Por la gorra entera: ¡Dave Grohl es un grande!
Muchachos, sé que no es necesario recordárselos, pero de todas formas no está de más. Este mortal ya ha encarnado el diablo y además se ha aliado con Dios (Lemmy), convenció a un ex Led Zeppelin de formar una banda con él, de vez en cuando toca batería en presentaciones de Paul McCartney y además se despegó sin problemas de la sombra del pasado. (Algo que ni siquiera Luke Skywalker ha logrado).
Desde que comenzó la campaña de expectativa para la salida del álbum en cuestión, los Foo Fighters nos han tenido como los ratoncillos del flautista de Hamelín, o como seres semovientes que caminan boquiabiertos hasta la boca de la bestia.
La bestia está suelta y se llama Wasting Light. Ya nos había tentado anteriormente con un par de extractos de sus melodías, nos había ofrecido dos videoclips y hace poco nos invitó al pecado para escuchar el disco en stream antes de su lanzamiento físico. ¿Qué más querían? ¿Cómo no caer en las garras de tan llamativa invitación? Me confieso acá como nunca lo he hecho ante un representante eclesiástico: caí en todas y cada una de las tentaciones antes mencionadas y no me arrepiento. Seré un avaro, pero además quiero tener el álbum en mi mesa de noche.
Hay que ser insensible o tener los audífonos malos para no querer brincar con "Bridge Burning" o con la ya conocida "White Limo". ¿Le gusta hacer air guitar? Bienvenido al paraíso. Tal vez en mi criterio pese mucho la emoción de momento, pero ¡qué caray!, disco que no me transmite mucho, disco que dejo pasar por alto. Y este no es el caso.
A estas alturas de la historia debemos tener algo claro: a lo largo de su trayectoria los Foo Fighters nos han recetado dos facetas muy marcadas: una de ellas es acústica, dulce, suave y melancólica, mientras que la otra es cruda, enérgica, furiosa y aplastante. Este disco pertenece a la segunda familia. Acá, inclusive, nos acordaremos por inercia del Probot que Dave procreó en el 2004, cuando le demostró al mundo lo bien que puede hacer metal. Ahora se repite la cuota con canciones como "White Limo".
Si tenemos que hablar de innovación, tal vez este no sea el mejor referente, pero no busca serlo. Sin haberse tomado demasiado en serio, el conjunto-emblema estadounidense ha sabido mantenerse actual y presente sin tener que cambiar su propuesta, sin tener que enrumbarse por caminos oscuros y sin tener que llamar la atención con algo más que lo suyo: el buen rock.
Es hasta la quinta pieza del álbum, "Arlandia", que recordarmos la faceta más suave de Grohl y compañía. La canción pudo haber cabido en el álbum In Your Honor (2005) y ser un gran sencillo; dentro de este mismo álbum de seguro podría cumplir la misma suerte. Las guitarras son protagonistas, pero más aún la melodía vocal del buen Dave, pero recordemos que la banda es un quinteto y que cada quien está dentro porque sus huevos, ehm, sus agallas dan para una banda de este calibre.
Taylor Hawkins no deja de sorprender en la batería, pero ahora es evidente cómo Chris Shiflett, Nate Mendel y el experimentado Pat Smear (que regresó para este álbum) tienen papeles más claros y preponderantes en la agrupación. Quizá es ahí cuando llegamos a otro de los grandes puntos de este trabajo: la cohesión.
El Wasting Light tiene un sonido muy bien amalgamado entre sus once canciones. No hay consideraciones ni paradas antes de empezar a arrearle a los tarros y encender las distorsiones. Lo digo sin miedo –y abierto a la crítica–, este es el mejor álbum de Foo Fighters, por lo menos de los útimos catorce años.
Volviendo a las piezas: "Miss the Misery" es perfecta para cerrar un show extenso; es inspiradora, potente y desgarradora. "I Should Have Known" es la “balada” corta venas, y si la entrecomilo es porque no es exactamente una "More Than Words" en su forma e intención; esta tiene el alma del despecho que canta “No, I cannot forgive you yet / To leave my heart intact / I should've known”. La pieza, además, es especial por sí sola al contar con Kris Novoselic como bajista y acordeonista invitado —lo más cercano que ha habido a una reunión de Nirvana.
El álbum cierra con "Walk", que comienza un poco floja hasta que llega al coro a los pocos segundos (¡vaya coro!). La pieza tiene los tintes aptos para Them Crooked Vultures pero no en vano fue incluida en este trabajo y no en otro proyecto de Grohl, criatura de tres cabezas. El disco ha concluido y lejos de entristecer por el final quiero escucharlo de nuevo; no podría inventarme una excusa para decir que algo le hace falta. No pido nada más, y no creo poder hacerlo; así es, le doy un 10.
Mi última intervención: si conoce a alguien que insista en que solo en los sesentas y setentas se hacían buenos discos de rock enséñele este trábajo... y luego dele la espalda.
La versión física del álbum saldrá a la venta el próximo 12 de abril, pero además podemos esperar el documental Back & Forth, que hace un repaso del ayer y hoy de la banda.











Yo creo que FF, empieza a hacerse un nombre muy fuerte en la historia del rock! y lo mejor que lo hacen por su música y no por controversias o varas extra-music!
Grande Dave
























