1er Concurso de cuento corto - Pesadillas

1er Concurso de cuento corto - Pesadillas

TEMA: Pesadillas

¿Quién no ha tenido una? A veces son aterradoras, angustiantes, míticas, escalofriantes. O a veces son motivo de inspiración para una canción, una película y claro, cómo no, un cuento corto…

REGLAS:

• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden participar.
• Solamente participan los cuentos posteados en este tema.
• Sólo se permite 1 cuento por usuario.
• El cuento debe tener una extensión de 1 a 2000 palabras máximo.
• El cuento debe ser original, escrito y posteado por usted.
• El cuento debe ser inédito. Es decir, nuevo, escrito para el concurso.
• Se aceptan entradas del 4 de mayo de 2009 al 25 de mayo de este mismo año.
• No den karma negativo a los cuentos que no les gustan. Respeten los puntos y el esfuerzo de los demás. ¡No desmotiven a la gente!
• No comentar acerca de los cuentos hasta el 26 de mayo.

VOTACIONES:

• Las votaciones son del 26 al 31 de mayo de 2009. El 1 de junio se anuncia el ganador.
• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden votar, aun cuando no hayan participado.
• No se puede votar por sí mismo.
• Se sugiere a los que participen con sus cuentos, que parte de su contribución es votar en el concurso.
• No se puede votar por un solo cuento. Desnivela los votos demasiado, además es desmotivante que haya gente que piense que solo un cuento es bueno, y nadie más merece ni un siquiera puntillo.

Hasta el momento:
Se vota escogiendo 3 cuentos, se les da un puntaje de mayor a menor (primero, segundo y tercer lugar), de la siguiente forma:
5 pts – Fulanito
3 pts – Sutanito
1 pt - Menganito

PREMIOS:

La idea de los premios está en construcción. Se aceptan sugerencias, patrocinadores, regalos.

Hasta el momento: El usuario y cuento con más puntos obtiene el primer lugar y gana:

• Cuento en la portada de 89decibeles.
• Reseña del cuento y del cuentista en 89decibeles.
• Escoge el tema del siguiente concurso.

¿DUDAS?:

Este tema es SOLO para los cuentos. Cualquier duda, sugerencia, idea, arroz con mango, o comentario acerca del concurso (reglas, tema, etc) por favor hacerlo en este tema.

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¡Lléguenle al casting!


Cuento muy corto, aqui les va, rapidillo:

Bianca duerme

Una gota de sudor hace cosquillas en su nuca. Inútilmente trata de enfocar su vista en medio de una oscuridad tan espesa que no puede divisar ni sus manos temblorosas que sostiene en frente para no golpear algún objeto en medio de la oscuridad.

Bianca reconoce ciertos detalles de esta rutinaria soledad. El distinguido olor a sangre inunda su vientre con un agudo vacío, siente nauseas, no por la molestia del aroma, sino por el temor de contribuirle próximamente con su propio cuerpo.

El sonido de unas notas espeluznantes no puede ser algo más que los gritos lejanos de una mujer al borde de su muerte. Se pregunta cómo y porqué se encuentra cautiva en un lugar replicado de sus peores sueños.
Golpea unas cadenas con sus pies, se desploman sus esperanzas sin siquiera haberlas construido al pensar que esté encadenada como un vil animal listo para el matadero. Las toma y tira de ellas, sólo para aliviarse al ver que no son sus tobillos lo que tiene aprisionado.

Ha notado algo en un rincón no muy lejano, un parpadeo de una luz casi muerta. Puede ser otra traición de su instinto, pero se encuentra en una posición en la que no ofrece mucho para perder. De manos y rodillas se arrastra en un suelo helado y viscoso, entrena su mente para imaginar que esa alfombra asquerosa no sea sangre, cualquier substancia para reemplazarla bastaría, es simplemente aceite de motor, agua estancada, lo que sea menos sangre.

Al fin logra alcanzar la luz, no es parpadeante, hay algo intermitiéndola. Estira su brazo para tomar el objeto y no logra controlar sus lágrimas. Deja escapar un gemido y se muerde los labios para no gritar. Es otra mano lo que tocó, y arrebata de ella un foco que apenas podía sostener con sus residuos de vida.

Toma el foco en medio de una maraña de nervios que hace ver cualquier movimiento cotidiano como una faena imposible de dominar. Costosamente apunta primero a la mano que recién toco, y descubre una joven aproximadamente de su edad, con su cuello abierto de oreja a oreja expulsando sus últimos minutos.

Al alumbrar el resto de la habitación revela un cuarto descuidado, frío y sin ventanas, un gran y afilado cuchillo bañado de rojo, al igual que la víctima.

Bianca se cuestiona porque sigue con vida, después de inspeccionar su cuerpo buscando alguna herida solo se da cuenta que está empapada en sangre, al igual que su desafortunada compañera de cuarto, pero sin un solo rasguño. No era sudor lo que caía por su nuca.

Toma el cuchillo y sale sin dificultad por la puerta. Sin seguro, sin cerradura. Atraviesa un largo pasillo guiada por los gritos de otra atormentada mujer. Logra encontrar la puerta que la antecede y la abre cautelosamente, muerta del miedo. Piensa que si no es liquidada pronto, su corazón está a punto de encargarse de acabar con su miseria.

Por una diminuta rendija de la puerta logra ver a una mujer mayor, desnuda, amordazada y encadenada a la pared, notoriamente cansada y sollozando. Está sola.
Entra al cuarto y le pide por medio de gestos guardar silencio. La mujer la mira y expresa en su cara un terror inimaginable y grita descontroladamente. Bianca corta la mordaza con el cuchillo y le dice a la mujer que no tiene que temerle, viene a salvarla. La mujer le ruega por su vida con un lamento casi resignado, como si supiera de antemano que cualquier súplica era inútil.

Bianca le repite tratando de calmarla, que solo viene a rescatarla, y de momento es interrumpida por su memoria.

Recuerda a la mujer mayor, y la mujer joven. Recuerda haberlas traído aquí y más que todo recuerda la satisfacción que le trajo hundir la hoja del cuchillo lentamente en el suave cuello de su víctima. Recuerda haberle entregado con anterioridad el foco, para que pudiera alumbrar bien la cara de su asesina.

Mientras ella divagaba repasando los minutos anteriores, sus manos hacían de las suyas con la mujer mayor. Para cuando volvió a concentrarse en el momento, estaba viendo fijamente a los ojos de su nuevo sacrificio, mientras lentamente se iban apagando hasta dejar un par de pupilas inertes.

Ya no sentía miedo, ni siquiera de ella misma, simplemente debió recordar quién era para buscar placer y alivio en haber saciado su sed, esa sed que llevaba torturándola por tanto tiempo.

Bianca campante y orgullosa se acuesta nuevamente en el suelo, apaga el foco y se entrega a la penumbra. Con un suspiro y mucha paz cierra sus ojos lentamente hasta quedar dormida, anticipa las pesadillas venideras, pero comparadas con su vida es solo en este momento donde en realidad puede descansar.

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Once upon a time I could control myself

Casa Vieja.

El viento frío ululaba entre las copas de los altos árboles, y me cortaba el rostro con cada soplo. El camino de suelo áspero e ingrato se torcía a través de aquél tenebroso bosque; perdí noción del tiempo que pasé caminando, hasta que finalmente la tierra se abrió frente a mí, revelando un enorme claro, en el linde de la arboleda. En medio de él, se alzaba imponente, imperenne, infranqueable, la vieja casa de madera. Solitaria reina del bosque, no podía dejar de mirarla; me sentía absorto, perdido en cada uno de sus pequeños detalles: el corredor del frente, donde reposaba en quietud una poltrona destartalada; el balcón del segundo piso; las ventanas numerosas, mas cegadas todas y cada una de ellas con tablas de madera vieja, clavadas toscamente sobre los marcos desgastados. Todas menos una: la ventana del ático, la de más arriba, esa mantenía sus cristales; era el ojo único de aquella casa cíclope. Fue aquel pequeño orificio en lo más alto de la fachada; fue el balcón; fue la poltrona. La casa toda me atrapó como un imán incontenible que me atrajo con una fuerza indomable.

La bruma espesa, espejo mortecino de un Sol pálido y fantasmal, se esparcía con sorna alrededor de aquél remedo de jardín de malas hierbas, y se rompía en dos a mi paso, cual Mar Rojo. Salí del trillo, en dirección a la casa; en cuanto coloqué un pie sobre el corredor, la vieja madera crujió en señal de protesta ante el intruso. Ignoré aquél reclamo; lo mismo hice ante el chillido frío y agudo que la puerta lanzó al viento, cuando la empujé para hacerme lugar dentro de aquella lúgubre Mansión. Ella, la puerta, ante mi descaro ejecutó su venganza: con un golpe sordo, se cerró a mis espaldas con fuerza, sin intenciones de abrirse de nuevo jamás. Estaba encerrado, lo sabía; ya nada podía hacer al respecto. ¿Qué hacer ahora? ¿Rezar, yo? No, aún no había llegado a ese nivel extremista de desesperación. Aún tenía fuerzas en mí, voluntad para una última aventura; me enfrentaría a la Casa.

Dentro, todo era polvo; todo era suciedad; todo era un calmo torbellino de misterio, envuelto en un velo de oscuridad impenetrable y de un olor a polvo y humedad que me ahogaba y me instaba a escapar. No podía; no sabía cómo; no existía. Una vez que mis pupilas se acostumbraron al negro sempiterno, pude ver algo: ante mí se extendía un largo pasillo que me invitaba a recorrer su largo, en busca de algo, qué, no lo sé, pero algo. Las tablas de madera se retorcían a cada paso, sus crujidos retumbando en las paredes y rebotando en mis oídos. Mi vista se ambientaba cada vez más a la oscuridad, y me permitía observar con mayor claridad pequeños detalles en la casona: los cuadros en blanco que colgaban de las paredes pintadas de un crema sucio, añejo; los agujeros mordisqueados en el rodapie, que me dieron asco; las marcas de rayonazos en el piso empolvado.

Como con el trillo y el claro, el pasillo desembocó, finalmente, en un gran salón. Era la prueba más contundente de la olvidada grandeza de aquella Mansión. La estancia era de proporciones exageradas, que me confundieron pues parecía ser hasta dos veces más grandes que la casa entera que había visto desde afuera. Las altas paredes estaban decoradas con grandes cuadros, todos en blanco sin embargo; algunos rasgados, incluso. A un costado del salón, se extendía una majestuosa escalera que se mantenía en pie no sé cómo, y se alzaba en espiral hasta unas alturas misteriosas que escapaban a mi campo de visión.

Sabía que no tenía que subir; sabía que no me quedaba otra opción; sabía que algo malo pasaría; sabía que no me podía quedar allí, esperando un milagro, una revelación. Aprovechando mi absorción en todo este debate y ajenos a toda orden, mis pies rebeldes se prestaron a la aventura, gradas arriba. Sucedió de un momento a otro: mientras me hacía paso hacia el desván al que suponía me conducía aquella escalinata, fue cuando logré escuchar los susurros que me rodeaban; me sentí de pronto observado, acechado como una presa. Apuré el paso, intentando ahuyentar de mi cabeza aquella sensación imaginaria, más esta no hizo más que crecer; aquello era una persecución. Me paré en seco, y dí media vuelta; fue entonces cuando los ví, cuando todo se fue al carajo: allí, en los peldaños que acababa de superar, brillaban miles de ojos endemoniados que se acercaban más y más. ¡Casa tomada! ¡Julio, tú que estás en los cielos parisinos, apiádate de mí! Podía escuchar sus respiraciones pesadas, amenzadoras. El ambiente estaba empapado de sus alientos putrefactos, apestando todo con su olor a huevos podridos, a azufre. Venían a por mí, y yo nada podía hacer. Eché a correr, probando la fuerza y el valor de mis piernas, estirándolas al máximo. La escalinata se acabó, mas la persución continuaba. Al fondo estaba el hueco en medio de la pared, el final del túnel. Entré en la única habitación que encontré, y cerré la puerta tras de mí. La respiración agitada me lastimaba el pecho, y mi corazón amenazaba con abandonarme de una vez por todas. Cerré los ojos, mis espalda rescotada contra la puerta cerrada y trancada, tras la cuál podía aún escuchar los irritados gruñidos infernales y las uñas largas que rasgaban la madera salvadora. Hice un intento mayúsculo por controlar mis nervios, y eché un vistazo a la habitación desconocida. La claridad que entraba por la única ventana abierta de la casa me golpeó directo en la cara, hasta hacer temblar todo mi sitema nervioso. No fue hasta ese momento cuando pude reparar en aquello: el Rey, el Anti-Dios; el peor de mis Demonios se alzaba imponente ante mí.

Encerrado en su prisión onírica, Joaquín no tenía escapatoria. Su lucha, su mayor batalla se libraba ahora en su subconciente, ajeno al mundo. Ajeno a todo prejuicio, toda distracción. Sólo él y su antítesis. El Peor de sus Demonios lo miraba, encerrado en el reflejo que el espejo emanaba sólo para él. Portal de la locura, partida de la desesperanza, cuna de todos sus demonios. Nadie más que sí mismo, reflejado en el cristal, devolviendole la mirada, hasta el fin de los tiempos.

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This is good, isn't it?

Carlos y el cacique enjaulado

Extensión aproximada 1826 palabras.

Carlos era un avispado niño de 12 años, y en las inmensidades de la verdura que rodeaba su humilde casa, solía aventurarse a conocer cada vez un poco más de los mundos ocultos que en la montaña que tenía como patio se podían encontrar.

Su familia había estado siempre en ese lugar, donde estaba su casa era un terreno que su abuelo le había dado a su “tata” como dote cuando este se caso, aunque a la corta edad de Carlos, ese era un detalle que primero ni sabía, y que segundo ni le hubiera importado. A él lo único que le interesaba, es que los días que le tocaba la escuela por la mañana para empezar se salvaba de tener que irse a chapear con su padre, y que además una vez que había terminado sus tareas – o al menos engañado a su madre de que lo había hecho – podía poner pies en polvorosa y tomar rumbo para practicar uno de sus pasatiempos favoritos: cazar pájaros.

Por lo normal, Carlos pasaba por Hugo el hijo de doña Rosa, la vecina de enfrente, que tan solo poseía a Hugo como su retoño, fruto de una juventud que se paso del nivel normal de ingenuidad. Juntos Carlos y Hugo, preparaban sus jaulas y se metían por los potreros siempre hacia arriba, cuando llegaban a algún sitio que se viera prometedor, colocaban las trampas, disponiéndolas de las maneras mas tentadoras para sus victimas. Como el asunto demandaba paciencia y una larga espera, los dos niños preferían brincarse el primer paso, dejando las trampas en su lugar y ellos irse a una posa cercana a disfrutar del sol por unas horas. De regreso iban recogiendo las jaulas que tenían algún inquilino, y las que no las dejaban ahí mismo esperando que mañana tuvieran el esperado premio.

Afuera de la única ventana de su cuarto, el padre de Carlos había construido un pequeño techo que cubría varios estantes de madera, en donde Carlos colocaba las jaulas con los pájaros que había ido capturando. En la colección habían 2 come maíz, 1 setillero, 3 gallitos negros, y 1 pecho amarillo. Era menester diario ponerles un pedazo de papaya o banano, agua y alpiste, tarea que el inocente Carlos en verdad disfrutaba como esmerado cuido de sus pequeñas mascotas. No obstante, su madre no estaba del todo contenta con este pasatiempo, primero por la cantidad de horas que pasaba internado en el monte, segundo por la cada vez mas común costumbre de medio hacer las tareas, por la lloradas del niño cuando se le moría o perdía uno de los pájaros, y también por el hecho de que simplemente, no era algo bueno. Muchas veces la madre había invertido tiempo y palabras en tratar de que el joven desechara los pájaros y mejor se aficionara más a la bola como el resto de los niños del barrio; en la plaza que quedaba tan cerca de la casa – pensaba ella – estaría mas seguro que en un no se donde de la montaña.

Una mañana de sábado – los terribles sábados de trabajo sin escusas – Carlos fue despertado por los angustiados gritos de su madre, los mismos provenían desde la única ventana de su cuarto, justo desde afuera de la misma, y supo bien que algo malo había sucedido. Salio corriendo de su habitación, paso volando por la sala hacía el corredor, y por fuera directo hacía su pajarera. Cuando llego a la misma, no pudo encontrar un paisaje mas triste y desalentador para su juvenil percepción. Todas las jaulas habían sido tiradas al suelo, las puertas abiertas hábilmente, y en el interior un mundo de plumas desparramadas, junto con manchas de sangre de diferentes tamaños.

- Esos hijueputas gatos – dijo su madre gritándole a ella sabrá que.

Ese día se salvo de la chapeada y la recogida de los chayotes que ya estaban como para ir a vender en el pueblo; su tarea del día era el limpiar los rastros de la masacre, la que había ocurrido a escasos metros de donde se había encontrado durmiendo, pero que por lo pesado de su sueño no pudo detectar nada, y menos evitar. Cuando hubo terminado, tuvo luz verde para pasar el resto del día lloriqueando en su cuarto lamentando lo sucedido, y no haber podido hacer nada.

Y hoy, 14 días después de la fatalidad, Carlos regresaba a su casa cargando la única de sus jaulas que había brindando un resultado. En el tenía un precioso cacique, con un plumaje de un bellísimo color negro intensamente profundo, salpicado en las puntas de sus alas y corona con un escandaloso pigmento naranja. Siempre había querido tener uno de estos, solo los había visto cuando uno de ellos llegaba a la ventana de su cuarto muy de mañana y comenzaba a picotearla como si estuviera looc, en una feroz lucha con el otro cacique que veía reflejado en la misma.

De primera mano, su madre lo tomo mal, estuvo varias horas gritando desde la cocina, o la sala, o el corredor, o hasta mientras veía su novela, para finalmente decirle:

- Ya lo quiero ver llorando cuando se lo coman los gatos a este también – ya con una voz mas tranquila.

Carlos se lo pensó mejor ese punto, ella tenía toda la razón. Este pequeño gladiador por mas bravo que fuera, no sería rival para un gato que tapaba la única vía de escape de la jaula, la única salida era lanzarse contra los filosos dientes del invasor, lo que significaría sin dudas la muerte. Así que decidió guardarlo celosamente en el interior de su habitación por las noches, de esa forma lo podría defender mucho mejor.

Cuando llego la hora de dormir, puso la jaula sobre una mesa que quedaba al fondo de su habitación a un lado de la ventana, y lo tapo con una cobija azul que no usaba esa noche, apago la luz y se durmió pensando en como se divertiría dándole de comer a la mañana siguiente.

De repente, escucho un ruido, no algo pesado como un golpe, mas bien como un sordo rumor apenas perceptible. Estaba en su cama de medio lado, con la cobija cubriéndole la cabeza para resguardarse instintivamente de los zancudos. Sin destaparse la cara, aguzo el oído y pudo percibir la fuente de su preocupación mas claramente, era mas bien una combinación de sonidos, unos goteos, unos suaves crujidos y otra gama de alarmantes señales, pero sobre todo, una voz siseante y macabra que se regocijaba como quien disfruta plenamente de la gula y el placer de comer algo delicioso. Levanto silenciosamente las cobijas, su habitación estaba tan quieta como una tumba, su ventana dejaba pasar unos finos rayos de luna que iluminaban una regordeta figura casi de su tamaño, que de cuclillas se agazapaba dándole la espalda.

La extraña figura de un color gris estaba justo frente a la jaula de su cacique, en ese momento la rabia venció al miedo y se levanto gritando:
No, déjelo, váyase.

La figura se levanto y volteo lentamente, era un gato, o al menos así parecía, tenía el tamaño de un niño pequeño, con piernas, brazos y torso como los de un niño, bastante encorvado de su espalda y meneando sin parar su cola. A la luz de la luna, Carlos pudo ver unos ojos llenos de maldad y desprecio, una boca llena de dientes y sangre que se reía maliciosamente. El corazón le latía copiosamente al niño, el valor había durado solo unos instantes, ahora estaba preso del pánico y se orino en sus pantalones, el gato se río con una perversidad que Carlos jamás había imaginado y le dijo:

- Me voy.

Y dejo caer al suelo una masa sin forma de plumas negras en medio de un pozo de sangre. Al momento Carlos volvió a despertar en su cama, gritaba como loco y estaba bañado en un sudor frío y pegajoso, sintio unas intensas ganas de vomitar pero resistió el arqueo. Cuando se tranquilizo, vio por reflejo hacía la jaula, los mismos rayos de luna que había visto en su pesadilla iluminaban la jaula, la cual estaba tapada por la cobija azul, tal como él la había dejado, se levanto y camino hasta la misma, quería verificar que el pájaro seguía vivo, pero antes de hacerlo pensó que solo había sido una pesadilla, que todo estaría bien y se volteo para regresar a su cama. Al hacerlo, observo algo que no pudo perturbarlo mas, era él mismo, todavía acostado en la cama, profundamente dormido, y sosteniendo en su mano derecha al pequeño cacique, estrangulado por su fuerte apretón, su lengua le colgaba del pico entre abierto, y los ojos del pequeño animal estaban por salirse de sus órbitas.

Sin mayor aviso, ya era de mañana. Por la ventana ahora entraba la brillante luz del sol, en lugar de aquella luna tan fría. No habían gatos malvados, y por Dios que en su mano no tenía al cacique muerto, el cual pudo escuchar reclamando desde el interior de la jaula. Se levanto y acerco una silla frente al cautiverio de su mascota, levanto la cobija y se quedo un rato viéndolo mientras que el pájaro revoleaba desafiante de un lado a otro de la jaula de madera, que ahora comenzaba a notar como una cárcel. Carlos comprendió como, aun sintiendo un gran cariño por el fiero cacique, ese no era su lugar, que ya fuera un gato que lo devorara una noche en que nadie escuchara, bien podría ser él de cualquier forma quien terminará con la vida de esa inocente criatura, en sus mismas manos podría hallarse la perdición de ese ser que escaso un día antes volaba libre por las mismas montañas las cuales él amaba correr; tenían esa fuerte similitud, el amor por la libertad, y él no podía cortársela al cacique, él había despertado sano y salvo de su pesadilla, pero el pájaro se encontraba aún inmerso en su propia pesadilla personal, y eso no podía seguir así.

Ese día salio tras desayunar, solo sin su amigo Hugo, llego al mismo lugar en donde había encontrado al ave, y abrió la puerta de su jaula de la cual salio velozmente el cacique sin mirar ni un segundo atrás, perdiéndose entre los arboles, regresando a la libertad.

Carlos no volvió a cazar pájaros, pero para angustia de sus padres tampoco se hizo un amigo del balón, en contraposición junto a Hugo y otros cuantos niños con pocas actitudes físicas, se volvieron adictos al play station; y una que otra noche, cuando se iba a la cama guardando la culpa de una travesura sin confesar, se despertaba en medio de la noche, con su cuarto bañado con una luz azulada de luna, y en las afueras de su ventana podía ver unos ojos vidriosos y maléficos, y una voz que le decía: “sigo aquí”.

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Soñando con el mundo real

¡Tenía que detenerme! No podía continuar el viaje que inicié hace unos años y aún me es imposible interrumpirlo. Cada vez que duermo retomo el punto del camino en el que desperté, como si debiera encontrar algo, como si mi vida fuera una pintura de tonos grises y esta tratara de seguir una aventura para conseguir sus colores.

En las mañanas le cuento a mi madre sobre estas visiones nocturnas, diariamente su preocupación incrementa al igual que mi curiosidad. Así que una tarde de sábado decidí acostarme en el viejo sillón rojo en la sala de la abuela, al lado de la marca hundida dejada por el tío abuelo antes de morir.

El trayecto sigue, veo que esta oportunidad tengo una maleta con unas pequeñas ruedas que rechinan cuando las paso sobre el árido terreno. Decido no abrirla, escucho múltiples y ligeros rebotes, pero no es tentación suficiente, el horizonte le gana por mucho y veo algo brillante al final. Corro y salto hacia la luz que cada vez se torna más opaca, cómo si estuviera a punto de llover, sin embargo una calurosa brisa se cuela entre mis ropajes desgastados.

La temperatura sube y los vientos me hacen olvidar el anterior panorama de paz, ahora mi valija pesa tanto como yo, me he vuelto más liviano y me es difícil seguir en pie, pues un ciclón se ha formado a partir de mis antiguos demonios, pensamientos frustrados se acercan a mi mente y la idea de una mejor vida da un paso atrás. El tornado está envuelto con mis temores y pequeñas esferas de brasas caen del cielo para destrozarme.

Trato de avanzar pero camino en reversa, intento gritar pero mis labios se adhieren, procuro no llorar pero mi cuerpo está en llamas. El oxígeno se quema, mi piel ya no existe y no hay nada que pueda hacer. Cualquier promesa que haya pronunciado se ha convertido en una mentira, a estas alturas, lo único que brilla son mis lágrimas justo antes de evaporarse.

La oscuridad toma mi alma y cuando abro los ojos estoy en la casa de los abuelos y ¡me levanto tragando cuanto oxígeno pueda! No hay explicación para mi sueño, no percibo qué me está afectando lo suficiente como para robar mi serenidad. Froto mis dedos unos contra otros como si fuera la primera vez que miro mis manos, despertar nunca había sido tan relajante.

Lentamente, me hago a la idea que, sin importar que tantas pastillas consuma, eventualmente mi cabeza estará recostada sobre una almohada y me dejo matar por Morfeo.

Silencio infinito, algo no está bien. Reviso mis extremidades y parecen estar bastante recuperadas, mi camisa aparenta haber sido tejida a partir de retazos quemados y mi pantalón es ahora más corto, mis zapatos tienen unos cuantos agujeros y noto que el hule de las suelas está un poco derretido. Misteriosamente, el maletín sonoro está incólume. No le tomo importancia y reanudo mi periplo.

Las nubes que antes habían formado una gran tormenta de fuego, se encuentran tranquilas, esperan que me descuide para tratar de arrebatarme mi extraño equipaje. El candado se encuentra en mal estado, mejor le ayudo al tiempo y acelero su apertura. Me arrodillo sobre el seco terreno marrón y, cuando mis manos sujetan la cerradura del dispositivo, el planeta entero tiembla, la nubosidad se agita sobre mí como ondas en un lago y contemplo el cielo con pánico mientras los intermitentes sismos se vuelven más frecuentes y extensos.

Millones de pequeñas rocas a mí alrededor dan diminutos saltos, en conjunto suenan como cientos de galones de gotas de lluvia cayendo. Me levanto rápidamente, tomo mi valija y corro hacia el horizonte que ha vuelto a brillar, el firmamento sigue inquieto, entretanto, me abro paso en medio de la invisible precipitación.

No hay relojes por ninguna parte, sin embargo me entero que el tiempo se agota, el centelleo que se ve donde la Tierra acaba comienza a perder intensidad ¡debo recorrer la planicie como electricidad en el agua!

El suelo se quiebra formando colosales grietas, cada huella que dejo al correr se rompe segundos después y cualquier esperanza de sobrevivir se desvanece. Acelero mis movimientos, la velocidad del sonido se queda corta ante mi rapidez. La destrucción queda atrás, estoy a unos cuantos metros de la enorme esfera plateada que iluminó el sendero que seguí, estoy más cerca de lo que alguien haya estado de la franja del mundo, donde lo real se distorsiona y se alcanzan las metas, estoy tan próximo a obtener mi felicidad que dejo escapar una sonrisa.

“¡ALTO!”, exclama una voz poderosa como el trueno. Busco por todas partes: no hay nada. Empero, mi maletín se eleva e intenta huir, los rebotes que se escuchaban dentro de este aumentan, sin duda algo vivo se esconde y desea liberarse de mi mala suerte. No lo suelto, aprieto la palanca superior de la valija con ambas manos y me dejo llevar por los aires como si me transportara sobre un carruaje fuera de control.

De la tierra brotan ciclópeos puños de lodo, hiedra y rosas marchitas determinados a pulverizar cada uno de mis huesos, la maleta (o lo que está dentro de esta) esquiva todos los posibles golpes ¡claramente se está salvando a sí misma!

La esfera rutilante es lanzada por todas partes, una de las monstruosas manos de légamo la atrapa y se la pasa a las demás, un juego de pelota inicia y, nuevamente, paso a segundo plano. La luz viene y se va, los puños que atentan con separarme de mi valija solo intentan apoderarse del balón y, por desgracia, uno lo logra. No obstante, el estropeado candado del maletín se abre apenas toca el suelo y centenares de pequeños murciélagos planos de papel ónix salen volando ¡Impidieron que mi cuerpo descendiera!

Por un momento pensé que había sido rescatado, pero pronto supe la verdad. Los vampiros me golpeaban constantemente y me elevaban más con cada impacto. Respirar se tornó difícil y la confusión llenaba mi mente, no ansiaba nada más que despertar en la casa de la abuela, pero eso no ocurriría.

Soñar con lo que anhelamos y nunca vamos a obtener es realmente una pesadilla.

Llegué a un punto donde las nubes opacas estaban bajo mis pies, el celaje era hermoso, el sol estaba vestido con tonos rojizos, lucía indestructible y envidiable. Lastimosamente, esta imagen no permaneció por más de un par pestañeos en mi memoria.

Los delgados murciélagos de papel se multiplicaron siete veces siete, sus alas se afilaron y todos mis órganos fueron testigos de esto, pues fueron atravesados, rasgados y manchados de la clase de pintura que no se borra de la ropa tan fácilmente. Mis uñas y huesos fueron divididos tantas oportunidades que aparentaban ser polen, mis pupilas fueron cortadas a la mitad y mi excremento se mezcló con toda clase de fluidos humanos.

Una leve llovizna de sangre bajó de las nubes. Como leonas en la sabana ante el cadáver de una cebra, los titánicos brazos de barro se peleaban por mis restos mientras caían, en tanto los seres de papel eran doblados y sentenciados a muerte por la humedad.

Mi pesadilla es la muerte y el sueño de los muertos es la vida. ¿Será que eventualmente mis sueños se volverán realidad o despertaré siendo la masa amorfa en la que me he convertido? Mi alma está cansada, agobiada de terminar justo donde inicié, incompleto, solo, sin saber cuál es mi complemento, por ahora solo me queda superar el sueño eterno y vencer los límites de lo inasequible… o ¿rendirme? acepto, descansar será una buena opción.

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♫ When the world's overrun with too many bands... Who is it time for? Mark Chapman! ♫

Sombra

La gente me mira, sus miradas punzantes como palabras de rencor; en sus ojos se nota el miedo. Miedo de algo que no pueden comprender. Me siento extraño en este sitio, y el tiempo no avanza, a pesar de que mi reloj de pulsera me indica lo contrario.

En el horizonte, las nubes estáticas como una sombría pintura reflejan mi sentimiento de inquietud; flotan, no se mueven; simplemente están allí.

Es extraño, siempre aparezco en este sitio, siempre son las mismas personas; me ven, caminan, algunas me hablan, otras simplemente me ignoran. Ciertamente me siento a gusto; es un lugar diferente, no pertenezco aquí. Camino lo que parece ser una cuadra, los edificios no dan sombra, a pesar de existir una sofocante luz sobre todo el panorama, es como si no estuviesen allí; o solo cumpliesen con la función de llenar un espacio.

Una niña camina hacia mí, sonríe y me extiende su pequeña manita. Avanzo un par de pasos para responder su saludo y tomarla de la mano; cierro mis ojos un segundo y ya no está.

Recuerdo su rostro, su tenue y pálida piel, sus profundos ojos negros. Me recuerda a alguien, alguien a quien perdí algún tiempo atrás; alguien con quien perdí una parte de mí.

Levanto mi rostro, y allí esta de nuevo, me sonríe y me observa, ve todo lo que soy, ve a través de mi; como si realmente me conociese. Vuelve a extender su mano y esta vez la logro tomar; la vuelvo a mirar y es ella… no más una niña; pero ella…

La respiración agitada y el calor en mi cuerpo me avisan que no estoy más allí; abro los ojos solo para observar las diminutas partículas de polvo mezcladas en los rayos de luz de la mañana.

Cierro mis ojos e intento llegar a ese lugar de nuevo, a pesar de que me duele ver lo que fue, es la única forma de volverla a ver.

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"I listen to bands that do not even exist yet"

Anhedonia

Decidiose a abrir la puerta. Había descartado a través de la mirilla los tres factores de riesgo para un dolor de cabeza tempranero: madre, cobradores y evangelistas.

Pie hacia atrás, con ella entra el vaho caliente que exhalan los cuerpos ansiosos. El cofimeiquer gruñó y el sonido de las cucharillas y el azúcar en disolución se anticipó al silencio incómodo. Imaginó sorber el líquido oleoso e hirviente y sintió como ella, la ansiedad, le tomaba el antebrazo. Luego ella, la líbido, le clavó las uñas en el antebrazo. Se levantaron al constatar la pérdida de papilas gustativas y a cada paso, un escalón se disuelve. La caja y media fumada ayer se confabuló con el calor y la agitación para anudarle la garganta. Ellas subían incólumes, sus pies apresurados no sentían el magma en que se fundían los escalones. Un giro suyo a la izquierda y una secuencia que, con un nudo en la garganta y una mente obnubilada, se hacía excesivamente prolongada. Talones y plantas al nivel del suelo, manos al abdomen, bilis ascendente, vista atrás. La distancia al suelo hace imposible pensar en el descenso, las llamas en las que arden los escalones lo hacen tentador. Vista al suelo, su propio vómito. Vista adelante, ellas. Ellas siempre incólumes, parecen esperar que avance y que se caiga al mismo tiempo. A veces es una, a veces son dos. Lo reconocen, lo examinan y lo desean. Él desea el descenso y desea el deseo. Pero lo cierto es que ellas tomaron su brazo y clavaron sus uñas y él sólo cambió la taza de café por ellas para luego terminar vomitándoles encima. Sus poros respiran por él, los talones y plantas se descubren a carne y ya no debe pensar en el descenso gracias al ascenso de las llamas. Él desea el deseo y desea el descenso. Pero lo cierto es que las llamas subieron a él y él solo permaneció inmóvil para luego intentar ascender. Subió indiferente los últimos dos escalones y se unió a ella. Ella otra quiso irse, no intentó clavarle las uñas de gelatina nuevamente, “vaya a ser que se me dañen”, dijo. Ahora eran él y ella, fornicando como si la casa estuviese siendo consumida y fuesen los últimos minutos en que piel los recubriría. La piel parecía saber lo que se avecinaba y dilataba sus poros cada vez más hasta ser más poro que piel. Los poros lloraban por la piel perdida y pronto todo era carne. Él desea el deseo, el descenso y sentirla. La-llama, la-ella, la-ansiedad. No tiene papilas gustativas, no tiene poro y no tiene lágrima.

Se despierta sin ellas y es carne. Se desliza por los escalones y pega la nariz en gesto torpe a la mirilla. Decide abrir la puerta. Descarta los tres factores y la deja pasar. Ella-pesadilla.

El camastro flotante.

Siempre fueron más astutos que yo. Eso no tengo reparo en admitirlo. Desde las primeras veces en que comenzaron a aparecer (y que ahora recuerdo sólo con turbias imágenes pues no significaban en ese momento lo que llegaron a significar después) eso quedó claro. Como ya he dejado entrever, en un inicio mis singulares acompañantes nocturnos carecían de ese je ne sais quoi que poco después los convertiría en un martirio sutil, sigiloso, constante (ya lo diré sin rodeos) inmisericorde. Quizá nunca comprenderé la razón por la cual, finalmente, reparé en ellos una noche de tantas que ya habían pasado. No soy un determinista (disculpen pero a estos retrógrados del pensamiento los odio con el corazón) pero he llegado a concluir que simplemente así debía de ser. ¿Traición a mis principios? Quizá. ¿Determinismo solapado? Puede ser. ¿Realmente me importa? No.

Decía que finalmente pude notar su presencia una noche de tantas. Como otros días normales no muy alejados de la inevitabilidad cotidiana, había llegado a casa cansado de lidiar con esos idiotas buro-tecnócratas que no podrían ni siquiera encontrar sus propias narices en una mañana despejada. No fue raro entonces que cayera presa del sueño nomás haber recostado la cabeza en la almohada. Y he ahí que en mis sueños estaban las criaturas más neutrales en apariencia que jamás haya visto. Humanoides por demás, sin llegar a ser exactamente personas. Asexuados y sin ropajes, pelambres enredados, bocas, narices y orejas dentro de lo que se puede considerar normal (no me hagan explicar esto último por favor). Sin embargo, lo que más resaltaba de toda su forma física, eran sus ojos: negros y profundos, y sobre todo impasibles. No se podía obtener un solo gesto de ellos, así de impenetrables eran. Yo estaba acostado y absolutamente inmóvil sobre una especie de camastro plano de madera, gris, que daba la sensación de estar flotando. Ni un músculo de mi cuerpo se movía, por más que yo lo intentara. Nada, a excepción de mis ojos, que sí gozaban de una relativa libertad. Ellos estaban simplemente alrededor del camastro flotante, observándome fijamente con sus miradas inescrutables. Y esto era justamente lo perturbador: Aquellas criaturas no hacían nada más que mirarme, sin pestañear, sin distracciones, sin flaquear un solo instante, no me apartaban de su vista. Lo lúgubre del entorno no me ayudaba a evitar la sensación de angustia, era una especie de caverna muy oscura y de aspecto agreste y sombrío. Sin embargo este lugar siempre lo vi como en una imagen desenfocada, en segundo plano, las criaturas robando en todo momento el foco de mi atención. Mi conocimiento científico no alcanza a poder explicar qué tan relativa es la noción del tiempo durante la etapa del sueño, pero siento que aquella primera vez fue la más larga de todas las noches en compañía de mis acosadores. La duda, me aventuro a conjeturar, tuvo un gran peso en este. ¿Qué demonios querían aquellos seres conmigo? ¿Realizar experimentos científicos? ¿Someterme a castigos físicos extremos? ¿Acaso hacerme parte de algún pseudo-ritual primitivo y bizarro? Todas aquellas preguntas me asaltaban conforme pasaban los minutos-sueño, en los que, sin embargo, nada, absolutamente nada ocurría. Tan solo las miradas, perseverantes y frías, secas. Cuando aquella noche larga llegó a su fin, me levanté y anduve por ahí con una cierta inconformidad, o quizá deba decir: un cierto terror.

Como temí grandemente, la siguiente noche volvieron a aparecer. Yo evidentemente nunca los sentía llegar, ni escuchaba sus pasos, ni veía sus sombras. Simplemente despertaba en el sueño, con ellos al pie de mi camastro. Puedo asegurar que estas visitas duraban toda la noche, o al menos así lo sentía, tan angustiantes eran estos episodios. Nunca faltaron una sola vez, nunca se ausentaron, jamás dejaron de presentarse. Ni yo tampoco. En el fondo creo que siempre me iba a dormir con la vana esperanza de no encontrarlos.

Así pasaron meses con estos episodios, siempre iguales, monótonos, pero al mismo tiempo salvajemente terroríficos. Después de un tiempo intenté hablarles, interrogarles acerca de sus motivaciones, pero mis labios no se movían. Esto me frustraba sobremanera, más aún que la imposibilidad de utilizar mis piernas para correr (ya había dejado de intentar zafarme del camastro y huir; evidentemente no había alcanzado el éxito esperado por mí en tal empresa). Debo confesar que a menudo me despertaba llorando desconsoladamente, me sentía tan atrapado por ellos en un extraño y perverso juego de destreza mental. Todas las noches esperaba algo de su parte, lo que fuera (que me mataran incluso, ya no me importaba) pero sólo recibía a cambio ese montón de pares de ojos negros e inexplorables. Siempre me han parecido detestables esos falsos y débiles mequetrefes que se dejan atormentar el espíritu con algo tan vano y superfluo como lo es una obsesión por cualquier sandez. Así fue como empecé a odiarme a mí mismo: me había obsesionado con mis siniestros visitantes. De día pasaba horas buscando cualquier indicio de información sobre ellos. No sucumbí de inmediato a la fácil tentación de la Internet; antes bien, comencé a buscar en la biblioteca pública libros sobre seres mitológicos y criaturas inimaginables. Encontré muchas cosas dignas de rescatar, pero nada de lo que andaba buscando. A mis lentos amigos ni se los mencioné: ya en otras ocasiones me habían hecho desperdiciar mí tiempo en inútiles conversaciones. Cuando finalmente llegué a navegar la red en busca de respuestas, el nivel de desesperación había alcanzado proporciones patéticas. Sobra decir que tampoco encontré mucho. Algunos peleles escudados bajo el anonimato se atrevieron a elaborar toda clase de elucubraciones pueriles, teorías, o hasta interpretaciones psicológicas a partir de mis sueños. Cuando finalmente un tal im_from_mars se dejó decir que las criaturas venían del espacio exterior y que pretendían hacer contacto con la raza humana a través de mí, los mandé a todos al carajo sin más.

Convencido de que se trataba de un nuevo fenómeno del cual no existía ningún reporte de naturaleza humana, me dediqué a estudiar a las criaturas dedicadamente durante los sueños. Esto era difícil, por supuesto, por que el miedo me corroía la concentración. Dirán que desvarío, que mi mente imagina cosas, pero realmente llegué a conocerlos a fondo. Por ejemplo, pude detectar en uno de ellos a su líder. Pude leer en su mirada (que no era distinta a la de los demás) que él era quien estaba a cargo de la ¿operación? ¿misión?, en fin, del asunto. Lo supuse emocionalmente superior a los demás, de inteligencia brillante, capaz de elaborar estrategias mentales envidiables. Incluso asumí que era probablemente alguien con quien se podría sostener un debate interesante sobre cualquier cosa, si no fuera por el miedo y respeto que inspiraba. También pude notar que el número de individuos no siempre era el mismo, e imaginé que quizá esto era otra estratagema para confundirme aún más. Acá, por supuesto, saboreé una pequeña victoria, dado que el plan no había funcionado y habían pasado meses antes de que me diera cuenta de aquellos pequeños cambios en el número de torturadores. Me quedé con las ganas, por supuesto, de restregarles en la cara su pequeño desliz. Y una noche pude detectar (fue algo sutil, casi imperceptible) que uno de ellos sentía empatía hacía mí, una cierta lástima inspirada por la frágil resistencia de la víctima que era yo amarrado a ese camastro. Y lo imaginé quizá discutiendo con los otros, asegurando que ya había sido suficiente, que ya se habían logrado los objetivos, que era tiempo de detenerse. Lo admiré pero a la vez lo odié por esto (ya he dicho que odio a los débiles). Me imaginaba siempre que quizá su líder no toleraría esta pequeña sedición y que, cruel como era, lo haría pagar ¿Lo castigarían acaso? ¿Le aplicarían la misma tortura que a mí, le acostarían en un camastro y lo someterían a las miradas inflexibles, crueles, insistentes? ¿Le obligarían a seguir asistiendo a las sesiones durante mis sueños para que sufriera aún más y al mismo tiempo dar un ejemplo a los otros? Como se verá, me encontraba al borde de la locura absoluta, cada noche me enfrentaba a ellos mientras rogaba porque llegara el dulce momento del despertar a poner fin a la aplicación de mi tortura.

Siempre fueron más astutos que yo. Hasta esa noche, La noche. Algo tan increíble como maravilloso había sucedido: el miedo me había abandonado. Lo pude sentir, seguía inmóvil, acostado, aún incapaz de desplazarme. Sólo mis ojos se seguían moviendo y rebuscando en sus miradas certeras. Pero el miedo ya no estaba conmigo, solamente una certeza embriagante, una sensación de invencibilidad. Al día siguiente me preparé, tenía un presentimiento enorme, una emoción inexplicable. Casi no pude concentrarme en la oficina, las horas pasaban con una lentitud de agonía. Sólo quería que llegara el momento de dormir. No tomé nada, sin embargo, para inducir el sueño. No quería arruinar mi proeza por culpa de la ingesta de sustancias. Así que, naturalmente, por fin, llegó. Ahí estábamos de nuevo, en aquella caverna inhóspita, pero algo había cambiado. Ahora había varios camastros, y ellos eran los que estaban ahí, recostados, inmóviles, con sus docenas de pares de ojos ahora sí expresando la incertidumbre, la duda, el arrepentimiento, el pavor. Yo estaba frente a ellos, y los miraba fijamente. Me vi tentado a celebrar, correr por las paredes, gritar de euforia. Pero no lo hice: en ya más de un año desde el primer encuentro, había aprendido todo lo que se necesita saber para ser un torturador exitoso. Y les apliqué la misma fórmula cruel, aún con más énfasis a su líder (ahora disminuido a casi esclavo) y a mí pusilánime remedo de libertador. Era sólo eso, una mirada fija, inamovible, despiadada.

Ahora, cada noche me enfrento a ellos, mientras ruego porque no llegue el amargo momento del despertar a poner fin a la aplicación de mi venganza…

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¡Lléguenle al casting!

Pesadillas

Vos me pedís así no más que te explique mis pesadillas, por un carajo no, nunca la vas a entender, yo se que no, que vas terminar temiéndome. Claro que yo sé, vos sos la única que me antendés en las noches, me calmás con toda la paciencia del mundo cuando tengo pesadillas, no se si te has dado cuenta, en las últimas semanas se han vuelto más seguidas e intensas. Pero eso no te da derecho a reprocharme a decir que no confío en vos, pero claro que confió vos, si sos la única.
No se que pasa, por que ahora es casi cosa de cada noche, soñar así, de esa manera asquerosa esas imágenes, que vos no ves, pero que si lo hicieras, te congelaría los píes y seguro que te revuelven el estómago.
Antes y con un cigarro para dormir y listo, todo era calma sin sueños, o de esos sueños tan monótonos que vos ni te acordás al levantarte, pero ya no. ¿Será que me estoy haciendo más pendejo?
Si me quedo dando vueltas en la cama, ya después de la una todo se hace tremendamente lento, insoportable, y vos recriminándome, como si fuera culpable de soñar semejantes groserías, ya no llorés, yo se que desde que empezaron las putas pesadillas, todo es peor, y que en fin son meses sin hacer el amor. Pero es que así empiezan como sueños hermosos vos y yo haciendo el amor.
Pero por qué querés que te cuente más si nada va a resultar de ahí, si es claro que tengo miedo, por que es como si las viviéramos, vos discutiéndome, y yo insistiendo, déjame en paz por una vez, que si seguimos así voy a perder los estribos, y por la gran puta que me voy a golpes contra vos, si así como en los sueños.
Dejá de insistir, no me metás en la pesadilla de lleno, que con un golpe no ha pasado nada, dejá de llorar ya pendeja, que así es como llorás en mi sueños, y yo no los quiero vivir, pero si seguís así, no me va a quedar otra, seguir golpeándote, por boba, y si al fin yo se que no esta bien, pero vos no me quisiste escuchar, te dije dejáme en paz, y vos, si yo se vos sos la única, que me entiende y que me perdona, si te golpeo, pero ya no es una pesadilla, es despierto, y vos gritás insoportable, no entendés que estoy confundido.
Talvés si así con el cuchillo, pueda mostrarte que estamos en una pesadilla nada más que vos sangrás pero no de verdad no más así en un plano de sueños, que se acaban vos y yo abrazados antes que yo empiece a gritar por soñar que te estrangulaba.
Ya ahora sabés sobre que eran mis pesadillas, yo que no quería decirte pero vos insistís tanto, ya dejame en paz, no grités que es un sueño, que si gritrás tendré que ponerte la manos en el cuello nada más para que reaccionés pero puedo apretar, sostener el aire delicado, que repirás vos, que sos la única.
Por un carajo, no entendés que la pesadilla es despertar cada día y preguntarme si en realidad te maté, y hoy precisamente te encuentro en la cama, a vos y al cuchillo, sangrando como en el sueño, vos con marcas en el cuello, sin respirar, vos que sos la única, pero te despertás cuando me oís gritando, y me pedís que te cuente sobre mis pesadillas.

Pesadilla

No quería abrir los ojos. Sí, estaba despierta, pero no quería ver. Podrás creer que me despertó el no oírte respirar? No quería ver, no podía.

“Tal vez sea cosa mía. Tal vez si abro los ojos voy a comprobar que todo está bien”. Me decidí a abrir los ojos, para encontrarme con los tuyos, abiertos también, pero perdidos. Viéndome a mí, como queriendo decirme algo.

No supe qué hacer. Quería gritar, pero no me salía la voz. Tantas veces soñé con esto. Me despertaba llorando y me volvía hacia tu lado de la cama para asegurarme que estabas bien. Me quedaba viendo fijamente tu pecho para asegurarme de que aún respirabas y luego te daba un beso para sentir que tu piel aún estaba tibia. Nada más que esta última vez no lo estaba.

Y ahora? Cuántas veces más me voy a soñar tu muerte? Cómo voy a vivir la eternidad soñando lo mismo, solo para despertar y ver que sí, se cumplió, y que ya no voy a ver tu pecho moverse mientras respiras? No podría soportar tu lado de la cama vacío.

Por eso ahí estás aún. Tu lado de la cama nunca estará vacío. Me vas a compañar hasta el día en que el sueño no sea más. Hasta que ya no tenga que despertar para verte mudo, lívido e inerte. Hasta el día en que la bendita inconciencia caiga sobre mí y me deje dormir eternamente a tu lado.

Nunca voy a dormir sola.

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The almighty procrastinator

Parece que es el fin del mundo – dijiste -

Lluvia de tinta roja y seca que me carcome lentamente. Lo carcomía lentamente y sudaba en las noches. El horror entraba suave por sus poros y se mezclaba con su sudor nocturno. Sí, estaba sudando horror. Horror rojo y seco que se parecía a la tinta que lo bañaba en las noches. Talvés - pensó - sueño y despierto bañado en tinta, la siento y la veo correr por mis miembros pálidos, por las costillas que florecen en mi piel y sobre los vellos arbóreos de mi cara y que se diluye en mi puntiaguda lengua y me hace sentir la amargura del líquido colorado y venenoso. Y no es la realidad. Mi capacidad de soñar va más allá de lo inmaterial, lograba ir al lado corporal de los sueños, ¿ existe ?, claro que existe ! ! !, basta verme correr con desesperación en las noches en que escuchaba las voces, el horror, el odio, la maldad... y subía, podía ascender, transformar su cuerpo en gas, en ese gas liviano, lento, gutural, que llenaba su cabeza y se disparaba hacia la atmósfera y podía sentir el frío de las alturas, un frío que le resquebrajaba los huesos. Viajaba por un paraje de vegetación enana y helechos de grandes hojas. El clamor de los truenos nos acompañó durante todo el camino. - Parece que es el fin del mundo - dijiste - y reí, reí a carcajadas durante un rato. Una hilaridad terrorífica. El agua bajaba desde mi cabeza y marcaba perfectamente mi columna vertebral, tanto que no estaba seguro si tenía o no la piel aún adherida a mi cuerpo. Cuando entramos al bosque de pinos, ya no querías seguir caminando. Yo sabía que había que continuar. - No ves que me congelo, que ya mis piernas se están tornando moradas y que mi ánimo está tan frío como esa gota de agua que recorre tu espalda. - Entonces la dejé ahí, dentro del lóbrego paisaje, masticando aún las palabras que me acababa de decir y seguí caminando cuesta arriba hacia ninguna parte, creo que buscando aspirar el gas limpio de las zonas gélidas y grises. En lo alto de la colina encontré un enorme ciprés, con brazos anchos y largos, fornidos, sedientos de cielo. Y ahí estabas, confundida con el follaje, sentada al pie del coloso, respirando ufana el aire helado, ya casi congelado. Me miraste con mucho odio y lloré. La imagen tuya distorsionada por las lágrimas y la sangre espesa que ya costaba que corriera por las venas... Volvió en sí. Se dio cuenta que este sí era un sueño y que el espantoso frío que lo doblegaba era fantasía, que la extraña mujer que lo atormentaba no existía, que no era Cristina. Que tan solo pensar en ella lo desgarraba y sentía hervir sus entrañas. Ese día salió de casa a eso de la una de la tarde y se le empapó la camisa. Volvió la vista al cielo y quedó ciego por unos segundos. El calcinante sol machacaba su cabeza y la hacía arder con furia. De no ser porque se veía, hubiera jurado que estaba prendido en llamas, es más, sentí ese olor penetrante a carne quemada por un segundo. El horizonte serpenteaba a lo lejos y la suela de mis zapatos se mezclaba lentamente con el asfalto de la calle ardiente. - Ya no puedo seguir - dijiste - parece que es el fin del mundo - pero esta vez no reí. Te miré por unos segundos y tu cuerpo brillaba con la luz del desalmado sol del medio día. Tus labios carnosos y rosados dejando un pequeño espacio entre ellos por donde apenas se asomaba la punta de tu lengua, y el brillo de la negrura cruel de tus ojos, que me miraron mientras miraba tus muslos mojados, me hicieron despertar... No era posible que estuviera de nuevo soñando. Ya los muslos de Cristina eran delgados y apenas dejaban asomar una sección del fémur dentro del sepulcro que tanto visitaba a dejar regalos y flores que estaba seguro que a ella le gustaban. Sé que ella los ve y que el aroma de mis flores regocijan su perfecta nariz. Que de vez en cuando, si a ella no le molesta, puedo bajar a visitarla y esquivar todo tipo de vegetación subterránea y sentir la humedad que se incrusta en mis zapatos de forma lenta, cadenciosa, arrastrando organismos que toman mi cuerpo por sorpresa, que se aglutinan en mis venas llenas de fresca sangre y que chupan sin cesar hora tras hora, sin descanso. Poco a poco mi mente no puede seguir soportando tal tortura, pero mis músculos, ya mutilados por los seres, se resisten a mi cerebro. Todo se oscurece y siento aún más húmedo el suelo y mis manos. Se apoderan de mí, me consumen. Los siento revolotear por mis vísceras devorando toda materia a su paso, peor, los veo bajo mi pellejo deleitarse con mis carnes ya putrefactas... Al amanecer está cansado, baja a la cocina y prepara café mientras fuma con deleite un cigarrillo rancio que encontró sobre el fregadero. ¿Dónde estará Cristina? - Aquí estoy - dijo - No quiero hablar de lo de anoche así que mejor no digas nada - Quedé perplejo. ¿Había sucedido algo anoche?, recuerdo haber ido al bar junto con ella y unos amigos. Tomé las mismas siete cervezas de siempre y volvimos sin ningún contratiempo. Entré a casa y la vi inundada de insectos, miles de ellos, en un desfile áspero y oloroso a ácido fórmico, insoportable. Eran polillas y otros insectos alados, grandes algunos, otros diminutos. Actitud extraña: no prendí fuego a la casa llena de los invasores sino que tomé asiento en el sillón más cómodo de la casa, ya acostumbrado al agrio olor, y observé el desfile con mucho interés durante algunos minutos. Luego caí dormido hasta que sentí a Cristina chocando contra mi espalda, sin respirar, sin palpitar, silenciosa, serena, lánguida, fría, inmóvil... Le costaba trabajo imaginarse en el mundo real, ya no podía hacer ninguna diferencia. Cuando el sol me daba directamente a la cara, desperté y allí estaba ella, de espaldas a mí, profundamente dormida, - Cristina ! ! !- le dije varias veces - despierta, que parece que hoy es el fin del mundo.-

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Antirreflejo.

Lúgubre y miserable era la morada del artista. ¿Y cómo esperar algo diferente? Solo un ingenuo o un demente escogería el arte como profesión, máxime en una época en la que el capital y el lucro son los amos absolutos de una sociedad que premia la estupidez y la codicia.

El joven pintor observa la ciudad desde su ventana. Incluso la vista le parece deprimente. Su apartamento se encuentra en el tercer piso, y ha adquirido la costumbre de sentarse en las tardes a mirar los techos herrumbrados que se extienden abajo. En su humilde aposento solamente existen dos cosas de valor (al menos para él): sus pinturas y sus libros, apilados en columnas que ocupan la mayor parte de la habitación.

Han pasado casi dos meses desde que fue despedido de su último trabajo, el cual desde luego no tenía nada que ver con el arte del pincel, de los trazos y los lienzos. Había sido un trabajo absurdo y monótono, como lo eran prácticamente todos los trabajos disponibles para alguien de su formación. Pero incluso ese trabajo frívolo sería bienvenido ahora, pues el poco dinero que había logrado ahorrar con grandes esfuerzos empezaba a escasear.

Una tarde en la que llovía torrencialmente, luego de darse cuenta de súbito que había permanecido por más de tres horas acostado en el sofá y mirando hacia la nada, se cansó de esperar a que la inspiración tocara a su puerta y se levantó de mal humor, con la intención de terminar un retrato que debía haber estado listo meses atrás. Luego de sentarse y hacer dos trazos, miró el cuadro de forma tranquila durante un momento breve. En seguida se levantó, tomó un recipiente con pintura y lo lanzó con desprecio hacia el cuadro, para enseguida tirarlo al suelo y patearlo hacia un rincón de la habitación.

Durante algunos minutos permaneció mirando a su alrededor con un cigarro en la mano que se consumió lentamente sin que se lo llevara a la boca ni una sola vez. De pronto, se vio invadido por un impulso que no había sentido hasta entonces. Era un irrefrenable deseo de pintar, como nunca había tenido. Rápidamente volvió a su silla, colocó un nuevo lienzo, y comenzó a hacer los primeros trazos. La imagen de lo que pintaría se había grabado en su cabeza, y tomó la resolución de que no se levantaría de allí hasta que el nuevo cuadro estuviera terminado, sin importar cuántas horas tuvieran que transcurrir. Se sintió muy extraño por este sentimiento, por esa necesidad insaciable de terminar la pintura de un solo tirón, pero al cabo de un rato ya había olvidado todos sus cuestionamientos y estaba completamente concentrado en terminar el cuadro.

Las horas pasaron fugazmente sin que él lo notara. No sabía si era de día o de noche, y en realidad no le importaba. Su única meta en ese momento, su único propósito en la vida, era terminar el cuadro lo antes posible. No fuera a suceder que por un momento de distracción perdiese la imagen que había invadido su mente.

Luego de más de veinte horas de trabajo frenético, súbitamente se dio cuenta que había terminado. Poco a poco empezó a salir del trance que lo había poseído. Respiró profundamente y contempló con satisfacción su obra recién terminada. Había pintado una habitación, pero no una habitación cualquiera. Esta era un aposento digno del rey más exigente, con toda clase de lujos y la más exquisita elegancia. En medio de búcaros, sedas, brocados y muebles voluptuosos, se encontraba un sofá tapizado en terciopelo. Alrededor, había pintado estantes que albergaban miles de libros. La habitación que había pintado era un estudio, o más bien una biblioteca que probablemente sólo podría encontrase en el palacio de un jeque aficionado fervientemente a la lectura. Fue entonces cuando sintió el peso del trabajo frenético que había realizado, y sintiéndose exhausto, se dirigió a su cama a descansar. Antes de caer dormido, siguió con la vista a una rata que cruzaba de prisa su miserable estancia.

Luego de lo que pareció una eternidad, finalmente despertó. Todavía se sentía bastante cansado, y notó que tenía un terrible dolor de espalda. Con gran extrañeza se dio cuenta que había despertado en el suelo. Se frotó los ojos que aún permanecían cerrados, y una vez que hubo recuperado totalmente la conciencia, se dio cuenta que no estaba en su vieja habitación… Se encontraba dentro del lujoso aposento que había pintado el día anterior. El artista no podía dar crédito a lo que estaba viendo. Pensó que finalmente había perdido la razón. ¡Ahí estaba, frente a él, todo lo que había pintado! Los muebles, el sofá de terciopelo, los miles de libros, todo estaba ahí, al alcance de su mano. Después de convencerse a sí mismo que no estaba soñando empezó a reír como un demente. ¡Qué importaba si esto era algo que carecía de toda lógica! Lo importante es que era real, era tangible. Se deleitó con cada uno de los detalles del magnífico estudio. Estaba extasiado.

Cuando finalmente recuperó un poco la calma y superó el impacto inicial, se sentó plácidamente en el sofá que se encontraba en el centro de la habitación. En verdad se sentía como un rey. Dirigió su mirada a una pequeña mesa que había dibujado junto al sofá, en la cual se encontraba un libro sin portada, de cubierta negra. Con curiosidad tomó el libro y empezó a hojear sus páginas. Se atribuló un poco cuando notó que todas estaban en blanco. Alzó la mirada, y observó los miles de ejemplares que llenaban los estantes que rodeaban la magnífica habitación. Se levantó del sofá y se dirigió hacia uno de los estantes, tomando el primer libro a su alcance. Este también contenía únicamente páginas en blanco. Lo puso a un lado y tomó otro. Obtuvo el mismo resultado. Tiró al suelo varios ejemplares, tomando otros y ojeándolos rápidamente. Todos los libros estaban vacíos, no había nada escrito en ellos. En ese momento sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Una idea horrenda había cruzado su cabeza. Echó una mirada rápida alrededor de la habitación, y presa del terror comprobó lo que temía con espanto: había olvidado dibujar una puerta.

¡Hola! Gracias a un amigo, me terminé metiendo acá para mandar un mínimo cuento, de una de mis pesadillas cuando vivía en Coronado. El título es Niebla.

Coronado ha sido siempre ese lugar en donde la lluvia y el sol salen a menudo juntos a jugar, dejando atrás mucho del humo que sofoca al aire en el centro. Y si se tiene tiempo y disposición, uno puede dejar poco a poco los centros comerciales, las ventas de carne y las licoreras, siempre subiendo con ese paso regular que nos caracteriza a todos en algún momento; el sol crea espejismos en la lejanía y un mar inmenso de ilusiones está a un parpadeo de distancia. Se pasan gasolineras y la mítica iglesia que adorna a un parque oscuro con sus fachadas góticas y sus historias de fantasmas que mueven campanas y encienden luces. Pero aún cuando las bancas del parque, el anochecer y los niños que juegan entre la hierba, pueden ser atractivos, la meta es otra… hay que seguir subiendo.

Las casas empiezan a menguar, mientras la calle que era de asfalto pasa a ser de piedra. Innumerables alamedas coronan decenas de pequeños trillos y entre el trailer de un vecino y la puerta de una pulpería que se cerró a las 9, el barrio parece jugar a las escondidas, cambiando el lugar de jóvenes, adultos y ancianos; entre más tarde se vuelve, más peligroso se torna el camino y donde antes había un perro que se escondía del gato siniestro de la esquina, ahora hay mil ladrones que esperan la clave secreta para atacar. Pero a pesar del temor y del frío que se mete entre los puntos de la cobija de un bebé que sueña con seguir siendo un bebé, el camino dista mucho de terminar.

Hay un punto en donde toda civilización parece rendirse al encanto del aire puro y aquellos campos que eran ocupados por edificaciones de material muerto se transforman en potreros, árboles y animales nocturnos que buscan en el vacío su razón de existir; toda la verdad de una hoja verde que cae de un árbol moribundo, y aún así somos incapaces de entender. Es en este dominio, de lo salvaje, de lo primordial, en donde atacó por primera vez. Y ni un alma, humana o animal, lo pudo prevenir. Los ángeles caídos, de gas y borrosos, tomaron una noche el sentido común y lo convirtieron en inermes recuerdos que se quebraban con la brisa. El momento de la niebla había llegado.

Al principio la estadía continua de la masa de niebla, espesa como un aire de muerto, no preocupó a nadie. Venía de lo alto de las montañas y aunque los pocos habitantes que vivían del fruto de la cúspide del monte nunca volvieron a bajar, se atribuyó simplemente a la vagancia del que utiliza la naturaleza como excusa para huir del trato social; eran monjes y su dios era el ocio, decían sus coterráneos. Pero aún quitándole importancia, la niebla siguió su paso silenciosamente, mordisqueando la sanidad sin darle cuenta a sus víctimas. Nadie se dio cuenta cuándo, pero los potreros dejaron poco a poco de ser potreros, perdiendo árboles, animales y uno que otro vehículo que se inmolaba en las fauces grises y friolentas; solo quedaban sombras a lo lejos que nunca eran alcanzadas y gritos de pájaros que sonaban en todas partes, aún cuando el pájaro había muerto ya. La ciudad seguía girando, con su plaza de palomas que vuelan en círculos y sus miles de personas que caminan con prisa al no-lugar, pero en Coronado la gente ya temía aquella esfera de sin sentidos que se formaba como una bestia sin cuerpo, pero que avanzaba con paso firme.

Llevados por un fanatismo religioso que pretendía justificar lo que no se había creado para ser entendido por el pobre razonamiento humano, los vecinos del barrio de oscuras alamedas recurrieron a la iglesia, apremiados por los gritos del bebé que lloraba porque su cobija se la había tragado el viento; el lugar entero se estremeció al ver la niebla moverse en su dirección, trayendo el eco del riachuelo que nadie había vuelto a escuchar. Dos sacerdotes y un obispo fueron enviados al límite que la niebla parecía haber impuesto, el mismo lugar donde una señal podrida por el tiempo indicaba el posible peligro para las maquinarias de cuatro llantas y sus residentes. Los días pasaron y nada se sabía del brazo carnal de la religión. Pero la niebla tampoco avanzó y pensando que aquellos tres hombres se habían sacrificado por el pueblo, por el país que los había nutrido, los celebraron como mártires. La Iglesia de Coronado, en lugar de teñirse de colores de luto por aquellas muertes que se tomaban ya por sentado, se volvió fiesta y alegría; entre la música y las risas, el fantasma de las campanas cinco veces las hizo repicar. Pero poco creyeron los demás que el número era simple presagio.

Fue en la noche, cuando todos celebraban todavía y los pocos niños que no habían resistido dormían en el césped junto a los ancianos que disfrutaban todavía de un chiste de décadas atrás, cuando la iglesia cinco veces vomitó campanadas; una luz se encendió brevemente adentro y un clamor surgió de los cielos; las risas se detuvieron y las decenas de ojos fijaron su atención en una tormenta que, sin tener un origen concreto, amenazaba con envolver a todos con su manto de humedad y frío. Habiendo conformado una caravana que mantenía su jolgorio, así como unos cuantos ladrones que esperaban a la cabeza de ganado enferma para atacar, todos empezaron a caminar hacia aquel barrio de oscuras alamedas que se mantenía en el límite de lo salvaje. Pero la sorpresa la tendrían al llegar; nunca se pone más oscuro que después de amanecer en Coronado.

La comitiva entraba ya en su barrio mientras el resto del mundo dormía; eran el último rastro grande de civilización que lindaba con aquel territorio tomado por lo bizarro; a sus alrededores solo se escuchaba un crujido distante, como hojas secas que luchan contra el viento. La tormenta parecía seguirles, y aquellos truenos que habían anunciado las cinco campanadas seguían sonando en el aire, eliminando cualquier rastro de alegría en el rostro de los caminantes. Los postes de luz estaban apagados cuando entraron por fin en el vecindario, y sin percatarse de lo que los rodeaba, nuevamente irrumpieron en gritos de alegría, mientras los ladrones festejaban con los más despistados. Pero la alegría no duraría mucho. ¡Estaban en todas partes! En la pulpería que cerraba a las 9, en la ventana donde se veía la cuna del niño que callaba ahora, en la esquina donde se jugaban tantas cosas y en el umbral de cada una de las casas que lloraban ahora de temor. Tres figuras cuidaban cada lugar, repetidas como en un juego extraño de un niño meticuloso; tres figuras y tres clamores que se hacían uno con la tormenta. Nadie pudo moverse, pero sí ver mejor. Eran los tres religiosos, aquellos que habían partido y eran celebrados con júbilo. Pero no eran los mismos, no serían nunca jamás los mismos; sus rostros eran de dolor absoluto, de pérdida, de muerte, y de sus ojos se veía salir un llanto, pero de niebla. Sudaban niebla, respiraban niebla, eran esa masa gris que se veía a la lejanía aún, solo que ahora parecía sonreír. Cada una de las figuras se movió y mientras todos los presentes carecían de la voluntad para moverse, uno de los ladrones alcanzó a gritar. Y después, el silencio.

Ese fue el último día de la antigua Coronado. La niebla avanzó y aquel obispo y sus sacerdotes representaron el intento idiota de dominar lo primordialmente salvaje. La Iglesia dejo de tocar sus campanadas y se perdió junto al árbol gigante de la pradera; los centros comerciales y las ventas de carnes nunca llegaron a suspirar de nuevo; las casas, los perros, las aves, el centro y el ruido se empezaron a sumergir en la masa del monstruo. Avanzaba y nadie podía hacer más que tratar de huir, aún cuando sabían que el trueno y el relámpago los seguirían, y con ellos la desesperación. Y tres figuras siempre a la cabeza de la risa macabra, llorando niebla mientras la bestia seguía temblando de alegría. Había llegado su momento, y nunca iba a terminar…

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"Yo soy, entre un universo, cuatro cosas: Un Escritor, un Dinosaurio, un Geek Gamer Ubuntero y un Loco. El único problema es cuando esas cuatro no bastan para describirme."
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EL ASESINATO DE “MEDINA”

Pido por favor que mi nombre quede en total anonimato por dos razones de peso: la primera es que es una historia verídica y la segunda, que no quiero poner mi vida en peligro…

Todo sucedió muy rápido. No había terminado de asustarme por el ruido que hicieron las llantas de aquél Hyundai azul perlado, al detenerse justo en frente y bloquearle el paso al otro carro gris, cuando del interior del primero, bajó un hombre con una máscara de George Bush y empezó a dispararle al chofer del segundo.

Mi reacción, (más instintiva que inteligente) fue de tirarme “boca abajo”, al piso de la vieja casucha abandonada de la esquina. Esos instantes fueron eternos. Mientras protegía con mis manos mi cabeza, mi cara estaba presionada contra las reglas del viejo piso de madera. Justo después, como un rayo que aparece y desaparece en la noche, escuché de nuevo el chillido de las llantas alejarse del lugar.

– ¡Nooooooo! (Gritó una desesperada voz de mujer)

Nunca supe de donde salió esa mujer o cuanto tiempo llevaba ahí. En mi confusión, me invadió un miedo terrible. Y me quedé inmóvil sobre el piso de madera que había en el corredor de la vieja casa. Escuchaba más y más voces pero mi corazón palpitaba tan fuerte que no podía moverme. Mis piernas y mis manos estaban dormidas, mientras yo trataba de entender qué fue lo que pasó.

El miedo me invadió como nunca lo llegaría a hacer en toda mi vida. La vergüenza de pensar que mis papás llegarían a enterarse de mi rutinaria travesura de los sábados en la noche, mezclada con el terror de estar a unos diez metros del asesinato de un hombre, me produjeron un estado casi delirante.

Por mi cabeza pasaron las noches de sábados anteriores, en donde yo aprovechaba el descuido de mi tío Vinicio con los cigarros y la oportunidad de saber que mis papas estaban en la misa de siete de la noche, para irme a la vieja casucha abandonada de la esquina y ponerme a fumar.

Mientras me veía en el piso boca abajo, todos los recuerdos empezaron a pasar muy rápido por mi mente, hasta que de repente sucedió…

Una pregunta golpeó mi cabeza: ¿Cómo es que pude ver perfectamente los colores azul perlado y gris de los dos carros, si en esta esquina no hay lámpara y yo estoy acostado en la casa totalmente en la oscuridad? ¿Cómo pude reconocer a George Bush en la máscara del atacante, si la oscuridad de este lugar lo hizo propicio para aprender a fumar?

De repente lo comprendí… ¡Estaba soñando!, pero cómo puedo darme cuenta de eso y aún así seguir soñando.

– ¡YAAAAAA, Quiero despertarrrrrr!
– ¡YAAAAAA…...

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Cuando desperté (bañado en sudor), me di cuenta que había dejado el televisor de mi cuarto encendido, y en el noticiero, dos señores analizaban la recreación del “Asesinato de un Conocido Periodista Costarricense”…

FIN,

M.S.
Mayo, 2009

Diay si, me arriesgo. Démosle un revés un poco diferente a éste tema...
De antemano me disculpo por la irreverencia.

Los indios siempre tienen la razón

Se le mira inquieto, a cada minuto parece fruncir más el ceño. Ya ha llegado a tener pequeños espasmos musculares, la cama está empapada de sudor, y se le medio entienden palabras que sin embargo no estoy segura de saber a qué se refieren.
¡Toda la noche chillando sus dientes, y ahora esto!
Pero me da miedo tocarlo, no lo conozco lo suficiente para predecir su reacción, y me da miedo terminar con un ojo morado. Si tan solo no estuviera en la esquina, contra la pared, desvestida, y sin éste olor a guaro que me entra por la nariz y termina por confundir mi vista...
De repente un leve espasmo estomacal, ¡es el colmo que me hayan dado ganas de cagar, y yo sin un mísero calzón que me amarre el intestino!
Le veo la cara, está cada vez más agitado, enojado.
Si tan sólo se cayera de la cama, talvez si lo empujara... pero no, podría agarrarme el brazo y mínimo terminaría desmontado, con un morete en la cara y quizás un diente arrancado.
¡Hay pero esos dientes y ese murmullo me están volviendo loca!, tengo que hacer algo.
Miro la botella vacía de guaro, que está justo a mi lado, escondida en la hendija que se forma entre el colchón y la pared, con ese rostro blanco de indio sabio que me dice: "golpéalo y salte del rincón".
Bueno... es que sino voy a terminar embarrándole la cama, como en aquella película europea, la de los drogadictos con agujas, heroína y escamas en el alma. Pero si lo golpeo se enojará, y entonces quizás sea yo quién termine con toda la cara morada.
Intento tocarle el hombro pero un espasmo muy violento me interrumpe a medio camino. Me arrincono con desesperación de nuevo a la pared, frunciendo el orto, con temor a que se me escape un pequeño pedazo.
Lo pienso un poco, ya no puedo más. Calculo entonces el espacio que hay entre mi lado y el suelo, creo que no es demasiado. Me levanto con prontitud e intento un salto desesperado. Mi mente pierde control sobre mis músculos, y se derrama todo aquel líquido café sobre el sujeto y la cama. Caigo mal y se me dobla el tobillo. Suelto un grito enorme de dolor, y por mi peso, al ser piso de madera, retumba la habitación, se desacomoda una varilla mal puesta, y termina por caerme una pelota de boliche en la cabeza, haciendo que mi nuca se golpee contra el filo de la cama.
Pobrecillo.
Imagínense lo que es despertarse de una pesadilla completamente agotado, empapado, y con el corazón queriéndosele salir del pecho, para encontrarse con un hecho imposible de explicar, todo oliendo a mierda, la policía encima de uno, y muchos años que descontar en la cárcel.
Debí haberlo golpeado con la botella de cacique: los indios siempre tienen la razón.

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"Yeah, though I walk in the valley of shadows, I fear no evil, cuz I'm the meanest son-of-a-bitch in the valley."


"¡Si, si existe dios, es una trinidad, y se llama RUSH!"

Tarde, mas aquí esta:

Sofocando verdades, recuerdos.

...y los gritos empezaban a escucharse con más intensidad; no eran de pánico, tampoco miedo; dolor y frustración era lo que se podía escuchar en estos. Un dolor que se notaba cada vez más intenso con el transcurrir del tiempo. Golpe, gritos, llanto era el patrón de tan perturbante escena.
Recuerdos; escenas; situaciones variadas eran invocadas en su mente mientras el tiempo transcurría, todas con un denominador común; lo desgarrador de ese estruendoso ruego.
"Curioso", pensaba el "Nunca creí verme como el actor principal de tan perturbantes películas".

En momentos la calma se hacía presente, a veces acompañadas de llanto, a veces de simple silencio, era inevitable notar lo agitado en la respiración de tan abatida creatura.
"¿Porque lo haces?", preguntaba con una quebradiza voz "Porque....."
Varios segundos de silencio fueron rotos por una frase:"Aun tienes el descaro de preguntar", dijo con un tono sarcástico mientras le daba la espalda. “Vergüenza es lo que debería darte”, murmulló mientras volteaba su mirada hacia ella, “'¡VERGÜENZA!” exclamo acompañando tal gruñido de un fuerte golpe… Esta vez no hubo grito, no hubo llanto, esta vez el golpear se vio seguido de una perturbante risa, risa que no provenía de él.

“Así es como siempre me quisiste no?” susurraba interrumpiendo su psicótico reír, “Así era no?”, repetía mientras una gota de sangre se escurría por su mejilla.
“¿Qué?”, exclamo él, como quien no entendía tales palabras. La única respuesta fue el psicótico reír, que se hacía presente de nuevo. “¡QUE!” volvía exclamar, esta vez de una forma impaciente y agresiva, mientras le tomaba furiosamente por su cabellera
-“Desde que nos conocimos supe que siempre me quería como maniquí, sin que alegara, sin que te dijera las ESTUPIDAS verdades que tanto temes.”
-“CALLA!, que lo cínica y bipolar no se te quita ni cuando estas a punto de morir”
-“Y será que me puedes matar? le pregunto ella casi que amenazandole.
-“No sin que antes sufras lo suficiente” contesto el de una forma seca.
En ese momento ella alzo su mirada, coincidiendo con los ojos de él, detrás de de la sangre esparcida, de las lagrimas negras, y del actual sufrimiento, ella fue capaz de sonreír amablemente. Un largo silencio se hizo presente nuevo; y es que la mente de él se vio bombardea por un sin número de recuerdos. Tal mirada prendió una pequeña chispa dentro de tanto odio. Recuerdos y mas recuerdos rondaban su mente, mientras sus ojos miraban fijamente a la pared, como si existiera algo que solo el pudiera ver.

- Es lindo verlos correr, ¿no?
- Apreciar la inocencia de ellos es algo que me ha cautivado desde que descubrí el significado de la empatía
- Bello, mas debo notar algo; una mujer como vos no puede estar solamente aquí para ver niños correr, o si?
- ¿Y si la respuesta fuera si?
- Pues me alegraría de una forma casi incomprensible, además del hecho de sentirme identificado.
- Entonces creo que incompresiblemente te alegraras, mas lo curioso es que… yo lo comprendo
- Gracias… Por cierto, mi nombre es…”

“Fue un lindo día ¿no?”, expreso ella. Eso le hizo volver en si, la mirada bajo, los ojos se encontraron nuevamente. Volvió en si de una forma física, mas la mente seguía en otro lugar. “Saber que pudimos…” decia amablemente ella, mas esta última frase se vio interrumpida por un grito lleno de frustración
“CALLA! Que ni sabes de lo que hablas”, gritaba el con ansiedad, “¿Que no lo sé?, y entonces cual es el porqué de esa lagrima?” interrupio ella. El silencio regreso; la mirada perdida, como quien recuerda el fallecer en un ser querido; mirada perdida en el silencio...
“SILENCIO!” grito el. Y en efecto, fue esto lo que hubo, mas no por mucho tiempo. La violencia se hizo presente luego de tal colapso mental, las motivaciones hacia el querer de la sangre regresaban... sangre que salpicaba poco a poco las paredes, haciendo que tal escena fuera cada vez mas perturbarnte de mirar...
... y de escuchar tambien; gritos iban, gritos venían, llanto, dolor, era una serie de sonidos creando un lenguaje poco entendible; lenguaje con el cual esta persona expresaba su sentir; mas lo curioso del caso es que, eran simples palabras lo que sobrelia tras ese lenguaje; simples palabras que impulsaban el odio aun mas.

“…qué fácil es callar con golpes a tu fuente de verdades”.
“…qué fácil es arrancar las hojas rayadas, y pretender que ahí nunca hubo nada”.
“…qué fácil es pelear cuando el otro se encuentre atado”.
“…qué fácil es culpar a los demás del fracaso propio”.

“NO!”, replicaba él, mientras los golpes y rasguños proseguían, "son disparates lo que vos decís, puras mentiras e intentos de ma.....", "o tal vez verdades" interrumpió ella, "tal vez verdades a las cuales tienes mie.." un golpe en seco hizo que ella detuviera su hablar. El silencio regreso por varios segundos, ese silencio seco que nos sirve como preludio de... , la expectativa de él hacia la respuesta de ella era grande: el reír psicótico fue la tan esperada respuesta, reír que ya había escuchado con anterioridad.
"Se me hace gracioso como no quieres ni escuchar una simple verdad... o será por eso que me estas matando, para borrar a toda persona que pue.."
"Créeme, el detonante de esta tortura es mera culpa tu..."
"Si eso fuera verdad, porque ya los putrefactos cadáveres se amontonan en aquella esquina?"
"Calla! cuales cadáveres?" Dijo el de forma exaltada. "No se de que coños me hablas".
"Voltea y ve? O es que ya olvidaste a todos tus alegados que has asesinado? Apenas y alguien te recuerda la MIERDA que eres, decidís que torturarles es una buena opción, para que callen, independientemente de si "callar" significa "morir". ¿Y para que los quieres callar? Pues claro, para que no te recuerden que el problema no son ellos, que sois vos". Un tono de resignacion y decepción se pudo notar en este ultimo hablar. "A veces no se si sentir asco... o lastima".
"Cadáveres... Si aqui no estamos mas que nosotros", dijo él mientras volteaba su mirada hacia la oscura esquina, "¿QUIENES SON?" grito exaltado mas dubitativo. "¡A quien diablos pertenecen esos cuerpos!". "Hazte el desinteresado, que bien sabes quienes son", dijo ella. "¡DILO! ¿¡Quienes son!?", repetía él ansioso, intentando no creer, mas asustado por que sus ojos parecían no mentir. "De verdad, no los reconoces, o es solo mas de tu asqueroso fingir?" replico ella. Estaba no hubo respuesta verbal, sino una manifestación física de su frustración; él le impacto con su mano abierta, un golpe poco fuerte: en este caso no quería oírle lastimarle, solo queria oirle hablar; "Decime! quiénes son esos, de donde salieron" le preguntaba tratante de ocultar su desesperación. "Y porque no escuchas sus voces? seguro que tienen mucho que decir".
-"¡CALLALOS! ¡cómo puede un cadáver hablar!"
-"Curioso, antes me pedías silencio, y ahora me pides hablar, y ¿sabes que es lo más gracioso? que ni siquiera son sus voces lo que oyes, es tu mente recordando"
-"RECORDANDO QUE!?" Grito el, se notaba su paciencia estaba agotandose.
-"Recordando como ellos sufrían mientras se encontraban amarrados en esta misma silla en la que yo estoy, recordando como decían "te amo" mientras tu les arrancabas sus uñas. Recordando como las verdades salían a flote, y tu, tu solo pretendías decir que ellas eran mitómanas"
-"Y.. Como sabes todo eso! MIENTES!"
-"Ohh lindo niño que eres, si tú me dijiste todo, desde como ella, ella quien yace en la esquina, sus piernas quebradas, fue tu primer amor, de como ella nunca te acepto como eras y te convirtió en la mierda que ahora eres. "
-"..."
-"Lo sé, las verdades son duras, porque sabes bien que eso lo cual me contaste es mentira, y simple y sencillamente no pudiste mantenerte frente a alguien que mostrara amor; ya eras una mierda antes de haberle conocido."
-"CALLA!" Seguía él con su gritar; él esta siendo agredido, podrian pensar quienes solo escuchaban la escena.
-"Y porque habría de?, si pronto dejare de respirar, y soy la única persona que te podrá recordar lo que verdaderamente sos. Achacándole todo a "problemas psicológicos", siempre en negación? Qué lindo debe ser el poder ignorar la realidad de una forma tan egoísta; descarada, para al final solo decir “¿Que hiciste Mr.Hyde?". Se podia notar el tono de provocativo y mofoso en la voz de ella, "¿Ves aquel cuerpo sobresaliendo de entre los demás? El cuerpo cuyas piernas fueron arrancadas con desprecio... Olvídalo... Igual y tu madre siempre me dio asco."
"SILENCIO!" Exclamo él. "Que me causan gracia tus disparates".
-"Disparates los míos? Entonces como llamaríamos a quien escucha voces inexistentes?" siguió ella con su mofa.
-"¿Escuchar voces? La unica voz que se escucha alrededor es la tuya... que pronto entrará en un silencio perpetuo". Se notaba un cambio en su tono, esta vez él se veía calmado, decidido.
Ella alzo sus ojos; las miradas se encontran, segundos pasaron, "Recuerdos les llamare entonces". él asintio, le dejo hablar; ".. y que facil es sofocar los recuerdos".
-"En efecto lo es..." respondió.
-"Adelante... " dijo ella.

...y los gritos empezaron a escucharse con más intensidad. Eran de pánico, miedo; el dolor y la frustración eran secundarios. Eran los gritos de alguien que estaba a punto de morir, era el balbuceo de quien se empieza a asfixiar, el balbuceo de quien tiene dos manos presionando fuertemente en su garganta... "Sa..bes... en... en este mo...mento matas a 2 per..sonas.... tam..también matas a tu fu..turo hi......jo...."
-"Sabes, si algo recordare de ti es que siempre fuiste una mitomana." Dijo él mientras hacía más presión con sus manos.
-"Me...me.. duele......"

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metaforicamenteliteral@blogspot

Bueno gente, oficialmente queda cerrado el periodo de concurso, no se admiten más cuentos.

Debo decir que superó mis expectativas en cuanto participación ¡increíble! Y de la calidad ni se hable, ¡hay talento, hay talento!

Aún tengo que hacer mi revisión final, así que todavía no pongo mi voto, pero adelante, voten, tienen hasta el 31, recuerden.

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¡Lléguenle al casting!

Bueno...creo que me mando de primero.
Mi voto va en este orden:

1. "Antirreflejo" por School97
2. "Pesadillas" por Xvarria
3. "Los Indios siempre tienen la razón" por Levitgirl

1. Mae, me encanto, la forma en que va desarrollando la trama, y como le da final; increíble.
2. El tipo de lenguaje que utilizó, sencillo, llamativo; genial.
3. Irreverente, divertido, buen humor negro; el final es un legítimo "WTF" (para el mae).

(emm..si esto no iba en este tema lo acomodan por ahi porfa Razz)

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"I listen to bands that do not even exist yet"

Voynas:

5 pts - Xvarria
3 pts - School97
1 pt - Levitgirl

Smile

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The almighty procrastinator

Este concurso me parece genial, ya era hora que el talento creativo y literario tenga mas fuerza en el foro, ya que indudablemente hay mucha gente con buena tinta.

5pts Luisesteban
3pts School97
1pt Levitgrl

El cuento de luisesteban me parecio el mejor estructurado de todos, con clara introduccion, desarrollo de trama y personajes, y conclusion terrorifica. El de school97, muy bien escrito, corto, consciso. El de levitgrl tiene el mejor twist.

Buenas.

5 pts - Xvarria
3 pts - Levitgirl
1 pts - s1ne

'chas gracias.

tom araya ha regresado!!!

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http://www.myspace.com/pseudostratiffiedepithelium

http://tomasaraya.blogspot.com/

5pts- Xvarria
3pts- Don_Donovan (por un momento sentí que estaba leyendo Viaje al Reino de los Deseos Thumbs Up )
1-pt Levitgirl

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This is good, isn't it?

Hola,

No conozco a nadie aqui, y NO me extraña que nadie mencione el mio (-: , pero si me extraña que nadie mencione el de Bianca duerme... (Muy bueno "Pala")!!!

M.S

Petete, no creo que aquí la gente esté votando basándose en a quién conoce y a quién no conoce...

...

Muy bien, acá mi votación, elección difícil:

5pts - School97, "Antirreflejo" bow
3pts - luiesteban, "Carlos y el cacique enjaulado" clap
1pt - levitgrl, "Los indios siempre tienen la razón" thumbs up

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¡Lléguenle al casting!

5 pts - School97
3 pts - Pala
1 pts - Levitgrl

thumbs up

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:: Truth isn't lying :: Peace isn't fighting :: Love isn't dying ::

Acá va la mía:

5pts: School97
3pts: LevitGirl
1pt : Xvarria

El de LevitGirl es para mí, definitivamente, el mejor. Y aún más, porque leyendo lo de comentarios de este concurso (que total no pusé la razón del mío, jojo), salía que lo había hecho a la ligera y todo; o sea, con un poco más de tiempo, y hubiera sido aún más joya literaria, de lo que ya es, jeje.

El de School97 es definitivamente, pa' mí, el otro que debería ser considerado el mejor, pero simplemente, me llamó la atención más el de levitgirl; lástima que no se pueden poner los dos con 5 puntos, Smile. Por las descripciones y por el final, que es entre gracioso (tengo un sentido del humor un tanto morboso, jaja) y tenebroso, exageradamente (detesto los lugares cerrados). Por eso me encantó antirreflejo.

Y por último, el de Xvarria. Este lo pusé porque aunque el del cacique está bueno y todo, me gusta que la mayoría de los cuentos de terror o parecidos sean lo más breves posibles, porque así producen como mayor impacto a la hora de no dormir de noche. Pero sigue siendo bastante bueno.

Y eso sería todo. Smile

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"Yo soy, entre un universo, cuatro cosas: Un Escritor, un Dinosaurio, un Geek Gamer Ubuntero y un Loco. El único problema es cuando esas cuatro no bastan para describirme."
(www.cronicasdeundios.blogspot.com)

Linux usuario #475833

Muy chiva el concurso, hubo bastante participación. Ojalá este sea el primero de muchos por venir Si .

5 pts: Los indios siempre tienen la razón (levitgrl)
3 pts: Carlos y el cacique enjaulado (luisesteban)
1 punto: Sombra (Drizzt)

Bueno ya termine de leer...la parte de juzgar se puede volver extensa...

Mis votos van para

5pts xvarria
3pts tequieroverde
1pto school97

xvarria: muy bueno, la linea de pesadilla y lucidez es totalmente abstracta

tequieroverde: la narrativa soberbia

school97: ¿pesadilla o real? eso aumenta el nivel del cuento...

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5 - school97
3 - Pala
1 - luisesteban

Realmente fue difícil decidirme porque el Xvarria también me pareció muy bueno!

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La vida es un cachito...

5 pts -> Xvarria
3 pts -> school97
1 pt -> s1ne

Muy tuanis todos!
(y debo confesar que me costo muchisimo decidir entre el primer y segundo lugar, rajado que sí...!)

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"Yeah, though I walk in the valley of shadows, I fear no evil, cuz I'm the meanest son-of-a-bitch in the valley."


"¡Si, si existe dios, es una trinidad, y se llama RUSH!"

5 puntos: school 97 "Antirreflejo"
3 puntos: luisesteban "Carlos y el cacique enjaulado"
1 punto: tequieroverde "El camastro flotante"

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