A modo de cierre

27 Diciembre 2009 - 9:18am

Acabamos con esta columna un ciclo iniciado en enero pasado y que nos ha permitido por esos azares del calendario completar trece entregas, número que dependiendo de donde nos ubiquemos, podemos interpretar como desgracia o como buen augurio. Personalmente, prefiero verlo como lo segundo, ligado a la plenitud y al Arcano de la Muerte, el que involucra lo que se acaba para dar paso a lo nuevo por venir.

Durante este tiempo, nos hemos dado el gusto de hablar de cuanto se nos haya ocurrido, pasando por héroes nacionales, poetas de la revolución o la nostalgia de un San José perdido… al mismo tiempo, vimos como 89db se ganaba un espacio entre los cien sitios más visitados del internet criollo y lograba ser declarado de interés cultural.

Lo primero gracias a la perseverancia del hombre y del hombre en su empeño por mantener esta revista y consolidar una comunidad virtual; lo segundo gracias a la perseverancia del hombre y del hombre en su empeño por lidiar con la burocracia estatal, demostrarle lo evidente y jugar con el ritmo propio de aquélla; ritmo que nos recuerda que, efectivamente, la percepción del tiempo es una construcción subjetiva y que por lo tanto, en algunas oficinas transcurre más despacio que entre los mortales que no somos (¿servidores?) del sector público.

Indudablemente, ha sido entonces un año de paciencia, crecimiento y logros.

Particularmente, nos ha correspondido asumir en reto que hace un año no esperábamos. Efectivamente, recibir aquel mensaje privado de Diego que dio inicio a esta aventura fue una completa sorpresa, sobretodo considerando que no nos conocíamos (ni nos conocemos personalmente hasta esta fecha), que mi tiempo de andar por estos lares era reducido y que no necesariamente los temas del foro por donde más me dejo ver son aquellos que dan mayor sentido comunitario a este sitio.

En casos como este, la existencia de algún cómplice que termine de ubicarlo a uno (o embarcarlo) en el nuevo proyecto es básica, y afortunadamente conté con ese cómplice y con la buena fe de Diego, quien hasta la fecha sigue soportando altivamente la llegada de un texto para que aparezca cada cuatro lunes.

Tras trece columnas, el proceso de escritura pensando en un público de internet se ha depurado y es quizás esta mi moraleja particular, pues la academia, principalmente para los que chancleteamos por ella básicamente en la primera mitad de los noventa, no nos ha enseñado a leer ni a escribir estos textos.

Así, aprender a pensar en un texto

• donde la imagen inicial sea tanto o más importante que el primer párrafo, y las insertas suficientemente claras para apoyar ideas principales;

• donde el “teaser break” deba ser lo suficientemente pensado como para atraer un “clik”;

• donde la capacidad de síntesis nos permita ser concretos para decir en pocas palabras lo que la academia pide en varias páginas;

• donde el hipervínculo nos permita poner a disposición del lector la información adicional (no necesariamente accesoria) que consideremos apropiada dejando un texto más “limpio” pero no por ello más “vacío”;

• donde la inserción de videos nos recuerde que cada vez más jugamos a una lectura que involucra una mayor cantidad de códigos;

• donde los tiempos multimedia y 2.0 nos recuerden que la interacción escritor-texto-lector debe necesariamente ser creciente;

• donde la abundancia de sitios e información en la red nos obligue a repensarnos constantemente para tratar de no ser obvios, repetitivos o lugar comunes;

es quizás mi mayor ganancia en este año decibelero.

Con ello no quiero decir que uno lo haga bien, como sí se dejó decir cierto vecino columnero a quien no agradecí en su momento pero lo hago ahora; sino que al menos el intento se hace y que para una generación como la mía, que no creció con computadora en la casa y cuyo primer acercamiento a un procesador de texto fue en modo dos y con disquetes de cinco y cuarto, la inserción en esta dinámica aporta un gran valor agregado a los diversos ámbitos de trabajo, pues nos permite pensar siempre en un más allá.

Tras trece columnas, algunas muy comentadas, otras muy inadvertidas; y en este cierre de año, no nos queda más que reiterar el agradecimiento a todos los que corresponde: los sostenedores de este sitio, los cómplices virtuales, los lectores asiduos y ocasionales, los críticos, los que pasan de largo y todos aquellos que entran en la categoría innominada de ser los recordados siempre en estos protocolos no escritos con el fin de obviar las flaquezas de la memoria.

Completamos un ciclo hoy y nos despedimos de este espacio con grandes satisfacciones.

Cerramos con uno de esos casos donde la canción creció mucho más que el cantante, quien se inmortaliza en su interpretación pero al costo de guardar un cierto anonimato de nombre casi olvidado aún cuando todavía en sus ochenta y resto años anda por ahí cantando.

¡Gracias!


Moraleja

Las fechas del calendario
Deben estar muy presentes,
Si creyó que esto acababa:
Pasó usted por inocente.

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y lo sigo pensando.

gracias a usted por el turno extra de clases que nos regala cada lunes, es valiosísima la cantidad y calidad de información que deja en este espacio.

y gracias a LOS HOMBRES, también.

Hasta hoy leo esto.
Se agradece la inclusión!

Feliz año.

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