Cuatro años pasaron desde que salió Paradise Lost en junio de 2007. Entonces, a mediados del 2011, esta banda estadounidense de metal progresivo regresó con Iconoclast: un potente, fresco y bien logrado álbum doble en el que se nota la intención de seguir explorando esos sonidos más oscuros que venían caracterizando sus producciones desde The Odyssey en 2003.
Es necesario aclarar el concepto bajo el que fue concebido Iconoclast: Según Russell Allen, vocalista de la banda, el disco está basado en “la idea de que las máquinas lo dominen todo, y toda la tecnología presente en nuestra sociedad se vuelva nuestra perdición”. Además, es clara la influencia que obtuvo el guitarrista Michael Romeo de las películas de ciencia ficción como The Matrix y Terminator, la cual se refleja no solo en su música y lírica, sino también en la portada del álbum.
En total esta producción consta de doce canciones, dividida en dos discos: siete temas en el primero y cinco en el segundo, sumando un total de 82 minutos de reproducción. No es de extrañarse que Symphony X se tome tan en serio el término “larga duración”, puesto que ya hemos disfrutado de obras tales como The Divine Wings of Tragedy y The New Mythology Suite, que cuentan con una duración mayor a los 60 minutos.
El sonido de este disco en general es más pesado, oscuro, directo, cargado y crudo que en los anteriores, incluyendo hasta uno que otro canto gregoriano por ahí. Por otra parte, podemos encontrar también ritmos sincopados y métricas impares típicas del metal progresivo de Symphony X; por ejemplo en la intro de “Iconoclast”, la sección a la mitad de “The End of Innocence” y la última parte de “Prometheus (I am Alive)”.
Un detalle importante y digno de destacar es que varias canciones en el álbum están especialmente pensadas para ser tocadas en vivo. Un ejemplo de esto es “Bastards of the Machine”; da escalofríos imaginarse cómo se escucharía esta canción después del minuto 2:25. Efecto similar pueden conseguir “Children of a Faceless God” y “Electric Messiah” por su enganche, sus geniales melodías de estribillo y la gran energía que transmiten.
La voz de Russell Allen en este álbum es perfecta; nos muestra canción tras canción por qué es uno de los mejores vocalistas de metal hoy en día. El registro y la versatilidad que posee son increíbles, y en Iconoclast saca a relucir esas cualidades como el titán que es: desde sus graves y rasposos, cuasi guturales versos en “Dehumanized” hasta su voz limpia, clara, cristalina y de registros altos de “When All is Lost” y la segunda mitad de “Reign in Madness”.
Michael Romeo sabe bien cómo dejar su huella en cada riff y cada acorde. El sonido y estilo tan particular que ha desarrollado Symphony X sigue intacto a pesar del carácter oscuro alcanzado en estos últimos discos. El tono de la distorsión está en el punto exacto del peso que debe tener sin ensuciar el resto de la mezcla y dar ese sonido crocante y punzante que se aprecia al escuchar el álbum. Los solos de Romeo son excelentes; cada uno de ellos tiene algo que le vuela la mente a cualquiera. El mejor ejemplo de esto es el solo de “Heretic”, tal vez uno de los mejores que haya compuesto.
El tecladista Michael Pinella se encarga de darle un sabor especial a las atmósferas que se escuchan en Iconoclast: esos ambientes caóticos, leads con carácter futurista, solos elaborados y virtuosos que ponen la piel de gallina. ¡Genial trabajo, sin duda alguna! Jason Rullo y Michael Lepond (batería y bajo, respectivamente) ofrecen una base rítmica sólida, marcada, pesada, afilada, tallada… son una piedra angular en este disco, sobre todo palpable en la poderosa “Electric Messiah”, la potente “Light Up the Night” y el épico cierre “Reign in Madness”.
Resumiría Iconoclast a grandes rasgos en dos extremos: “The Lords of Chaos” y “When All is Lost”. La primera representa la potencia, los estribillos melodiosos y la oscuridad que abarca todo el disco; sin embargo es la canción más floja por su estructura simple, quedando por debajo de lo que Symphony X puede entregar como banda. Por otro lado, “When All Is Lost” es una canción excelente, más tranquila, con melodías de voz hermosas, ritmos de corte progresivo desde el inicio de la canción, estructuras más complejas y secciones instrumentales de alta categoría que nos recuerdan a The Odyssey y a The New Mythology Suite. Si sumamos esos dos extremos obtenemos por resultado el Iconoclast: oscuridad, genialidad, metal progresivo, peso y agresividad; pero no libre de desperfectos.
Seamos claros: Iconoclast no llega al nivel de las obras maestras de Symphony X (New Mythology, Twilight in Olympus, Divine Wings), pero eso no quita que sea una producción de altísima calidad con puntos altos como “The End of Innocence”, “Heretic”, “When All is Lost”, “Electric Messiah”, y “Reign in Madness”. Es un álbum que hay que escuchar muchas veces, puesto que está cargado de detalles que se notan en cada escucha y mejora en varios aspectos respecto al Paradise Lost. Es una pieza discográfica digna de escuchar, admirar y disfrutar.










