Primero lo primero. Hay que dejar claro que Pink Floyd NO es una banda intocable y el hecho de que alguien se atreva a hacer un cover de ellos o grabar un disco entero de su música no es una blasfemia mientras ofrezca un resultado de buena calidad y de buen gusto. Desafortunadamente mucha gente piensa que no es así y que tocar a Pink Floyd es peor que tocarles a la mamá. Se equivocan. Aclarado este punto, procedemos con la reseña.
Los Flaming Lips sacudieron las noticias de la industria musical cuando anunciaron un proyecto tan ambicioso como los pueda haber, nada menos que lanzar al mercado su propia versión del Dark Side of the Moon. El riesgo era grande y la presión también, no es para menos, hay que tenerlas bien puestas para medirse a tal reto. Rehacer un disco tan increíble y de tanta fama puede tanto colocar al grupo en un pedestal como destruir su carrera en un dos por tres. Era una movida riesgosa, y los Lips lo sabían.
Después de 2 días de prácticamente no oír nada más me siento en la capacidad de escribir con propiedad sobre este atrevido experimento. Para empezar es importante recalcar que este no es un disco para los amantes de Gilmour, así que todo aquel fan freak de David Gilmour puede parar de leer aquí. ¿Siguen los demás conmigo? ¿Sí? Bien, procedemos.
Algo que realmente asombra y fascina de esta producción es que de una manera muy inteligente los recreadores se agarraron de la parte psicodélica de Pink Floyd y dejaron de lado la virtuosa. Claro, al ser ellos una banda sumamente psicodélica tanto en sus discos como en sus presentaciones en vivo esto les permitió poder jugar más con sus propias locuras y arreglos.
Con sabiduría y talento los muchachos lograron tomar algunas canciones como Breathe y crear prácticamente un tema nuevo, completamente diferente al original. El sello innovador también se encuentra -por ejemplo- al inicio de Time donde los Lips se dan gusto utilizando sonidos más modernos para recrear la icónica introducción. Otro momento destacable es al entrar la voz ya que el cambio es totalmente inesperado pero muy agradecido.
The Great Gig in The Sky y Money nos traen más de ese sello psicodélico referido. Los temas -aunque sufren de ciertas modificaciones- mantienen las bases de sus versiones originales pero reciben a bien las nuevas ideas que se les agregaron. Vale rescatar la increíble labor en las vocales de Peaches en The Great Gig in The Sky.
Us and Them quedó bella; de toda las recreaciones es mi favorita. Lograr tomar una canción tan conmovedora y hacerla aún más dulce es digno de aplauso. La primera vuelta no es fácil, uno quiere y necesita que entre la guitarra y la batería; sin embargo, en el segundo round, cuando uno se permite entender el concepto de los Flaming Lips no hay cómo no quedar encantando y conmovido con su versión.
Las últimas 3 canciones sencillamente terminan de amarrar y de definir la idea que se le quiso dar a esta versión de tan maravilloso y proclamado disco: ¡Psicodelia ante todo! Y es que aunque la versión de algunas canciones es totalmente diferente, siempre se rescatan elementos claves que hacen que uno logre reconocer cada momento de la canción.
No se puede dejar de mencionar la sabia incorporación de Henry Rollins para los diálogos, sumamente acertada. Su voz le aporta mucha frescura a la parte hablada.
Como conclusión, un atrevido pero exitoso experimento a cargo del señor Wayne Coyne que queda sumamente recomendado para todas aquellas personas de mente abierta.






















