Muerte a Dodongo
Si me preguntan ahora no sabría decir quién tuvo uno primero. Sí estoy seguro que Randall, mi hermano-primo, fue el único poseedor de un Atari cuando éramos niños; recuerdo tardes enteras consumidas frente al televisor de su casa, imaginando historias fantásticas en los cubos abstractos y sonidos rudimentarios de la humilde consola.
Tan limitado era el Atari que sus juegos no tenían lugar para una trama, así que las fértiles mentes de un par de chamacos guanacastecos se encargaban de asignarle al cuadro blanco sobre rectángulo azul el papel de héroe, que con fervor defendía su planeta de los invasores/cuadros rojos que se descolgaban del límite superior del enorme CRT.
Empiezo de nuevo. El primer Nintendo no sé de quién fue, aunque siendo honesto, para esta historia tal detalle no es de mayor relevancia. Importa sí que The Legend of Zelda, la primera iteración de la ahora famosa serie de videojuegos, nos fue prestada durante un verano por un amigo mutuo. Recién iniciados en las maravillas de los ocho bits, aquel juego nos pareció algo majestuoso en cuanto lo probamos después de no pocas sopladas al cartucho, por supuesto. Quien haya tenido una consola de aquellas en su infancia sabrá comprobar que la saliva es un admirable conductor de la electricidad.
Tan grande era Zelda (acortado por cariño) que incluso tenía una historia; la más trillada de todas, pero historia al fin. Tan grande era Zelda que no nos lo imaginábamos: durante días caminamos el enorme mapa con una meta clara, pero sin idea de lo que hacíamos ni hacia dónde dirigirnos. La ignorancia será un pecado involuntario, pero no por ello libre de penitencia. Alighieri ilustra con pavoroso detalle tal desgracia.
Justo cuando la frustración estaba a punto de vencer la voluntad del par de carajillos que éramos, aparece Club Nintendo, aquel insigne faro mexicano de conocimento gamer (¿se recuerdan de Axy y Spot, sus geniales columnistas?). Y digo "aparece" porque yo nunca antes la había visto en los anaqueles de la única y rural librería (Avancari es su nombre, aún existe) a la que tenía acceso. Si el característico logo de la "gran N" era ya razón suficiente para justificar mi compra, imaginen la sorpresa al leer que en tal edición estaba encerrada una muy completa guía para The Legend of Zelda. Las posibilidades de supervivencia de nuestra princesa personal se multiplicaron prodigiosamente ese día.
Literalmente armados con conocimiento, Randall y yo, alternando roles de guía y jugador, recorrimos aquel prehistórico Hyrule durante unas bellas vacaciones. Conocimos hadas y viejos escondidos en cuevas, buscamos piezas de corazones, descubrimos laberintos con fieros monstruos guardando fragmentos de un tesoro milenario. Les dimos muerte.
Primos somos por nacimiento, estábamos condenados a ser amigos, pero aquellas tardes celebrando nuestras infantiles victorias sobre los ingenios de algún grupo de japoneses al otro lado del mundo nos hizo un equipo. El mapa lleno de notas, arrugado y manchado, lo perdimos hace mucho; de tenerlo ahora, dos décadas después de la hazaña, no dudaría en enmarcarlo.
Tengo muy pocos recuerdos claros de mi infancia, tanto que a veces me preocupa mi mala memoria. Pero si una imagen tengo clara, grabada acaso, es a mi primo saltando de emoción a mi lado la tarde que derrotamos a Ganon. El día en que dos carajillos rescataron a la princesa de una historia que no habían inventado ellos.
Veinte años han pasado desde eso. Mi primo tiene incluso su propia familia; yo no, y los únicos laberintos que recorremos ahora son los de la vida "adulta", tan llenos de monstruos y obstáculos como los del Nintendo. Y me gusta imaginar de vez en cuando: si aquellos niños que éramos pudieran viajar a este futuro, nuestro presente, ¿qué dirían del estado actual de los videojuegos? Quedarían maravillados, no lo dudo.
Pero aún más importante, temible incluso, ¿qué pensarían esos niños de nosotros, los hombres en que se convirtieron? 
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Yo tengo una buena colección de revistas Club Nintendo en alguna caja debajo de mi cama.
Y nunca tuve un Nintendo.
Estoy seguro que puedo ganar Donkey Kong 64 sin nunca haberlo jugado.
Probablemente si las re-leo también me la podría jugar con THE OCARINA OF TIME, que era como el mejor juego de la historia en aquel tiempo.
Aún leyendo esas revistas, prefería gastar mi tiempo jugando WWF Attitude y Fifa noventayblah en la PlayStation.
Esta es la columna de "Juego de Hombres" que más me ha gustado como desde julio. Feliz año nuevo.
Esto me recordó demasiado a unas vacaciones del '99 si no me equivoco. En que yo y mi primo hicimos exactamente lo mismo (pero con The Ocarina of Time, el juego que para mí siempre será el mejor que haya existido) Era lo más emocionante que podía pasarnos, el conocer todo Hyrule, todas las aventuras, uno se metía en el juego y se convertía en Link. Todos los días (o virtualmente todos los días) jugabamos y jugabamos hasta ganarlo. Frustración y alegría y luego la satisfacción absoluta de lograr la victoria.
Excelente.
Me gustó demasiado esa pregunta final! Acabás de plantearme la pregunta más importante que me puedo hacer este último puto día del año.
Gracias!
Me gusto demasiado lo que escribió me recordó una parte de mi infancia que hacía mucho rato no pasaba por mi mente, yo personalmente le guardo mucho cariño a las versiones clásicas de los juegos de Nintendo apenas me entere que existía emuladores hice lo humanamente posible por tenerlos en mi Pentium 3, también utilice la club Nintendo para pasar varios juegos específicamente Castelvania y Super Metroid.
Cuando me acuerdo de todo esas varas, pasar juegos sin ayuda de internet, lo tuanis que era ser un chamaco en esos tiempos donde todo era más relax y no había tanta malicia como ahora.
Jaja la nostalgia, me acuerdo pasar dias con mi vecino jugando Zelda, en nuestro caso por nuestra edad el que nos introdujo al mundo de Hyrule fue el Ocarina Of Time (mi juego favorito) y recuerdo pasar como 6 meses pasandolo (teniamos 8 años y digamos que no eramos extremadamente buenos). Uno de los recuedos que mas aprecio de mi infancia se dio alrededor de este excelente juego. Nada como matar a Dodongo por primera vez.
Fantástico Chlo, acá te dejo un regalito de año nuevo:
Acá la serie completa
besos
qué maravilla, no conocía tal joya.
gracias 98, toma tu galleta.
Muy buena la reseña.
Como a los 6 años mi padre trajo un atari...no se como lo consiguió, seguro era usado porque no duro ni 15 días...
Años mas tarde nos compro un nintendo, un día de estos recordaba con mi hermano que el fue el primero en llegar al castillo de bowser en mario 3, y que hasta se espero que yo llegara de la escuela para entrar...jaja
Y él y yo pasábamos horas jugando Mega Man y compitiendo por ver quién era el mejor.
Exc columna. Grandes memorias
Yo tengo una buena colección de revistas Club Nintendo en alguna caja debajo de mi cama.
Y nunca tuve un Nintendo.
Story of my life.
Empecé a comprar esas revistas a los 10 años y hasta finales de 7mo fue que dejé el vicio, nunca he tenido una consola en mi vida más que el infame PolyStation.
Me gustó su columna Chalo, el final me mató.
Que nostalgia. Yo tengo como 100 revistas de Club Nintendo. Axy y Spot eran como lo mejor, uno deseaba ser como ellos.
Tengo recuerdos muy pero muy bonitos de los juegos clásicos de Nintendo y Super Nintendo.
Me acuerdo de Mario 3, es demasiado buen juego. Recuerdo que lo compre por error digamos, iba dispuesto a comprar las Tortugas Ninja 3 "The Manhattan Project" (http://www.youtube.com/watch?v=8YIOpN_waTA), con los ahorillos que tenía, pero no estaba en la tienda, y me compre Mario 3. No me arrepiento en lo más mínimo.
También recuerdo un juego llamado Kabuki: Quantum Fighter (http://www.youtube.com/watch?v=c3RMKE8JeqU) de la NES, nos lo dio a un amigo y a mi una compañera de la escuela a la que le habíamos prestado un cassette y lo perdió, entonces nos dio ese por haberlo extraviado. Buenísimo también, demasiado difícil el juego.
El Super NES también fue algo rajado para mi. Nunca lo tuve, entonces siempre tenía que buscar compas o ir a donde mi primillo para darle. Mortal Kombat 2, demasiado bueno, Super Mario All Stars, Secret of Mana, Final Fantasy 3, en fin.
Yo siento que los videojuegos han perdido la magia de antaño, antes era tanta la emoción por jugar, o cuando uno iba a comprar un cassette nuevo, era algo indescriptible. Ahora todo se consigue muy fácil, no es el reto de antes que había que sudarla y esforzarse por conseguir los jueguillos.
No se si uno por hacerse más rocko lo ve más sin gracia o que será.
Genial, lástima que no le puedo tirar karma.
A pesar de ser de los de la generación que creció con el 64, siempre he tenido una gran afición por los juegos más viejitos.
Muy buena columna, en serio.