If I had a dime for every single time that you've let me down, I would be filthy rich by now.
No sé por donde comenzar. Por regla de oro no escribo reseñas de rock nacional. Nunca. Todos y cada uno de los músicos que he conocido están convencidos de todos o alguno de los siguientes puntos: a) su disco es repichudísimo, punto. b) el que no sabe de música no tiene derecho a opinar c) toda crítica es destructiva d) si no dice que está buenísimo no apoya, es un mordido, y por manos tiene serruchos. Es así de sencillo, y por ende, no vale la pena ni intentarlo. Si por el solo hecho de otorgarle un 5 al último disco de Bunbury mi correo electrónico se llenó de odio, no quiero imaginarme la que se armaría si opino sobre un trabajo costarricense, mínimo me sabotean la moto. Paja no voy a hablar, y lo saben, para eso tienen a los compas. Así las cosas, mejor recurrir al pabellón nacional: calladito más bonito.
Pasa que desde mi primer chivo aprendí la regla de oro del rock nacional: ¿Y qué mae que le pareció? "Mae, en todas, suena bien". De que tanto creo que esto está ligado a la mediocridad que reina en la música y en otra manifestaciones artísticas criollas podría hablar horas. Pero este espacio es de Passenger. De ellos es que voy a hablarles largo y tendido, porque tengo que hacerlo. Por eso escribo esta reseña, porque toda regla tiene su excepción, y no puedo dejar que este disco pase desapercibido en titulares solo porque la banda no es conocida o porque su género no es necesariamente comercial dentro de estas fronteras.
Me emputa nuestra realidad. Me emputa que la escena sea un mutante recargado de partes disfuncionales que aislan y asfixian aquellos esfuerzos realmente brillantes y diferentes. Me emputa que los conciertos sean como partidos de segunda división, donde solo va la familia. Me emputa la apatía de las nuevas generaciones y la dependencia del sonido pop genérico importado para poder sonar en la radio. Me emputa el estado mediocre de las ondas radiales y de las señales televisivas del país. Me emputa la argolla, me emputan los dinosaurios, me emputan las poses.
Joder, cuanta furia, dice usted. La hay. "What do you want from us?" me pregunta entonces el Pana (cantante). Quiero, a modo de cambio, un disco que me sacuda y me sorprenda, y, ¿por qué no?, que me permite sacar todo ese enojo. "This is no fucking fairy tale it's a mess". Él mismo complementa gritando el pensamiento que tengo en la cabeza: "PeEEEEEEErfect!"
Aclaro, es probable que existan otros trabajos patrios similares, que demuestran que la cosa, aunque a lo callado, camina, pero este fue el que llegó a mí. De Passenger vengo escuchando hace rato, por motivos más que todo simpáticos. "¿Gritos?, paso", sentencié desde entonces, evocando en mi cabeza una infinita cantidad de cantantes ticos responsables de la pérdida del 20% de mi capacidad auditiva y el 30% de mis neuronas. Así las cosas, nada tuvo que ver el hecho de que en efecto, conozco al pana, y lo aprecio. Ni él me pasó el disco, ni yo mostré nunca interés alguno en escucharlo.
El responsable más bien es Sibbujju, quien escribió en nuestra actual portada que Passenger forma (junto a PEEE, Malpais, Calacas Blues, y otros) parte de los grupos que están para exportar. Tengo clarísimo que el personaje en cuestión sabe mucho más que yo de rock nacional, así que su comentario me intrigó y me llevó al tema de la banda, de donde brinqué al disco.
Disclaimer de lado, retomemos la obra, no sin antes dejar bien subrayada una última aclaración: si usted es de los que tiene problemas con la música nacional en inglés, haga el favor y viaje. No sé quien inventó que toda banda tica tiene que sonar a Los Fabulosos Cadillacs, A.N.I.M.A.L. o Azul Violeta. La música no tiene idioma, así que si Sepultura quiere cantar en inglés y Sigur Ros quiere inventar una lengua propia: adelante. Cada quien se expresa como lo desee. Passenger lo hace en inglés, fin.
No recuerdo cuando fue la última vez que agarré un disco, me detuve en la primera canción y con los ojos abiertos de par en par solté un "hijodelagranputa". Así, sin pausas. De verdad, no lo recuerdo. Pocas sensaciones son tan gratas como la que deja un tema que termina y uno quiere repetir de inmediato. La segunda canción podría ser la Sinfonía n.º 5 en do menor que a uno no le importa. La necesidad de repetir la dosis del bautizo es voraz. ¡¡Se volvió loco el flaco!!
El sonido extremadamente tallado y pulido de la banda en Fait Accompli acompaña un grito introductorio que invita a despejar la oficina a patadas. ¿Recuerdan la cara de Edward Norton cuando llega a trabajar después de una noche de peleitas en Fight Club? Es curiosa la escena, que justo corta en el clip tras el: the person who wrote that... is dangerous. And this button-down, Oxford-cloth psycho might just... snap.
Passenger es eso. El momento exacto del punto de quiebra, del brinco, de la inyección instantánea de energía cuando parecía que el cuerpo ya no daba para más. Ese golpe de adrenalina que sacude el cerebro y arranca hasta la última reserva de sangre oxigenada de las cuatro venas pulmonares. Ese necesario despertar del peligroso estupor de la rutina.
Fait Accompli entra como la mejor carta de presentación (completita, el video adjunto la mutila sin piedad) del grupo. No solo sabe gritar el Pana, sino que su voz es dulce, colorida, y bella. El contraste entre los gritos y la cantada es impresionante y pone de manifiesto que Alejandro Pacheco es uno de los pocos vocalistas del país que realmente sabe cantar. Para nuestro beneplácito el tipo se supo acompañar: Andrés Moraga, Gregorio Rojas y José Alberto Vargas están absolutamente sincronizados y son quienes dan forma a la bestia con el sonido demoledor que escupen bajo guitarra y batería respectivamente.
Está claro además que tanto Marcos Monnerat (ingenieron en producción, mezcla) como Esteban Rojas (masterización) disparan su cotización día con día. El sonido de este disco es excepcional, está a la altura de cualquier trabajo foráneo, y definitivamente es responsable directo del éxito de Get Off the Rails!
Después de unas 10 vueltas de Fait Accompli mi usual dosis de incredulidad y pesimismo me llevaron a pensar "joder, ¿y si es la única?". Por supuesto que no lo es. Los seis temas están a nivel, elegidos con inteligencia, sin campo para filler, sin espacio para desentonar o aburrir, y dejando siempre un margen abierto para encajar otro golpe.
Shadowstar, por ejemplo (última en lista), es otro temazo. El festival de voces roza lo sublime en el puente, donde pasa de una brillante armonía (¡lástima tan bajas!), a la voz limpia del Pana por el flanco derecho a el grito mortal en stereo. La segunda vuelta repite y sorprende al dejar todo en manos de la aplanadora decepticon que es la batería. Luego la pausa, y de nuevo catársis y locura. La lluvia de golpes es letal: manténganse alejado del alcance de los niños.
¿Cómo puede sonar todo esto tan melódico? Escúpanme, pero esto lo hace Strung Out y 2000 almas llenan el bar de moda gritando cada línea. Es obvio, a todas luces, que Sibbujju habla con propiedad: Passenger está para exportar.
Es cierto que he disecado solo dos temas, y que queda mucho por decir, pero ya esta reseña ha pecado no solo de extensa, sino de inusual, además, usted merece descubrir el resto a solas.
Es evidente que estoy entusiasmado, y no hay cómo no estarlo. Aquel saco de ladrillos que cargaba en forma de úlcera estomacal lo fui vomitando de a poco mientras sacudía mi cabeza con los ojos cerrados y la sonrisa estúpida de oreja a oreja. Passenger no me sacó de los rieles, me pasó con el tren por encima.
Get Off the Rails! salió a la venta en marzo. En setiembre, Passenger lo regaló en formato digital.


























