sombra lo suficientemente grande para tapar su agigantado orgullo.

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Esa roca blanca y coralina

Un día, de tanto estar ahí parada llorando, la sal y el mar decidieron dejársela y la fueron cubriendo con su magia poco a poco y con constante oleaje. Entonces sus pies se volvieron blancos y coralinos, su vestido no revoloteó más y las lágrimas dejaron de bajar. Todo se pauso. Primero la gente del pueblo la iba a ver de lejos y apenas se acercaban con esa odiosa mezcla entre lástima y miedo, pero luego perdió tanto la forma y pasó tanto tiempo que los niños subían en ella y la rayaban, por la noche los jóvenes hacían el amor aprovechando su sombra y solo alguno que otro adulto medio recordaba la vieja leyenda.

Los viejos ni se atrevieron a contarla nunca más… ni eso ni a pescar tampoco, pero eso fue hace tanto tiempo…
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El día que Ana Victoria le dijo a sus padres que se iba a casar ellos se volvieron a ver y no lo podían creer, simplemente era imposible que una muchacha de 18 años que nunca salía de su casa sola y que lo único que hacía era ayudar a sacar sal del mar pudiera tener con quién casarse. Simplemente era imaginario.

Pero no, ella se iba a casar y lo haría con el único hombre con el que había hablado en toda su vida: Pedro.
Sí, él. El que pesaba la sal y les daba una miseria por tanto esfuerzo, luego se llevaba toda esa sal y recibía apenas un poco más, que no valía la pena para tanto esfuerzo y tanto viaje junto. De todos modos era lo mejor que se podía hacer. En ese pueblo, después de tanto tiempo, nadie pescaba.
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Para esas fechas el mar había tomado un tono oscuro y estaba picado, todo el día todos los días. Los pescadores entraban al mar y apenas salían con vida, pero con lo suficiente para comer, casi todo era pérdida, pero eran felices haciendo lo que sus padres les habían enseñado mejor que cualquier religión: pescar.

Mientras tanto, María hacía todas las faenas del hogar y esperaba que volviera su querido esposo, lo esperaba con ansías porque siempre disfrutaba la comida con él, las aventuras en el mar, las criaturas que ella nunca verá, todo lo imaginaba y lo vivía tal y como si hubiera estado allí ella y no él, pero sobre todo le encantaba la noche junto a él, que la tomara en sus brazos y se dejara amar por ella y luego amarla a ella y prender fuego al tiempo que deshacían la cama.
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Cuando Pedro habló con los padres de Ana Victoria y les dijo que, a pesar de que todas las mujeres del pueblo eras hermosas, ninguna tenía la gracia y humildad de su hija y que, aunque ellos no quisieran él se la iba a llevar, así tuviera que esperar a que se murieran, ellos se quedaron convencidos de que no se trataba de ningún amor imaginario, era de carne y hueso y no se iba a ir hasta conseguir lo que llegó a pedir. Entonces asustados y medio aperezados se pusieron a hacer los arreglos para la boda.

Para esas fechas el mar había tomado un tono oscuro y estaba picado, todo el día todos los días.

Ana Victoria y Pedro llegaron a casarse y con eso vinieron los problemas… esas riñas comunes no, si no que Ana Victoria no tenía con qué hacer comida y Pedro no tenía con qué comprarla. Fue entonces cuando a pesar de todo… decidió salir del pueblo. Pidió prestada una red, tomo una barca vieja que ya no tenía dueño y le dijo a todo el mundo que se iba al mar a pescar, de por sí, ni sabía por qué nadie pescaba. -¡Poco de pendejos que no saben nada!- Ningún otro hombre lo acompañó y no sabían realmente por qué, simplemente lo sabían y a pesar de que hubieran ganado algo de dinero extra los pies no se movieron de su sitio. Se sintieron pendejos, tal y como Pedro los había llamado y fue como si unas inmensas e invisibles manos los tomaran por los tobillos y los clavaran a la tierra y de alguna u otra forma su coraje no pudo con contra ellas y ahí se quedaron viendo por última vez en carne y hueso a ese muchacho inteligente y soberbio, lo observaron hasta que no soportaron saber que iban a llorar por ser así como eran y ni si quiera poder explicarlo. Se dedicarían a la sal por siempre.

Esa noche Pedro tomó a Ana Victoria y deshizo la cama con ella, ella termino de ayudarle y convirtieron la fea casa en lo que soñaría cualquier amante y así sin práctica hicieron todo lo que nunca aprendieron en ningún lado.
Cuando despertó, Ana Victoria odió el amanecer porque Pedro ya se había ido a pescar y se quedó allí, esperándolo… pensando en cuánto lo amaba.

Pedro se levantó temprano y salió, la noche anterior había escuchado el mar un poco más violento, pero no se dio cuenta realmente porque estaba demasiado ocupado con su mujer y además ya casi amanecía y el mar estaba casi tan pacifico que hubiera jurado que nunca se había movido, las olas apenas y reventaban y casi ni llegaban a la piedra en forma de mujer que estaba cerca de la costa: era tan perfecto, todo se prestaba para entrar y pescar.
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Mientras Carlos tomaba a María aquella última noche y eran imaginados por el mar, este no soportó más y se batió desde el fondo, desde más allá donde se esconden las criaturas más grandes y temidas del océano y lanzaba su susurro: “Maldito pescador”, las puertas de las casas se azotaban, “no quiero…”, la gente del pueblo en una coreografía casi practicada cerraba puertas y ventanas, corría cortinas y medio miraban hacia afuera, “compartir…” los muchachos no corrían, pero caminaban con miedo hacia sus casas, los padres tenían miedo, “su amor”… Carlos y María no se daban cuenta, estaban unidos en un estupor de piernas y brazos que recorrían los cuerpos de los dos y el sudor era parte de esa escena, el cabello de María se pegaba a la cara y Carlos amaba ver su cuerpo desnudo, ella no pensaba en nada, solo en lo que sus manos y piernas hacían sin pedir permiso a nadie, hasta que todo terminaba con dos cuerpos paralelos y dormidos, uno abrazando al otro y los dos respirando al mismo tiempo.
“Maldito pescador”

Lo que Carlos no sabía era que el mar se había enamorado de su mujer y no estaba dispuesto a dejarla en sus brazos ni un día más, así que con todo su odio y a como pudo esperó el mejor momento para luchar por su amor… esperó y los espió, pero no soportaba, los celos no lo dejaban en paz y cada noche era un suplicio, prefería no mirar y mientras daba la espalda se escuchaban susurros que el viento traía desde el fondo del mar.
“Maldito pescador, no quiero compartir su amor.”

María odiaba el amanecer, porque Carlos se iba a pescar y ella se quedaba ahí… extrañándolo, pensando en cuánto lo amaba.

El mar entonces halló su momento… y sonrió…
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El mar ya sabía lo que tenía que hacer… ya lo había hecho antes y no dudaría en hacerlo de nuevo. Cada beso que reventaba en aquella piedra blanca y coralina le recordaba que había ganado y que aunque el Maldito Pescador luchara, nunca compartiría el amor de aquella mujer de la que nunca supo nada, solo se dio cuenta de su belleza y la quiso para él.

Pedro se atrevió y entró al mar, el sol daba en su rostro, era un sentimiento hermoso, el mar ni se movía, solo lo llevaba cada segundo un poco más hacía adentro, pero Pedro no sacaba nada y se afanaba más en su empresa, se molestaba cada vez más y el mar sonreía cada vez que aumentaba la velocidad para adentro y Pedro estaba cada vez más molesto… de repente las nubes tornaronse oscuras, las olas movían más la barca, Pedro se sostenía apenas en firme y empezó a escuchar los silbidos del viento que le decían: “Maldito pescador, no quiero compartir su amor.”

Pedro luchó, remó, gritó, lloró… se hundió… el mar lo llevaba adentro, justo donde estaba Carlos que luchaba fuertemente y sin desistir… Pedro no entendía y no entenderá hasta dentro de mucho tiempo, después de ver luchar a Carlos por muchos, muchos meses y entender que iba a estar ahí por la eternidad sin ver a su mujer…
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Llegó la tarde y María no supo nada de Carlos, no sabía que había luchado, que había remado, que había gritado, que había llorado, que se había hundido y que estaba luchando por ella soberbiamente…

Pasaban los días y los demás pescadores no entraban al mar, no después de lo que había pasado con Carlos. Pasaban los meses y la gente ya no iba a la costa, solo María que lloraba por Carlos y todos los días iba al mar, cada día se quedaba un poco más, siempre iba con su vestido blanco y descalza…

Hasta que un día la sal y el mar decidieron dejársela…
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Ana Victoria inevitablemente hizo lo mismo que María.

La gente hora se atreve a asegurar que cuando hay tempestad son Carlos y Pedro luchando a muerte contra el mar.

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"Parece difícil echarle un vistazo furtivo a las cartas de Dios. Pero que juegue a los dados y utilice métodos "telépaticos"..., es algo que yo no puedo creer ni por un momento"

La añoranza del éxito

Eddie llevaba meses planeando, haciendo cálculos, asegurándose de tenerlo todo en perfecta sincronía. Muchos lo han descrito como una persona "anal", por su rotunda negativa a que las cosas se le escapen de las manos; y aunque lo decían en un contexto hostil él aprendió a aceptar su naturaleza y a refinarla a través de prácticas y pruebas, incrementando el nivel de estrés probable gradualmente en forma tan sistemática como un científico moviendo las variables de una investigación, rigurosa y detalladamente. El Doctor Franklin le diagnosticó razgos esquizo-paranoides a sus trece años, tras verse envuelto en un altercado con un compañero de clase porque éste le hizo creer que la fecha de entrega de un reporte no era la que él creía, y al darse cuenta del engaño ( y tras perder la asignación) su compañero de clase terminó en el hospital con daños leves. A través de los años, sus padres le han ayudado a sobreponer esta condición e incorporarse en la sociedad.

Hoy Eddie, como le decían su madre y hermana, se prepara para el máximo de sus retos. Se vistió de traje, algo que no era muy común en él. Metió en su maleta lo que creía necesario para su hazaña. A pesar de vestir de negro, se puso sus amadas Doc Martens rojas. Su pelo carcomido por el sol y la falta de corte se veía extrañamente acomodado, pues pasó horas acicalandolo cual princesa de cuentos de hadas esperando brillar en el baile: éste era su baile, su oportunidad de brillar. Comió su acostumbrada lasagna, clásica de los viernes, se cepilló los dientes y salió a las 11:45 tras encender un cigarrillo.

Arribó a las 12:15 al banco. En la entrada, recordaba las palabras de quienes lo consideraron "anal" a través de los años. A sus 23, Eddie parecía saber muy bien lo que quería de su vida, y eso era destacar de entre la gente común y corriente, ser emperador de la elocuencia y creatividad humanas, ser reconocido por sus logros despampanantes. Entró al banco, no sin antes ponerse su máscara de Darth Vader (extraño chico: extraña eleción). Metió un puñetazo en la boca del guarda de seguridad, quebrando su mandíbula pero sin causarse dolor alguno, pues sus guantes de cuero amortiguaron el roer de los dientes del guardián. Y tras sacar sus dos relucientes armas, gritó la frase más cliché que se le pudo haber ocurrido a cualquer persona que asalta un banco. Tras cinco minutos, sale del banco con la frente en alto y corre y grita alegremente por las calles josefinas. Era su victoria: nadie le reconoció, nadie supo por dónde se fue pues en ese preciso instante Eddie había calculado la salida a almuerzo de la firma de abogados que se encontraba en la esquina diagonal al banco que poseían vestimentas casi identicas a las suyas. Su ego se alzó como el sol al alba, y fue feliz.

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Hoy Eddie salió de su apestoso apartamento tras comer una lata de frijoles añejos. Llevaba su bolso lleno de bolsas y entre ellas, algunas cosas que iba a utilizar para su asalto. Al verse frente a las puertas del banco, el guardián intentó no dejarlo pasar, pues este vestía tan extraño como una caricatura, y su cabello dejaba mucho que desear. Tras escabullirse de su obstáculo, ingresó al banco y mientras todos se escandalizaban y atemorizaban por lo que podría suceder, sacó dos pistolas hechas de estereofón pintadas de gris con letras grandes rojas que decían BANG en cada una. Tras ser la burla de todos los clientes, la seguridad del banco lo molió a golpes y lo encadenaron a una varanda de metal mientras esperaban a las autoridades. La fuerza policiaca lo remitió a un asilo psiquiátrico tras confirmar que su condición esquizoide llevaba meses de haber deteriorado por completo su sanidad mental, donde grita gloriosamente día tras día a las 12:20 "Esto es un asalto! HAHAHAH".

Eddie quizo ser grande, pero logró la decadencia. Quizo ser venerado, mas fue abucheado. Quizo volar hacia el sol, pero se acercó más de lo que debía y sus alas se quemaron.

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"It's only blood, little brother. Only blood..."

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Einherjer

Eric Johan Hjalmar Skarsgård es herido en batalla, valiente vikingo de rubios cabellos y ojos azules. Su sangre, aún caliente, se vierte en el suelo mientras sus compañeros siguen la lucha.

Su mirada está fija en el cielo. Busca algo que no recuerda. La batalla continua y Eric no puede ponerse de pie. Quiere pelear porque esa ha sido su vida, una larga e incesante pelea entre pueblos guerreros, de viajes bordeando mares plagados de monstrous marinos y playas teñidas de sangre.

Eric empieza a sentir frio, pero uno distinto al de los oscuros inviernos escandinavos. El frio que siente viene acompañado de una promesa que no recuerda y ahora empieza a sentirse cada vez más débil.

De pronto escucha un murmullo a lo lejos y, como un rayo de luz en que se abre paso entre las nubes de la madrugada, las ve venir, Brynhildr a la cabeza. Aquellas hermosas valquirias vienen por él y por los otros muertos en batalla. Cabalgan los kenningar y vienen armadas con yelmos y lanzas. Mientras rodean el cielo del campo en busca de los elegidos, Eric es deslumbrado por la luz de sus armaduras que emiten brillantes destellos.

En ese instante Eric recuerda lo que había olvidado en el momento que el filo de la espada enemiga hirió su costado. De sus labios sale un suspiro y dice Valhalla.

Valeria y la Morsa

La curiosidad mató al gato. ¿Cuantas veces nos decimos la misma frase, una y otra vez? Ese gato, que siempre terminamos siendo nosotros, ha de existir para recordarnos los límites de nuestra propia arrogancia de quererlo saber todo. Más que una pareja primordial comiendo una manzana, el gato es el recordatorio común de que es la muerte o algo peor, lo que le espera al que no se sabe controlar. Como la historia de Valeria y la Morsa.

Valeria era una joven, normalmente loca por la vida y orgullosa de ser universitaria. Tal vez no fuera la mejor de sus cursos y ni mucho menos la más popular en sus clases, pero tenía su vida y era feliz; unos cuantos amigos la visitaban de vez en cuando y todavía viviendo con sus padres y su hermano, tenía toda la libertad que podría desear. Su único defecto, si se le pudiera llamar así, era la curiosidad. Tenía que saberlo todo. Investigaba constantemente desde la canción que había escuchado en el bus hasta una frase perdida en una conversación ajena. Sus amigos sabiendo como era, constantemente la torturaban contándole historias incompletas de las cuáles nunca sabría el final. Y siempre, cuando ella los miraba enojada y exigía saber más, le contestaban: La curiosidad mató al gato, Valeria.

Pero no se podía controlar. Sabía que ser curiosa le daba más problemas que beneficios, pero igual seguía en su camino. Por eso fue que cuando le llegó un correo, de una persona desconocida, asunto en blanco y sólo con un archivo adjunto, igual lo abrió. Ciertamente era extraño que no viniera ningún mensaje y que el archivo fuera un video titulado Morsa. Podía ser algo de miedo, como podía ser algo violento; pero estaba casi segura que se iba a arrepentir. ¿Pero podía decirse a ella misma “no”? ¿Podía simplemente ignorar el correo y eliminarlo? No, Valeria no podía.

Así que lo abrió, viéndolo con cuidado. En el video, salía una persona con aspecto extraño, bailando una canción al compás del tap. Ciertamente, era una persona con problemas de salud pero Valeria al escuchar los zapatos golpear el suelo con fuerza, no pudó evitar estremecerse. Había algo más, algo en la melodía o en los ojos de la persona, como si detrás de la imagen hubiera alguien observándola y, por extraño que pareciera, riéndose de ella. El video no duraba mucho tiempo, pero Valeria pasó horas sentada frente a la computadora. Rehusó comer cuando la llamaron del comedor y siguió, con dedos ágiles y mirada perdida, en la computadora. Investigaba del video y de la persona que salía. Había leído mil páginas que hablaban que era simplemente una persona con problemas, como Valeria había imaginado y que era pura maldad imaginar que había algo más. Pero habían también otras muchas anécdotas de personas que aseguraban que el video tenía una severa maldición, que como espada de Damocles pendía sobre todo aquel que lo hubiera visto. Pues la Morsa, como llamaban a la persona del video, lo visitaría a uno.

Y estaba a punto de apagar todo, segura de que era todo mera superstición, y hasta sintiéndose tonta por haberle tomado tanta importancia, cuando un mensaje llegó a su correo. Nuevamente, dirección desconocida, sin asunto. Pero a diferencia del anterior, con un mensaje. “Si no manda el video de la Morsa a 10 de sus contactos, la Morsa la visitará dentro de una semana”. La primera reacción de Valeria fue la sorpresa. Había escuchado de las llamadas “Cadenas de Muerte”, que en lugar de desearle mala suerte, supuestamente mataban. Y había sido curiosa al respecto en un principio, pero como nunca le había llegado ninguna, lo había olvidado. Y ahora, teniendo el correo abierto, tuvo un estremecimiento parecido al que había tenido al ver el video. Más que miedo, tenía una clara intuición de que algo había salido mal, de que tal vez había llegado muy lejos. Pero desechando sus ideas, se rió a carcajadas y se fue a dormir. No podía ser cierto, porque era una tontera. Pero un segundo antes de quedarse dormida, una pregunta cruzó su cabeza... ¿Y si fuera verdad?

Lo cierto es que al día siguiente, Valeria se sintió como en la casa de un extraño, desde el momento en que se levantó. Como si algo estuviera por toda la casa, haciendo el aire más caliente y espeso. Pura paranoia, pensó, y trató de seguir con su vida. Pero cada día que pasaba, el aire se volvía cada vez más denso, hasta el punto en que hasta su hermano le comentó mientras comían que sentía algo raro en su cuarto. Toda la familia esperó entonces la tormenta de preguntas que Valeria haría, pero grande fue su sorpresa cuando lo único que hizo fue abrir los ojos bien grandes, ponerse un poco pálida, y disculpándose irse a su cuarto. La pregunta que se había hecho, justo antes de dormir, ahora la atormentaba cada segundo que pasaba. ¿Y si fuera verdad? ¿Y si los correos de muerte realmente funcionaran? Obviamente habrían miles de muertes inexplicables en el mundo, y no podría ser. ¿Pero si ella fuera diferente?

Llegó el día en que se cumplía la semana y Valeria se negaba a salir de la casa. Sus padres pensando que estaba enferma, se ocuparon de atender a sus amigos y compañeros, mientras todos miraban la puerta que se mantenía cerrada. Valeria sentía que aunque el aire fuera más denso en su cuarto, estaría protegida. Hacía unos días había estado en la sala viendo tele, cuando escuchó un sonido extraño, viniendo de la cocina. Se levantó pensando que era una gota del grifo, hasta que justo antes de cruzar el umbral, lo reconoció. Sonido de zapatos. Zapatos de Tap bailando. Había corrido hasta su cuarto, cerrado con llave y así se había mantenido. Claro que salía, al baño y a recibir pequeñas dosis de comida para no desmayarse. Pero lo hacía rápido, como quien teme ser atacado por la espalda.

Ese día los papás de Valeria estaban trabajando y su hermano estaba en el colegio. Valeria miraba constantemente la hora, contando los minutos que faltaban para que se cumpliera la semana. Una parte suya había querido mandar la cadena de muerte, con el video, a los 10 contactos y evitarse los problemas. Pero otra parte suya, la curiosa, quería saber. A pesar del temor, y de sus presentimientos, tenía la necesidad de conocer que pasaría. ¿Realmente la visitaría un ente como el del video? ¿Sería todo una broma de sus amigos y la intentarían asustar en persona? ¿Moriría? Así, hasta que faltaban sólo 15 minutos para que terminará el tiempo. La curiosidad mató al gato, se decía Victoria. ¿La mataría a ella también?

Cuenta la historia que al hermano de Victoria, mientras salía de clases, le llegó un mensaje de texto de su hermana. “Ha sido suficiente. Tengo que mandar el correo, antes de que me visite”. Nada más. Era verdad que él se preocupaba poco por aquel extraño capricho de su hermana, pero esta vez llamó a sus padres y les dijo que regresarán a casa lo antes posible por Valeria. Llegaron a casa al mismo tiempo, y encontraron la puerta del cuarto de la joven abierta. Entraron y no habían rastros de ella. Pensando que era sólo una broma de su hijo, ambos padres se fueron de regreso al trabajo sintiéndose mejor porque su hija se había recuperado por fin, dejándolo con la mirada perdida en el cuarto de su hermana. ¿Adonde se habría metido ella? Se sentó en la silla y movió el mouse de la computadora para ver que estaba haciendo su hermana antes de irse. Lo primero que apareció en la pantalla fue la bandeja de entrada del correo de ella, con sólo un mensaje nuevo. Notificación de mensaje fallido, decía. Lo abrió y vio que su hermana había mandado un correo sin asunto a 10 contactos, pero uno de ellos no había servido. Entre los contactos pudo ver también su propio correo.

Varias semanas después, el cuerpo de Valeria fue encontrado en un potrero que quedaba a unas cuantas millas de su casa, por unos trabajadores. Estaba colgado de una rama gruesa de un árbol pequeño. Si bien es cierto el suicido nunca fue puesto en duda, la autopsia reveló golpes en todo su cuerpo, que si tuvieran que ser descritos de alguna forma, parecían hechos por zapatos con suela de metal.

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"Yo soy, entre un universo, cuatro cosas: Un Escritor, un Dinosaurio, un Geek Gamer Ubuntero y un Loco. El único problema es cuando esas cuatro no bastan para describirme."
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Linux usuario #475833

La muerte del Rey Lapa

Cuando lo conocí tenía treinta y ocho años, era el Blu (vocablo Huetar, para su lider político y religioso, por extensión militar) de la nación de Suinse en la tierra de Ará (lo que se conoce ahora como Talamanca).

"Fallo que de condenar al dicho Pablo Presbere, por lo que contra él está probado, sin embargo, de la negativa que tiene hecha en su confesión”.

Asesinar a dos frailes representantes de un Dios que permitía que no golpearan como bestias, que no tuvieron piedad de matar, de violar, de destruir la tierra bendita de Ará.

“Que sea sacado del cuarto donde le tengo preso y puesto sobre una bestia de enjalma y llevado por las calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero que diga y declare su delito”

Pa – Blu, no era hombre de delitos, era un santo ser, jefe de la tierra y los hombres de Ará, sabio, poderoso, majestuoso, espíritu libre, como el nombre que se le había dado Pa (que significa Lapa), no mató por gusto, no destruyó casas y templos por que sí, era la única manera de liberar a su gente.

“Y estramuros de ella, arrimado a un palo, vendado los ojos, ad módum deli sea arcabuzceado, atento a no haber en ella verdugo que sepa dar garrote”

Pendejos hombres blancos, pendejo su Dios destructor de los hombres Sunsines, que en su ira hizo que aparecieran los doscientos hombres que luchaban por la libertad escondidos en el monte, todos ellos fueron atadados por lo la muñecas y pies y llevados a pie hasta Cartago, muchos se liberaron en el camino, llamados por los vientos o por la aguas, pero abandonando su cuerpos, más Pa-Blu llegó Cartago, mientras los hombres de Ará eran repartidos por los españoles, y los apresados eran asesinados por los arcabuces, Pa-Blu fue el último en morir.

“Y luego que sea muerto le sea cortada la cabeza y puesta en alto que todos la vean en el dicho palo"

La última vez que lo vi no era ya el Blu, por que no estaba con los hombres de esta tierra, su cabeza altiva miraba a un triste futuro, sus ojos sin vida me miraban desde lo alto de la plaza de Cartago. Ese día ni el tigrillo, ni el pizote, ni la danta se atrevieron a salir, ni si quiera el jabalí, el quetzal calló, tambien lo hizo la lora y el perico. Ese día, los montes de Ará se sumieron en un profundo silenció, ni la hormiga bala trabajó por la tristeza, solo una Lapa, se atrevió a gritar desgarrando el silencio en lo alto de cielo, roja, majestuosa, cruzó Sunsine, el Rey Lapa estaba triste, furioso, pero era libre por fin.

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Otra vez hay concurso de Cuento: dese la vueltica y si no es de los que escribe también se agradece la visitas de los que leen.

Mi participación está acá

El Castigo

Despierto.… Me siento extraño…. aturdido.… liviano….

Aunque me embarga la culpa…. quiero gritar y sin embargo mi grito se ahoga en el silencio….

Por mi mente pasan los recuerdos…. Algunos de ellos no venían a mí desde hace años…. Otros ni siquiera sabía que estaban allí.…

En este momento más que una simple imagen veo pasar cada instante como un sentimiento….

Es extraño…. Me duele estar aquí y sin embargo no derramo ni una lágrima….

De alguna forma lo sé…. Me lo dice esta extraña sensación de saber que soy culpable…. de saber que debo afrontar las consecuencias de mis actos…. ante el mundo.… ante la vida…. ante Dios…

La gente corre…. la gente grita…. la conmoción es intensa…. Sé que es por mí…. y sin embargo pasan a mi lado sin tocarme…. En el ambiente se puede sentir la angustia…. la tristeza.… el dolor….

Ahora me veo…. Ahora todo está más claro….

Un hilo de sangre corre por mi sien y el olor a pólvora aún no se desvanece del todo….

A mi lado…. sólo una nota que dice….: “Perdóname….”

Ahora lo comprendo todo…. Ahora sé cuál es mi castigo….

Ahora sé que estoy condenado a vagar por este mundo….

Hasta que pague mi pena….

Hasta que encuentre mi perdón….

Y qué ¿no van a votar?

Tom Araya 5pts
Mandala13 3pts
Vadik_Gilcok 1pt

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

TQV me ganaste la vuelta por 10 minutillos, jeje

tequieroverde: 5pts
chus03: 3pts
tom araya: 1pt

Tom Araya 5 pts- Mae demasiado bueno, la narración del principio y el desarrollo de la segunda parte, bien logrado el efecto. El desenlace, impactante.

Xvarria 3 pts- Muy bien escrito, me gusta el estilo de este mae.

Zaguate 1 pto- Frases memorables y buen uso del vocabulario. Le hubiera dado más puntos, si no abusara de los puntos suspensivos.

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Born to lose, live to win

With Lemmy on my side

Aquí voy...

TQV ---- 5pts
Chus03 --- 3pts
Mandala - 1pt

Todos estuvieron muy bien, pero solo se pueden escoger 3. Smile

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"Parece difícil echarle un vistazo furtivo a las cartas de Dios. Pero que juegue a los dados y utilice métodos "telépaticos"..., es algo que yo no puedo creer ni por un momento"

Bellota---- 5 pts
tequieroverde---- 3 pts
Xvarria---- 1 pt

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Excelente la participación de todos horny

Tom Araya - 5pts

tequieroverde - 3pts

Zarathustra- 1pt

Estos fueron mis favoritos, pero en realidad todos estan muy creativos. BIRRAS!!! birras

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"It's only blood, little brother. Only blood..."

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Saludos a todos.

Xvarria: 5 puntos.

Tequieroverde: 3 puntos.

Zaguate: 1 punto.

tom araya ha regresado!!!

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http://www.myspace.com/pseudostratiffiedepithelium

http://tomasaraya.blogspot.com/

Tom Araya - 5pts

Mandala13 - 3pts

Tequieroverde - 1pt

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Ya empezó el FIA!!

Bueno gente, gracias a todos y todas por sus votos, he aquí el resultado de la votación:

Tom Araya, 21

TQV, 20
Xvarria, 9
Mandala13, 7
Chus03, 6
Bellota,5
Zaguate, 2
Vadik_Gilcok, 1
Zarathustra, 1

¡Un gran aplauso para Tom Araya, justo ganador de este concurso! Trofeo Gracias por ese EXCELENTE cuento, Tom, siga así, para mí siempre es un placer leerlo.

Y bueno, desde ya se escuchan propuestas para la reunión birrera, tanto de lugar como de fecha. ¡No aflojemos! jeje birras

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Repost por estar bajando cosas y trabar el internet... So ignore it...

Aunque DB me anda extrañamente lentísimoooo, a diferencia de otras mil páginas...

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"Yo soy, entre un universo, cuatro cosas: Un Escritor, un Dinosaurio, un Geek Gamer Ubuntero y un Loco. El único problema es cuando esas cuatro no bastan para describirme."
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Linux usuario #475833

¡Noooo! Soy un imbécil... Por alguna razón pensé que hoy era el último día de la votación, e iba a votar ahora más tarde...

Bueno... Ni modo... ¡Felicitaciones Tom! De hecho yo iba a votar por usted de primero, y por TQV de segundo...

El tercero creo que le iba a quedar a Aluka, pero más que todo porque usando a San Google me di cuenta que ella es tan aficionada a Tru Blood como Gaby y yo. Por cierto, los libros son mil veces mejores, pero en la serie Eric sigue siendo sexy, jaja.

Y ahora, yo pienso que es hora de dejar descansar al hijo de TQV un rato. Pero valga la pena hacer notar, que dijé que el que tiene que descansar es el hijo, no las reuniones. LOL

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1º felicidades a Tom Araya.
Me cago en todo, yo también creí que hoy era el último día para votar. En todo caso mis votos iban:
5-Tom Araya (me gusto demasiado, tambien opino que es de lo mejor-mejor que en 4 ediciones han posteado...)
3-Xvarria
1-Zaguate
por dicha no hacían mucha diferencia en la tabla de posiciones...

Y bueno diay, como no me dio tiempo de escribirlo para el concurso, pero ya tenía la idea y los dos primeros párrafos, me prometí a mí misma terminarlo al menos para hoy, y postearlo por varas...
Lo empecé a las 11:30am y acabo de terminarlo.
Sin editar ni pensado, acá está, ojalá lo lean Smile

Búsqueda eterna.

Le tengo pavor a la noche, miedo a su innegable presencia. Tengo mi pecho lacerado con las huellas invisibles de quienes me han poseído, incansables almas que corren presurosas entre un mar de placer, hasta sucumbir y ahogarse entre mis piernas. He intentado rellenar con cada caricia falsa el hueco hondo en mi pecho, cada beso tieso que me rasca la cara y lastima mi lengua, cada pene flácido que se afila con un sutil pensamiento, y me hace caer sencilla, hueca, obstinada y cansada de cada empujonzazo seco.

Cada noche la misma historia, la misma terquedad, las mismas manías, y la necesidad de sentirme amada. Buscando entre la sombra, la luz y las tinieblas, entre ramas, bosques, cafetales y acequias, entre mano y mano, callo y callo, boca y boca; entre historia e historia. ¿Cómo era posible que con tanta vida alrededor no pudiese yo encender la mía, librarme de aquella maldición, de aquel ladrón que me arrebataba lo que al fin parecía pertenecerme?

Cada paso, un camino más que lleva hacia el abismo. Ahí estaba él, mi nuevo destello de luz, nuevo suspiro finito, posible héroe secreto. Llegó sin saludar a nadie, me besó con efusivo entusiasmo. Sí pensé que sería él mi libertador, sí quien cambiaría mi destino. Su mano sobre la mía, su mirada fija en mi boca. Y para variar yo con el miedo justificado carcomiéndome hasta los huesos, el temor a que se perdiera en mis ojos, ver el monstruo que llevo dentro, el que parece querer escaparse de mis córneas, junto a un pecho que ya no palpita y hace tiempo dejó de ser pleno.

Tomamos algunos tragos, sí un poco borrachos. Alcohol, bendito suero infalible, éxtasis de dioses y humanos, capaz de torcer la razón, inclinarla sobre caminos extraños. De repente, aún en la barra, noto una mueca extraña; su rostro, directo sobre mi cara, empieza a rebuscar lo que todos intentan, y fallan. Empiezo a sentir pánico, porque sé que lo ha descubierto. Ahora él me detesta, ahora le tengo miedo. Se habrá dado cuenta de algo, eso que yo ni idea tengo, eso que parece siempre amputar el sentimiento interno, eso que siempre impregna al amante, amigo sincero, y ahuyenta. Ya todo está perdido, ya nada querrá conmigo.

Separa su cara de la mía, vuelve a ver hacia el piso. Me toma del brazo, predigo el resto del camino.
Me llevó entonces a un cafetal, mucho más largo que el resto de los otros esbirros. Me sentó sobre el lomo de su caballo, subiendo mi enagua casi hasta las caderas, dejando mis dos muslos descubiertos, tocando directo mi piel con su pelaje robusto, áspero y un poco seco. Montó él sobre la silla, y empezamos a cabalgar despacio. Su mano derecha soltó la rienda del animal, y la puso sobre mi pierna. Áspera, seca, conductora de lujuria, de pasión rancia, de oportunismo necio. Poco a poco empieza a subir hacia mis muslos, y yo empiezo a reír, reír de nervios, de espanto, de decepción, de desencanto. Yo sabía, el hombre borracho, sube más su mano, vuelve a ver hacia atrás sin mesura ni recato. Ágil maniobra, cara enferma, muestra sus dientes, sus ojos lascivamente enfocados. Roza mi pecho, lo presiona sin tacto. Vuelve a ver al frente, bajando su mano. Maniobra un poco con el animal, que empieza a mostrarse inquieto, molesto, estupefacto.
Justo entonces cuando se da la vuelta, jugueteando con su lengua, y metiendo su dedo en mis entrañas, caigo en un éxtasis de dolor, pena infinita, y condena. Me convierto entonces en un animal, relincho fuerte, sedienta, queriendo ser redimida, arrancando de un mordisco su cara, correspondiendo con brutal ceguera el arrebato, y de nuevo soy plena.

A la mañana siguiente el pueblo susurra mi nombre, pero nada saben de mí, inventan historias y se llenan, de justificaciones vacuas, banales y enfermas, allanando sin querer mi camino, para seguir en mi búsqueda eterna.

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"Yeah, though I walk in the valley of shadows, I fear no evil, cuz I'm the meanest son-of-a-bitch in the valley."


"¡Si, si existe dios, es una trinidad, y se llama RUSH!"

Muy buena participacion, felicidades a Tom Araya por un cuentaso buenisimo.. los demas tambien muy buenos!!

el de levitgrl esta muy bueno Smile

y mandala:

Quote:

El tercero creo que le iba a quedar a Aluka, pero más que todo porque usando a San Google me di cuenta que ella es tan aficionada a Tru Blood como Gaby y yo. Por cierto, los libros son mil veces mejores, pero en la serie Eric sigue siendo sexy, jaja.

me pescaste!! jejeje, Eric rules female banana

ahora si, cuando es la proxima reunion??

Felicidades a Tom Araya, que buen cuento! Y claro al segundo y tercer lugar! A Tequieroverde un besito Embarassed y a Xvarria felicitaciones!!!

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Ya empezó el FIA!!


Media Luna escribió:

Tequieroverde un besito Embarassed

¡Gracias! Embarassed

...

Bueno, empecemos a pelotear para ver cuándo vamos por las birras. ¿Qué tal el próximo sábado?

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Bueno felicidades a Tom Araya y a 2ºy 3º lugar, se lo merecen!

Con resp2ecto a lo de las birras... mae pues el sabado me queda bien ofe, pues salgo a las 11 pm del brete y entro el domingo a las 10 am upset

Que tal mejor el viernes? De paso nos podemos dar la vueltilla al chivo grunge en Latino Rock (solo grupos old school de grunge tipo Screaming Trees) banana

O sino el jueves en la noche estaría sensual también.

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Embarassed Yo quiero ir... sé que es mi primera participación, pero me gustaría asistir Wink

El viernes me parece perfecto... el jueves no podría...

Saludos!!!

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Flotazo? y despues rayuelazo? a mi me suena sábado o viernes En realidad cualquier día

Pero podemos votar por el viernes, si la mayoría puede

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Born to lose, live to win

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Doble post

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